Argentina se encamina a un boom exportador histórico en 2026

NewsITe
Argentina podría marcar en 2026 un hito en su comercio exterior si se cumplen las proyecciones de la consultora LCG, que estima que las exportaciones superarán por primera vez los US$ 100.000 millones y que el superávit comercial excederá los US$ 20.000 millones. De concretarse, el país no solo quebraría su propio récord, sino que consolidaría una racha de más de dos años y medio con saldo positivo en la balanza comercial.
De acuerdo con el informe, las ventas externas treparían hasta US$ 103.740 millones, es decir, unos US$ 16.600 millones más que en 2025. Esta marca dejaría atrás con amplitud el pico histórico registrado en 2022, cuando el país había exportado bienes por US$ 88.846 millones en un contexto de altos precios internacionales de los commodities.
El avance se sustentaría en cuatro grandes motores: el complejo agropecuario, la energía, la minería y las manufacturas de origen agroindustrial. Según LCG, la mejora se repartiría de manera relativamente equilibrada entre estos bloques, lo que reduciría la dependencia de un único sector y permitiría diversificar las fuentes de generación de divisas en un escenario internacional volátil.
Agro, energía y minería, en el centro de la escena
El sector primario explicaría alrededor de un tercio del incremento exportador. En este rubro, el maíz asoma como protagonista: se proyecta una cosecha récord de 44 millones de toneladas, que permitiría expandir las exportaciones en más de 50% e inyectar unos US$ 3.000 millones adicionales. El trigo también aportaría con fuerza, con un aumento cercano al 40% de sus ventas externas por mayores volúmenes y mejores precios internacionales.
Las manufacturas de origen agropecuario contribuirían con cerca del 25% del crecimiento total. Dentro de este grupo se destaca el aceite de soja, cuyas exportaciones subirían alrededor de 34% hasta alcanzar los US$ 8.500 millones, impulsadas sobre todo por el encarecimiento de este subproducto en los mercados globales.
La energía se ubicaría como otro de los pilares del salto exportador. Las ventas externas de petróleo crudo pasarían de unos US$ 6.700 millones a más de US$ 9.000 millones. El incremento combinaría un aumento del 6% en los volúmenes despachados con precios internacionales casi 30% superiores, en un contexto marcado por las tensiones geopolíticas y el conflicto en Medio Oriente.
En el terreno de las manufacturas industriales, la minería cobra cada vez mayor relevancia. El litio, clave para la transición energética global, mostraría un salto de 154% en sus exportaciones: de US$ 842 millones a alrededor de US$ 2.100 millones, a medida que maduran y entran en producción nuevos proyectos en el país. El oro también incrementaría su aporte, en este caso motorizado principalmente por el encarecimiento del metal en los mercados internacionales.
Superávit en alza y desafíos hacia adelante
Con este escenario, LCG proyecta que 2026 cerraría con un superávit comercial superior a los US$ 20.000 millones, casi el doble de los US$ 11.320 millones estimados para 2025. Se trataría de un resultado que consolidaría 32 meses consecutivos de saldo positivo y reforzaría la capacidad del país para acumular reservas y cumplir compromisos externos.
Sin embargo, la consultora advierte que parte del superávit se explica por la debilidad de las importaciones, que caerían en torno al 3% anual. Esta retracción está asociada a un consumo interno todavía golpeado, a una actividad industrial que no termina de recuperarse y a niveles de inversión más bajos de los deseables para consolidar un crecimiento sostenido.
- Exportaciones récord por encima de los US$ 100.000 millones.
- Fuerte aporte del agro, la energía, la minería y la agroindustria.
- Superávit comercial proyectado por encima de los US$ 20.000 millones.
- Caída de importaciones por menor consumo, industria e inversión.
“El desafío de mediano plazo es que el auge exportador se traduzca en más empleo local y en una economía menos vulnerable a los shocks externos”, señalan desde LCG.
De cara a los próximos años, el gran interrogante pasa por cómo convertir este impulso exportador en una mejora tangible del mercado laboral y del poder adquisitivo interno. Para los analistas, será clave articular políticas que fortalezcan los encadenamientos productivos locales, promuevan inversiones en infraestructura y permitan que la llegada de dólares por ventas externas se traduzca en desarrollo sostenible.

