Alertan que la deforestación en Amazonia impulsa más enfermedades

Deforestación y salud: una amenaza silenciosa en la Amazonia

Deforestación en la Amazonia brasileña vinculada a enfermedades tropicales

NewsITe

La acelerada deforestación de la Amazonia brasileña no solo impacta en el clima global y en la biodiversidad: también está modificando el mapa de las enfermedades infecciosas en la región. Un equipo de científicos de Brasil advirtió que la pérdida de selva incrementa el riesgo de transmisión de la leishmaniasis y del mal de Chagas, dos patologías endémicas de América Latina con fuerte impacto sanitario.

El estudio, desarrollado en el estado de Acre, en el norte amazónico, fue liderado por el biólogo Gabriel Laporta, de la Universidad Federal del ABC, y sus resultados fueron difundidos en las revistas científicas Parasites & Vectors y PLOS One. Las conclusiones avanzan sobre una preocupación creciente: cómo la transformación del ambiente, impulsada por la expansión agrícola, ganadera y la tala ilegal, altera el comportamiento de los insectos vectores.

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Los investigadores detectaron que las zonas deforestadas desde hace más tiempo presentan una mayor abundancia de flebótomos, pequeños insectos que transmiten la leishmaniasis. En estos escenarios, explican, la dinámica de transmisión está más vinculada al momento histórico en que se produjo el desmonte y a la forma en que se ocuparon esos territorios que a la cantidad de cobertura forestal que aún se conserva.

En paralelo, el trabajo sobre mal de Chagas reveló que, en paisajes con menor presencia de bosque, aumenta la probabilidad de encontrar chinches triatominas infectadas con el parásito Trypanosoma cruzi, causante de la enfermedad. Un dato clave es que, según el equipo, no es necesario que estos insectos colonicen las viviendas humanas para que el riesgo se incremente.

Cómo cambia el riesgo de contagio con la pérdida de bosque

Los especialistas observaron que la deforestación modifica la distancia entre las palmeras —hábitat natural de muchos vectores— y las casas. En paisajes muy degradados, cuanto menor es esa distancia, mayor es la probabilidad de encontrar insectos infectados en las cercanías de las viviendas. En otras palabras, el avance sobre la selva acorta la brecha entre los ambientes silvestres y las comunidades humanas.

Este hallazgo se suma a una serie de investigaciones que relacionan la destrucción de ecosistemas con la emergencia y reemergencia de enfermedades. La Amazonia, considerada uno de los principales reservorios de biodiversidad del planeta, funciona también como una especie de “barrera sanitaria” natural. Cuando esa barrera se rompe, los patógenos encuentran nuevas oportunidades para circular.

  • En zonas deforestadas desde hace más tiempo se detecta mayor presencia de flebótomos, vectores de leishmaniasis.
  • En paisajes con poca cobertura forestal crece la frecuencia de triatominos infectados con el parásito del mal de Chagas.
  • La reducción de la distancia entre palmeras y viviendas favorece el contacto entre personas y vectores.

“La forma en que ocupamos y transformamos el territorio influye directamente en la aparición y expansión de enfermedades transmitidas por insectos”, concluyen los investigadores brasileños.

Los resultados del trabajo, recogidos por la Agencia Noticias Argentinas, refuerzan el llamado de especialistas y organismos internacionales a integrar las políticas ambientales y sanitarias. Proteger la Amazonia no solo es clave para mitigar el cambio climático y conservar especies, sino también para reducir el riesgo de brotes de enfermedades que afectan a millones de personas en la región.

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