La reconocida creadora murió a los 97 años en un hospital de Tokio. Su obra, marcada por los lunares, las redes infinitas, las calabazas y las instalaciones de espejos, la convirtió en una de las figuras más influyentes y populares del arte contemporáneo. Continuó pintando hasta sus últimos días.

Yayoi Kusama, una de las artistas japonesas más reconocidas del mundo, murió a los 97 años en un hospital de Tokio. La noticia fue confirmada este jueves por su estudio y por el Museo Yayoi Kusama, que precisaron que el fallecimiento ocurrió el pasado 14 de agosto.
Nacida en 1929 en la ciudad japonesa de Matsumoto, Kusama construyó durante más de ocho décadas una obra inconfundible a partir de la repetición, los colores intensos y las formas geométricas. Los lunares y las llamadas “redes infinitas” se convirtieron en su sello, mientras que sus instalaciones inmersivas transformaron la relación entre el público y el espacio.
Desde muy pequeña experimentó visiones y alucinaciones que influyeron decisivamente en su producción artística. Ella misma explicó que esas experiencias estaban detrás de las imágenes repetitivas que luego trasladó a sus pinturas. Convirtió así una experiencia personal en una propuesta estética que terminó alcanzando una dimensión universal.
De Japón a Nueva York y del anonimato a la fama mundial
En 1957 Kusama se trasladó a Estados Unidos y al año siguiente comenzó a desarrollar en Nueva York sus célebres pinturas de redes, esculturas blandas e instalaciones con espejos y luces. Durante la década de 1960 se convirtió en una figura de la vanguardia neoyorquina y participó también de performances y acciones artísticas vinculadas con el pacifismo y la experimentación.
En los años siguientes regresó a Japón y continuó trabajando en pintura, escultura, literatura, poesía e instalaciones. Sus “Infinity Mirror Rooms”, habitaciones revestidas de espejos que generan la sensación de un espacio interminable, se transformaron en algunas de sus obras más populares y reconocibles.
Las calabazas amarillas con lunares negros, los campos de puntos y los espacios de luces multiplicadas llevaron su producción mucho más allá de los museos y galerías. En las últimas décadas, Kusama se convirtió además en un fenómeno de alcance masivo, con exposiciones multitudinarias y colaboraciones con reconocidas marcas internacionales.

Su influencia fue reconocida por algunas de las principales instituciones artísticas del mundo y recibió, entre otras distinciones, la Orden de Cultura de Japón. En 2017 abrió en Tokio el Museo Yayoi Kusama, dedicado a preservar y difundir su obra.
Pese a su avanzada edad, la artista permaneció activa hasta el final. El comunicado de su estudio destacó que continuó pintando durante sus últimos días, manteniendo su dedicación a una producción artística que abarcó pintura, escultura, instalaciones, performances, novelas y poesía.
Con su muerte desaparece una de las grandes figuras del arte contemporáneo de los siglos XX y XXI, pero permanece un universo visual que convirtió un simple punto en una idea de infinito y que hizo de la repetición una de las formas más reconocibles del arte de nuestro tiempo.

