Del flechazo en la oficina al mensaje privado en LinkedIn

NewsITe
Durante décadas, los romances de oficina fueron un clásico: miradas cómplices en la fotocopiadora, charlas extendidas en el almuerzo o un acercamiento inesperado en un viaje de trabajo. El deseo se cocinaba a fuego lento en la convivencia diaria. Pero la pandemia alteró esa escena: el trabajo se volvió remoto, las oficinas se vaciaron y las pantallas pasaron a ser el principal punto de encuentro, también para el amor.
Con el aislamiento y la virtualización del empleo, las apps de citas se posicionaron como la gran promesa de conexión. Sin embargo, con el tiempo apareció el desgaste: perfiles que “venden” una versión idealizada, biografías calcadas y primeras citas que no se parecen en nada a lo que se vio en la pantalla. El cansancio de deslizar a derecha e izquierda derivó en una sensación extendida de frustración. Para muchos, “no es por ahí”.
En ese contexto comenzó a crecer un fenómeno llamativo: LinkedIn, pensada como red profesional, empezó a funcionar también como espacio de acercamiento romántico. Un informe de la consultora Zety revela que el 22% de las personas encuestadas admitió haber usado la plataforma para iniciar un contacto con intención amorosa y que un 12% llegó incluso a formar una pareja que nació allí. El currículum, inesperadamente, se transformó en objeto de deseo.
Currículums, verificación y deseo: qué ofrece LinkedIn
¿Por qué LinkedIn y no otra red social? Una de las claves es la sensación de verificación. A diferencia de las apps de citas, donde se puede exagerar o directamente inventar datos sin demasiadas consecuencias, en LinkedIn el perfil laboral tiene testigos: compañeros, jefes, colegas y contactos que avalan —o desmienten— la trayectoria publicada.
Según el mismo relevamiento, casi la mitad de quienes respondieron, el 48%, confía más en la información que ve en un perfil de LinkedIn que en la de una app de citas. Se puede comprobar dónde trabaja alguien, qué estudió, qué puestos ocupó y qué contactos en común existen. Esa “puesta en escena profesional” se vuelve, para muchos, garantía de cierta autenticidad.
- Datos laborales y académicos visibles que generan confianza.
- Contactos en común que funcionan como red de referencia.
- Trayectorias verificables que reducen la sensación de engaño.
Los testimonios ilustran este desplazamiento. Sofía, community manager de 29 años, cuenta que se animó a escribirle a un contacto porque descubrió que había estudiado lo mismo que ella y acumulaba una década de experiencia interesante en su área. Nicolás, contador de 34, reconoce que antes de una cita revisa más el perfil de LinkedIn que el de Instagram, convencido de que allí “se miente menos”.
“LinkedIn se está volviendo un Instagram con corbata: se publica, se stalkea, se reacciona y se generan vínculos que ya no son solo laborales”.
Zona gris: coqueteo, incomodidad y nuevas reglas de convivencia
El fenómeno, sin embargo, no está exento de tensiones. No todas las personas reciben de la misma manera un mensaje con tono romántico en un espacio que, en teoría, debería ser exclusivamente profesional. De acuerdo con los datos del estudio citado, un 34% siente incomodidad frente a ese tipo de avances y un 19% directamente reporta o bloquea al remitente, percibiendo el contacto como una forma de acoso fuera de lugar.
En el otro extremo, un 16% asegura sentirse halagado cuando recibe un mensaje con doble intención y un 31% admite que su reacción depende de quién lo envía y del contexto en que se da la interacción. Esta dispersión deja en evidencia que todavía no existe un código social unificado sobre qué está permitido y qué no dentro de la red profesional.
La postura oficial de LinkedIn es clara: la empresa no promueve su plataforma como espacio de citas y prohíbe los avances románticos no deseados. Voceros de la compañía remarcan que el objetivo es cuidar a los usuarios frente a comportamientos invasivos. Sin embargo, la práctica cotidiana muestra que la frontera entre networking, admiración profesional y coqueteo es cada vez más difusa.
Fin de la vieja separación entre vida profesional y personal
Lo que está en juego es algo más profundo que una simple anécdota de redes. La idea de que existe un “yo profesional” escindido del “yo personal” viene perdiendo fuerza. Testimonios de jóvenes trabajadores dan cuenta de que ambas facetas se mezclan: los mismos intereses, valores y estilos de comunicación aparecen tanto en una reunión por Zoom como en una salida de viernes.
En ese marco, sorprende cada vez menos que LinkedIn se utilice de manera similar a otras redes sociales: se comparten logros, se comentan publicaciones ajenas, se revisan perfiles y se inician charlas privadas que, a veces, derivan en algo más que una propuesta de trabajo. Historias de parejas que se conocieron felicitando un ascenso o comentando un logro se suman a una tendencia que no para de crecer.
Como sucedió antes con Facebook o Instagram, el amor se cuela donde haya presencia del otro, más allá del fin original de la plataforma. LinkedIn no es la excepción: mientras los usuarios reescriben, día a día, las reglas no escritas de la red, el currículum deja de ser solo una hoja de vida para transformarse, también, en carta de presentación afectiva.

