Ravier abre la polémica por la jefatura de la comunicación digital

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Un nuevo capítulo de tensión se abrió en la Casa Rosada alrededor de la conducción de la comunicación digital del Gobierno nacional. El vocero presidencial, Adrián Ravier, afirmó en conferencia de prensa que el cineasta Santiago Oria reemplazó en los hechos al consultor Santiago Caputo en la coordinación de la estrategia en redes, aunque luego se vio obligado a matizar sus dichos ante el revuelo interno que provocaron.
En su exposición ante periodistas acreditados, Ravier explicó que el equipo que encabeza Oria, activo desde hace varias semanas, pasó a ocupar el rol que hasta ahora se le atribuía a Caputo en el frente digital. Consultado de manera directa sobre si Oria había tomado su lugar, respondió: “Entiendo que sí. La parte de comunicación digital, lo que no le quita importancia a la figura de Santiago Caputo para este Gobierno”.
Horas más tarde, y frente a la reacción dentro del oficialismo, el vocero utilizó su cuenta de X para insistir en que “no hubo ni hay ningún cambio en el organigrama de comunicación del Poder Ejecutivo, ni designación alguna, ni traspaso de responsabilidades entre áreas”. La aclaración buscó alinearse con la versión que circula en despachos cercanos al Presidente, donde se insiste en que Caputo continúa siendo el principal referente de la línea comunicacional del mileísmo.
El equipo de Oria y la disputa por el territorio digital
Fuentes de Balcarce 50 describen que el grupo que hoy lidera Oria opera desde la etapa de Manuel Adorni y se encarga de la “avanzada” en redes sociales del oficialismo. Ese esquema incluye al influencer Iñaki Gutiérrez; a Sharif Menem, el menor de los Menem; y a Fabián Pereyra, ex director de Juventudes de la Ciudad de Buenos Aires, vinculado al espacio de Diego Santilli.
Según explican en la Casa Rosada, el equipo se apoya en el uso intensivo de herramientas de inteligencia artificial para producir contenidos, coordinar mensajes y marcar la agenda que luego se replica en el ecosistema digital libertario. La irrupción de este núcleo se da en un contexto de visible retroceso de las llamadas “Fuerzas del Cielo”, el grupo de militancia virtual que tuvo protagonismo durante la campaña y los primeros meses de gobierno, pero que ahora aparece más disperso.
En el oficialismo remarcan que, pese a la presencia de trolls y cuentas automatizadas que denuncian sectores opositores, la militancia digital se sostiene principalmente en usuarios “de carne y hueso” que se activan cuando comparten la agenda que impulsa la Casa Rosada. “Perdieron espacio en el ecosistema, que ahora parece estar mucho más disperso que antes”, reconoció una fuente violeta al describir la pérdida de coordinación que se percibe en X.
Doe, Carreira y el rol de Milei en las redes
Los dichos de Ravier no cayeron bien en todos los despachos oficiales. “El que debe estar contento es Doe con esa declaración”, ironizó un dirigente cercano al entorno presidencial. La mención apunta a Juan Carreira, conocido como “Juan Doe” por su usuario de X, quien ocupa el cargo de director nacional de Comunicación Digital de la Presidencia y supervisa la Oficina de Respuesta Oficial.
En paralelo a estas disputas por la coordinación formal, el presidente Javier Milei mantiene una hiperactividad personal en redes sociales, especialmente en X, donde se cruza con periodistas, economistas y críticos de su programa económico. Allí niega que la población no llegue a fin de mes y responde uno por uno a los cuestionamientos, muchas veces sin que esos mensajes sean consensuados con sus asesores de comunicación, según admiten en privado algunas fuentes del oficialismo.
“El plano de las redes empezó a ser ocupado por otros sectores. Era lógico”, resumió una voz oficialista al describir la puja interna por el control de la narrativa digital en torno al Gobierno.
La discusión sobre quién manda realmente en la comunicación digital deja al descubierto el peso que el Gobierno le otorga al terreno virtual, donde se juega buena parte de su legitimidad ante la opinión pública y donde las tensiones internas emergen con la misma velocidad que los posteos presidenciales.

