Críticas a las declaraciones del cardenal Rossi sobre la visita del Papa: “Se habla de humanismo y compasión, pero no de Cristo”

Las declaraciones del cardenal Ángel Sixto Rossi sobre la próxima visita del papa León XIV a la Argentina generaron cuestionamientos desde Cristo Católico, un apostolado juvenil dedicado a la formación moral y doctrinal. Uno de sus referentes criticó la ausencia de menciones a Jesucristo, el Evangelio y la conversión en un discurso centrado en el humanismo, la compasión y la justicia social.

Las declaraciones del cardenal Ángel Sixto Rossi sobre la próxima visita del papa León XIV a la Argentina generaron diversas repercusiones. Entre ellas, resonaron las críticas desde Cristo Católico, un apostolado de jóvenes varones católicos dedicado a la formación moral y doctrinal en la Fe. Uno de sus referentes cuestionó que el arzobispo de Córdoba hablara de humanismo, justicia social y compasión, pero no mencionara expresamente a Jesucristo, el Evangelio o la conversión.

Durante una entrevista con Jorge Fontevecchia, Rossi definió la llegada del pontífice como una visita pastoral y afirmó que León XIV “no viene a solucionar problemas ni a pelearse”. También destacó su conocimiento de la realidad latinoamericana, la situación de los sectores vulnerables y la continuidad con Francisco.

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Para el referente de Cristo Católico, esas declaraciones reflejan una tendencia más amplia dentro de determinados sectores eclesiásticos. “Actualmente, nuestros pastores y ministros se rehúsan el usar un lenguaje Católico, que proclame a Cristo como Rey, de nuestros corazones, y por consiguiente, de la sociedad”, sostuvo.

El apostolado Cristo Católico, integrado por jóvenes católicos hispanoablantes dedicados a la transmisión de la doctrina y moral católicas en pos de la formación en la Fe, cuestionó el lenguaje de algunos representantes de la Iglesia: “Nuestros pastores y ministros se rehúsan el usar un lenguaje Católico, que proclame a Cristo como Rey”.

El integrante del apostolado consideró que la transformación social debe comenzar por una transformación espiritual. “Para que Cristo reine en la sociedad, debe comenzar por reinar en el corazón de los hombres; porque las instituciones son, en gran medida, el reflejo de las almas que las edifican”, expresó.

También advirtió que esa tarea requiere una participación activa de quienes tienen la responsabilidad de transmitir la fe. Al respecto, citó el Evangelio de Mateo: “La mies es mucha y los obreros pocos”.

El cuestionamiento apunta especialmente a la utilización de conceptos vinculados con valores universales sin una referencia directa a la doctrina cristiana. “Por eso, no es de sorprenderse que hoy, en discursos, homilías o entrevistas de radio y televisión, se hable de fraternidad, diálogo, humanismo, inclusión, paz o dignidad humana, pero no se hable de Cristo, sino sólo para unirlo accidentalmente al discurso de ser ‘buenitos’ con nosotros y los demás”, afirmó.

Las críticas al rumbo de la Iglesia después del Concilio Vaticano II

El referente vinculó ese cambio de lenguaje con las transformaciones producidas durante el Concilio Vaticano II y el período posterior. Según su interpretación, el proceso de actualización conocido como aggiornamento favoreció una adaptación de la Iglesia a los Estados laicos.

“Esta horrible realidad debe entenderse dentro del cambio de mentalidad producido en torno al Vaticano II y el postconcilio, el famoso aggiornamento que llevó a la Iglesia a una cada vez mayor adaptación a los estados laicos”, señaló.

Desde Cristo Católico vincularon la ausencia de referencias explícitas a Jesucristo con “el cambio de mentalidad producido en torno al Vaticano II y el postconcilio”, y cuestionaron “una cada vez mayor adaptación a los estados laicos”.

También cuestionó la interpretación de Dignitatis humanae, la declaración conciliar sobre libertad religiosa. Sostuvo que el documento puso en primer plano la imposibilidad de imponer una conversión por la fuerza, pero relegó la discusión sobre la relación entre el bien espiritual y la organización de la vida pública.

La cuestión del modernismo

El referente de Cristo Católico también atribuyó el cambio en el lenguaje de algunos representantes de la Iglesia a la influencia del modernismo. Según explicó, esa corriente contribuyó a relativizar las enseñanzas cristianas o a interpretarlas únicamente desde circunstancias históricas, lo que termina debilitando la proclamación de Jesucristo como fundamento de la fe.

“Y acá entra la influencia del modernismo: al relativizar o historicizar las verdades del Evangelio, y por tanto, termina debilitándose la certeza con la que se proclama a Cristo como el Único Camino, Verdad y Vida, sin el cual no hay salvación alguna”, expresó. Desde su perspectiva, cuando esa certeza pierde centralidad, el discurso religioso comienza a apoyarse en conceptos generales que también podrían utilizar instituciones políticas, organizaciones sociales o espacios ajenos al catolicismo.

El modernismo, condenado por Pío X, comprende corrientes que subordinan la doctrina católica a los cambios culturales e interpretan los dogmas como formulaciones históricas sujetas a revisión, en lugar de reconocerlos como verdades reveladas. Desde Cristo Católico advirtieron que “al relativizar o historicizar las verdades del Evangelio” se debilita la proclamación de Cristo como “el Único Camino, Verdad y Vida”.

El integrante del apostolado sostuvo que este desplazamiento también alcanza la doctrina sobre el reinado de Cristo. A su entender, la fe no debe limitarse a una decisión privada ni reducirse a la conciencia individual, sino que también tiene consecuencias sobre la organización de la sociedad y la orientación de sus instituciones.

En ese sentido, afirmó que dentro de algunos ambientes eclesiásticos se extendió “un indiferentismo práctico que terminó haciendo mala palabra el afirmar públicamente que Cristo no es solamente Rey de las conciencias, sino también Señor de las sociedades y de las naciones”. Según planteó, esa dificultad responde a una Iglesia que procura adaptarse a Estados laicos y, por ese motivo, evita presentar públicamente las implicancias sociales de la doctrina cristiana.

La fiesta de Cristo Rey y el lugar de la fe en las sociedades modernas

Para desarrollar ese argumento, recordó la creación de la fiesta de Cristo Rey durante el pontificado de Pío XI. “Otro hecho que influyó en la actual narrativa por parte de varios eclesiásticos es la reforma de la fiesta de Cristo Rey, que Pío XI instituyó en 1925 precisamente para proclamar contra el laicismo, los derechos y el imperio de Cristo sobre los hombres y las naciones”, señaló.

El referente sostuvo que el sentido original de esa celebración consistía en afirmar que la autoridad de Jesucristo no quedaba circunscripta a la vida interior de los creyentes. Según su interpretación, la festividad también proclamaba que las comunidades, los gobiernos y las instituciones debían reconocer una orientación moral fundada en la doctrina cristiana.

Desde Cristo Católico cuestionaron que la reforma litúrgica desplazara el sentido original de la fiesta instituida por Pío XI, centrada en el reinado de Cristo sobre los hombres y las naciones, hacia una celebración orientada principalmente al final de los tiempos. Según su referente, ese cambio contribuyó a relegar la dimensión social de la fe y a instalar “un indiferentismo práctico” que evita proclamar públicamente a Cristo como “Señor de las sociedades y de las naciones”.

A continuación, cuestionó los cambios posteriores en el calendario litúrgico y en el significado que comenzó a recibir la solemnidad. “Después de la reforma litúrgica, la solemnidad fue trasladada al último domingo del año y se le impuso un acento mucho más escatológico, como culminación del año litúrgico y del misterio pascual”, afirmó.

Desde esa mirada, el traslado no representó solamente una modificación de fecha, sino también un cambio de énfasis. Mientras la celebración instituida en 1925 destacaba, según su planteo, el reinado presente de Cristo sobre los hombres y las naciones, la interpretación posterior comenzó a poner mayor atención en su manifestación definitiva al final de los tiempos.

El integrante de Cristo Católico relacionó ese desplazamiento con la pérdida de referencias explícitas a Jesucristo en declaraciones públicas, entrevistas y homilías. Consideró que, cuando la dimensión religiosa queda relegada, términos como fraternidad, diálogo, inclusión y dignidad humana ocupan el lugar que debería corresponder al anuncio del Evangelio.

“Por eso, no es de sorprenderse que hoy, en discursos, homilías o entrevistas de radio y televisión, se hable de fraternidad, diálogo, humanismo, inclusión, paz o dignidad humana, pero no se hable de Cristo, sino sólo para unirlo accidentalmente al discurso de ser buenitos con nosotros y los demás”, concluyó.

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