Encuesta alerta por malos hábitos y riesgo para el cerebro

Los hábitos que ponen en jaque al cerebro de los argentinos

Encuesta sobre hábitos y salud cerebral en Argentina

NewsITe

Una nueva encuesta del Instituto de Neurociencias y Bienestar de Insight 21, el think tank de la Universidad Siglo 21, encendió una señal de alarma sobre el estado del llamado “capital cerebral” de los argentinos. El relevamiento muestra que, aunque la mayoría confía en su capacidad para aprender, concentrarse y adaptarse, los hábitos que sostienen el funcionamiento del cerebro están lejos de los mínimos recomendados.

El estudio, al que accedió Noticias Argentinas, se basa en el concepto de capital cerebral, desarrollado en el campo de la neurociencia y las políticas públicas. La idea es considerar las capacidades cognitivas de una población como un activo estratégico en el que se puede invertir y del que se obtiene retorno en forma de bienestar, innovación y productividad. En ese marco, la salud del cerebro pasa a ser un factor clave para el desarrollo económico y social.

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Este capital se estructura en tres pilares: las habilidades cerebrales (aprender, concentrarse, adaptarse), la salud cerebral (bienestar emocional y salud mental) y los factores impulsores, que incluyen hábitos de vida, nivel educativo y situación socioeconómica. Es en este último punto donde el informe detecta la mayor fragilidad: los argentinos se perciben capaces, pero sus conductas cotidianas no acompañan esa autovaloración.

Actividad física, sueño y alimentación por debajo de lo recomendado

Los resultados de la encuesta son claros. Solo el 24% de las personas consultadas cumple con los 150 minutos semanales de actividad física moderada sugeridos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Casi la mitad, el 47%, duerme menos de las siete horas diarias recomendadas para los adultos. Y apenas el 29% consume frutas y verduras todos los días, cuando la OMS propone una ingesta mínima de 400 gramos diarios para prevenir enfermedades.

Lo llamativo es que estas carencias conviven con una alta confianza en las propias capacidades: el 70% asegura poder aprender cosas nuevas, el 65% se siente capaz de concentrarse y el 56% confía en su habilidad para adaptarse a los cambios. Según el informe, esta brecha entre autopercepción y prácticas concretas es, a la vez, el principal desafío y la gran oportunidad para mejorar el capital cerebral del país.

Fátima González Palau, directora del Instituto de Neurociencias y Bienestar de Insight 21, subrayó que los hábitos de vida son “el componente más débil del capital cerebral argentino y, al mismo tiempo, el más accionable”. Al tratarse de conductas modificables, pequeñas mejoras sostenidas en movimiento físico, sueño reparador y alimentación equilibrada podrían traducirse en beneficios concretos para la cognición, el estado de ánimo y la productividad.

Brechas por nivel socioeconómico y educativo

La encuesta también revela fuertes desigualdades según el nivel socioeconómico y educativo. Entre los sectores de menores recursos y los de nivel medio-alto se observan diferencias marcadas en varios indicadores vinculados al bienestar y las oportunidades de desarrollo.

  • Acceso a oportunidades de aprendizaje continuo: 49% en el nivel bajo contra 70% en el medio-alto.
  • Percepción de buena salud mental: 38% en el nivel bajo frente a 58% en el medio-alto.
  • Apoyo social pleno: 55% en los sectores bajos versus 73% en los medios-altos.

El nivel educativo replica esta tendencia. Entre quienes tienen estudios secundarios o menos y quienes alcanzaron la universidad, las brechas también son notorias en materia de hábitos saludables y acceso a recursos.

  • Actividad física suficiente: 17% entre quienes tienen secundario o menos, frente a 29% en universitarios.
  • Consumo diario de frutas y verduras: 15% contra 37%.
  • Acceso a aprendizaje continuo: 34% versus 65%.
  • Percepción de buena salud mental: 45% frente a 59%.
  • Apoyo social pleno: 61% contra 74%.

El relevamiento aclara que el nivel de ingresos, por sí solo, no alcanza para explicar los hábitos: el déficit de actividad física, sueño y alimentación se repite en todos los estratos económicos. La educación, en cambio, aparece como un factor diferenciador, ya que quienes tienen estudios universitarios suelen comer mejor y realizar más ejercicio que quienes solo completaron la escuela secundaria.

Salud mental y jóvenes: un llamado de atención

Más allá de la cuestión de los hábitos, la salud mental autopercibida surge como otro foco de preocupación. Solo el 53% de los encuestados calificó su salud mental del último mes como buena; el resto la definió como regular, mala o muy mala. Al desagregar por edad, el informe detecta una paradoja entre los jóvenes de 18 a 29 años.

En ese grupo, el 80% dice contar con apoyo social, el porcentaje más alto entre todas las franjas etarias. Sin embargo, apenas el 49% evalúa positivamente su salud mental, muy por debajo del 66% registrado en el segmento de 50 a 59 años. Para González Palau, esto muestra que el acompañamiento del entorno “es necesario, pero no garantiza por sí solo el bienestar emocional de los más jóvenes”, donde también influyen la incertidumbre laboral, la presión por definir un proyecto de vida y la falta de acceso a espacios de contención profesional.

“Argentina tiene un capital cerebral con una base sólida: la gente confía en lo que puede hacer. El desafío entonces es dejar de desperdiciarla para capitalizarla”, concluye el informe, que remarca la urgencia de mejorar la salud mental, el sueño y la alimentación para potenciar ese recurso estratégico.

El estudio plantea así una agenda pendiente para el diseño de políticas públicas y estrategias de salud: aprovechar la confianza y las capacidades declaradas de la población, pero acompañarlas con condiciones de vida y entornos que favorezcan el cuidado integral del cerebro a lo largo de toda la vida.

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