Terapia magnética para dejar de fumar: qué se sabe hoy

Estimulación magnética y tabaquismo: alcance real de la técnica

NewsITe

El tabaquismo continúa siendo una de las principales causas de muerte evitable en el mundo. La Organización Mundial de la Salud estima más de siete millones de fallecimientos anuales por consumo de tabaco, mientras que en la Argentina el Ministerio de Salud le atribuye alrededor de 45.000 muertes por año. En este contexto, ganan espacio nuevas herramientas para ayudar a dejar el cigarrillo, entre ellas la estimulación magnética transcraneal repetitiva (TMS, por sus siglas en inglés).

Lejos de la idea de que dejar de fumar es solo “cuestión de voluntad”, especialistas remarcan que la dependencia a la nicotina es un trastorno crónico y recurrente. Intervienen en ella circuitos cerebrales vinculados al placer, al aprendizaje de rutinas, a la abstinencia y al control de los impulsos. Por eso son tan frecuentes las recaídas aun después de probar parches, chicles, aplicaciones móviles o diferentes programas para abandonar el tabaco.

El neurólogo Alejandro Andersson (M.N. 65.836), director médico del Instituto de Neurología Buenos Aires (INBA), explica que fumar “deja huella” en distintas redes del cerebro al mismo tiempo: la que asocia el cigarrillo con momentos placenteros como el café o la salida del trabajo, la que reacciona cuando falta nicotina y la que debería poner el freno. Intervenir sobre esas redes es precisamente el objetivo de la TMS.

Cómo funciona la estimulación magnética transcraneal

Andersson aclara de entrada una confusión frecuente: el equipo de TMS no utiliza imanes estáticos como los que se ofrecen para magnetoterapia o bienestar general. Se trata de un dispositivo que genera campos magnéticos mediante una bobina apoyada sobre el cuero cabelludo. Una corriente eléctrica circula por esa bobina y produce un campo magnético que cambia muy rápido.

Al atravesar el cráneo, ese campo provoca corrientes eléctricas mínimas en determinadas áreas del cerebro y modifica la actividad de redes específicas de neuronas, sin necesidad de cirugía ni anestesia. El paciente permanece despierto, sentado, y suele experimentar apenas una molestia local o dolor de cabeza leve. Esta tecnología se inscribe dentro de las llamadas técnicas de neuromodulación.

El especialista subraya, además, que los productos comerciales con imanes permanentes que prometen aliviar dolores o mejorar el bienestar no cuentan, en la mayoría de las indicaciones, con evidencia clínica sólida y reproducible. La TMS, en cambio, se evalúa en ensayos controlados, con protocolos definidos y supervisión profesional.

Qué aprobó la FDA y cuáles son los límites

Uno de los argumentos usados para promocionar estos tratamientos es que están “aprobados por la FDA”. Sin embargo, lo autorizado por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos hace seis años fue un dispositivo específico –el BrainsWay Deep TMS System con bobina H4/HADD– como ayuda para el cese del tabaquismo a corto plazo en adultos. No se trata de una habilitación general para cualquier equipo de TMS ni para cualquier protocolo.

El esquema estudiado incluyó 18 sesiones: 15 aplicaciones diarias, de lunes a viernes durante tres semanas, más otras tres sesiones semanales posteriores. No requiere internación y el paciente puede retomar sus actividades apenas finaliza cada encuentro.

El ensayo clínico pivotal, publicado en la revista científica World Psychiatry, evaluó a 262 fumadores crónicos. En el análisis por intención de tratar (234 participantes), la abstinencia continua fue del 19,4% entre quienes recibieron estimulación activa y del 8,7% en el grupo con estimulación simulada. Entre los que completaron el tratamiento, las tasas ascendieron al 28% y al 11,7%, respectivamente.

Si bien estas diferencias muestran un beneficio a favor de la TMS, los estudios posteriores no siempre lograron reproducir los mismos resultados con igual consistencia. Por eso, a seis años de aquella autorización, la comunidad científica considera a la TMS como una herramienta prometedora, pero con evidencia todavía heterogénea y lejos de la solución definitiva que a veces se presenta en la publicidad.

Un complemento dentro de un abordaje integral

Los especialistas coinciden en que la TMS no reemplaza los tratamientos que ya demostraron eficacia: el acompañamiento conductual, los programas para dejar de fumar, la terapia de reemplazo de nicotina, la vareniclina, el bupropión y otros fármacos indicados según cada caso. La técnica puede sumarse como una herramienta de neuromodulación en personas seleccionadas, pero no suplanta la decisión del paciente ni el abordaje integral del tabaquismo.

Antes de indicarla, los equipos de salud deben evaluar qué dispositivo se utilizará, qué tipo de bobina, qué protocolo y, sobre todo, la historia clínica del paciente, su nivel de dependencia, los tratamientos ya probados y la presencia de otras enfermedades. Solo con esa información es posible valorar si la TMS puede aportar un beneficio adicional.

En síntesis, la estimulación magnética transcraneal abre una vía interesante de investigación y tratamiento para quienes luchan contra el tabaco, pero su lugar hoy es el de complemento dentro de un plan integral, basado en la mejor evidencia disponible y supervisado por profesionales especializados.

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