“Puede contener…”: el cambio en las etiquetas y el cuidado ante las alergias alimentarias

Las alergias alimentarias afectan cada vez a más personas y pueden aparecer tanto en la infancia como en la adultez. Mientras avanzan nuevas pautas internacionales para el etiquetado precautorio de alérgenos, la nutricionista Agustina Legnani explicó a EL NORTE por qué es clave conocer los ingredientes, leer los rótulos y evitar productos cuya composición no pueda identificarse con claridad.

Judith Coronel
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Las alergias alimentarias son cada vez más frecuentes y pueden aparecer tanto durante los primeros años de vida como en la edad adulta. Frente a esta realidad, conocer los ingredientes de aquello que se consume y acostumbrarse a leer las etiquetas de los productos se vuelve una práctica clave.

Una alergia alimentaria se produce cuando el sistema inmunológico identifica determinado alimento como una amenaza y responde frente a él. Esa reacción no afecta de igual manera a todas las personas, ya que depende de la respuesta particular de cada organismo.

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“Es una reacción adversa del organismo producida por el sistema inmunitario. El cuerpo actúa como si cierto alimento fuera malo o inadecuado y ataca”, explicó la nutricionista Agustina Legnani (MP:5970), al ser consultada por EL NORTE.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), afectan aproximadamente al 4,3% de la población mundial, mientras que 1 de cada 12 niños – menores de 5 años – presenta alguna alergia alimentaria.

“A veces se nace con estas alergias. La más común es la alergia a la proteína de la leche de vaca en los niños. Pero también se puede adquirir en la vida adulta. Depende de cada caso particular”, señaló la especialista. Según la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica, cada día nacen unos 40 bebés con alergia a la proteína de la leche de vaca.

En aumento

“Se nota que es cada vez más frecuente el tema de las alergias alimentarias. Pueden ocurrir por distintas cuestiones: factores genéticos, cambios en la alimentación, cambios en los hábitos alimenticios o por algún daño en la microbiota” sostuvo y agregó: “A veces hay cierta predisposición genética también”.

Además, señaló que los cambios que experimentó la producción de alimentos y la incorporación de diferentes componentes a los productos industrializados como uno de los aspectos que deben ser considerados al analizar la alimentación actual.

Otra posible explicación del crecimiento de los casos en la comunidad científica es la denominada “teoría higiénica”: el exceso de higiene durante la infancia podría alterar la microbiota y dificultar que el sistema inmunológico aprenda a tolerar determinadas proteínas inofensivas.

Leer las etiquetas, una práctica fundamental

En ese contexto, el Codex Alimentarius de FAO/OMS aprobó nuevas pautas para el etiquetado precautorio de alérgenos (PAL). Las advertencias deberán sustentarse en evaluaciones de riesgo y umbrales científicos.

El cambio en el etiquetado apunta, en primer lugar, a reducir riesgos para las personas con alergias alimentarias. Una advertencia clara y respaldada por criterios científicos permite tomar decisiones más seguras al momento de comprar o consumir un producto.

La adecuación también tiene un impacto comercial para la Argentina, ya que los mercados internacionales exigen cada vez mayor respaldo científico en la declaración de alérgenos. La detección reiterada de sustancias no declaradas podría hacer que los controles sobre productos argentinos sean más estrictos y afectar las exportaciones.

En la vida cotidiana, esa información resulta decisiva para quienes ya tienen un diagnóstico. “Una vez que se detecta, la persona no solo tiene que cuidarse porque es alérgica a ese alimento, sino que también va a tener que leer los rotulados o la información nutricional de cada alimento que compre para ver si contiene aquello que le genera la alergia”, explicó Legnani.

La soja es uno de los ejemplos. “Hay un montón de alimentos que tienen soja y uno no se lo imagina”, advirtió.

Leer el listado de ingredientes y la información disponible en los envases se convierte en un hábito fundamental para las personas con alergias. Esto obliga a prestar atención no solamente al nombre o apariencia de un producto, sino también a su composición.

La nutricionista incluso recomendó evitar aquellos alimentos cuya procedencia o ingredientes no puedan conocerse con precisión. “Si no saben de qué están hechos los alimentos porque no tienen etiquetado nutricional o rotulado, no deberían comprarlos”, señaló

Para quienes conviven con una alergia alimentaria, entonces, saber qué se come deja de ser solamente una cuestión nutricional y pasa a formar parte del cuidado cotidiano.

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