Argentina detenida en Japón ya tenía condena por drogas

Antecedente clave en el caso de la argentina detenida en Tokio

Aduana en aeropuerto internacional de Japón

NewsITe

La detención de Rosa Micaela Quipildor, la argentina de 30 años arrestada en Japón con más de un kilo de cocaína en su organismo, sumó en las últimas horas un dato que complica aún más su situación judicial: la mujer ya había sido condenada en la Argentina por contrabando de estupefacientes hacia países de Asia.

De acuerdo con registros judiciales, en noviembre de 2022 el Tribunal Oral en lo Penal Económico N° 1 le impuso una pena de tres años de prisión en suspenso. La sentencia se dictó en el marco de un juicio abreviado, tras comprobarse un intento de envío de 1,36 kilos de cocaína hacia Tailandia y Malasia mediante encomiendas postales gestionadas a través de empresas de correo privado en los barrios porteños de San Nicolás y Caballito.

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En aquella causa, los magistrados valoraron su situación de extrema vulnerabilidad social: Quipildor es madre de tres hijos y reside en la villa 1-11-14 del Bajo Flores. Sobre esa base, y al no contar entonces con antecedentes condenatorios firmes, se resolvió que la pena fuera de ejecución condicional, lo que le permitió seguir en libertad con reglas de conducta, entre ellas la obligación de no reincidir.

La nueva investigación se abrió a partir de su arresto el 10 de agosto pasado en el aeropuerto de Haneda, en Tokio, adonde arribó en un vuelo que partió de San Pablo y realizó escala en Londres. Según medios japoneses, agentes aduaneros advirtieron actitudes sospechosas y ordenaron su traslado a un centro médico, donde radiografías y estudios posteriores revelaron la presencia de 101 cápsulas con cocaína en su estómago.

Una operación que expone a las redes del narcotráfico

Las cápsulas incautadas fueron valuadas en más de 150 mil dólares en el mercado ilegal japonés, lo que confirma el interés creciente de organizaciones criminales en abastecer plazas asiáticas con droga procedente de Sudamérica. El caso se inscribe en la modalidad de los llamados “mulas” o correos humanos, personas que ingieren docenas de cápsulas con estupefacientes y viajan bajo altísimo riesgo para su salud y su libertad.

Fuentes vinculadas a la pesquisa señalaron que, durante los interrogatorios en Japón, la argentina admitió los hechos. Habría relatado que una mujer la abordó durante un festival en la Argentina y le ofreció 7.000 dólares a cambio de trasladar la droga. El itinerario pactado incluyó su paso por Brasil, donde habría ingerido las 101 cápsulas, para luego tomar los vuelos que la llevaron hasta la capital nipona.

  • La condena previa en la Argentina podría ser tenida en cuenta por las autoridades japonesas al evaluar su situación.
  • El caso vuelve a poner bajo la lupa el reclutamiento de personas en contextos de pobreza para operaciones de narcotráfico internacional.

Hasta el momento, las autoridades japonesas no cursaron pedidos formales a Interpol Buenos Aires, aunque el expediente se sigue con atención por el posible vínculo con redes de tráfico internacional de drogas.

Mientras se aguarda la definición de su situación procesal en Japón, el caso de Quipildor reabre el debate sobre las estrategias de persecución al narcotráfico y la necesidad de políticas integrales que apunten no solo a las “mulas”, sino también a las organizaciones que se benefician de la vulnerabilidad social de sus reclutas.

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