Tratando de mitigar los datos que plasmó el Indec sobre el segundo semestre 2021, que reflejan que la pobreza alcanza a 78.640 personas y 20.296 están en situación de indigencia dentro del aglomerado San Nicolás-Villa Constitución, las vías de salida revisten cada vez menos elecciones y más urgencias. Una alternativa a la crisis se concentra en la actividad de «cartoneo», donde unas 250 personas intentan solventar sus necesidades básicas y las de su grupo familiar.

Carolina Mitriani
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Buscando una salida a la crisis económica estructural de la Argentina, acentuada por el contexto de pandemia, aparecen como alternativas el sobreempleo (es decir, personas que ocupan más de un rol laboral para poder solventar sus necesidades básicas) y el recurso de los trabajos informales y autorregulados, con todas las desventajas que eso implica.
Reciclar
El Registro Nacional de Trabajadores de la Economía Popular (Renatep) lleva aproximadamente un año de tareas, recolectando e inscribiendo a las personas que realizan actividades de este sistema que funciona en paralelo con el mercado laboral formal o convencional. Su existencia permite conocer que entre agosto de 2021 y febrero de 2022 la categoría de «recuperación, reciclado y servicios ambientales» presentó un particular salto en la cantidad de participantes.
Esto tiene su impacto en San Nicolás, donde cada vez son más las familias que toman esta alternativa –popularmente conocida como «cartoneo»– para subsistir. Gerardo Chichizola, referente del Movimiento de Trabajadores Excluidos, consignó a EL NORTE que actualmente “entre organizados y no organizados hay un total aproximado de unos 250” trabajadores abocados a estas tareas.
El crecimiento de integrantes, según explican desde el sector, “no es una cuestión de elección, sino más bien es la falta de oportunidades y la desesperación por llevar el plato del día a la mesa, lo que hace que los ‘compas’ terminen cartoneando”.
Si bien aún no consiguen realizar un censo total a nivel nicoleño, pueden dar cuenta a diario de que “el número creció porque el sistema expulsa y excluye a los trabajadores sistemáticamente”. Esto llega como causa directa de “la tecnificación de los sistemas de trabajo formal y el crecimiento de la población, entre otros factores”, explica Chichizola, y agrega que se profundiza “más en lo local por la crisis económica y la falta de trabajo”.
Salvavidas
Pese al marco que precariamente se ha intentado otorgar desde el Estado a quienes llevan adelante las tareas de reciclado de materiales, desde el Movimiento de Trabajadores Excluidos aclaran que “hay más grupos familiares dedicados a la actividad. Eso se ve en la calle en San Nicolás”.
Los parámetros de seguridad y resultados económicos, sobre todo cuando las tareas son desarrolladas en compañía o con soporte de los niños del grupo familiar, no son las adecuadas. En este sentido, Chichizola destaca que “salvo los organizados, que tienen un piso mínimo de derechos (SSC, ropa y aporte logístico), el resto lo hace en muy malas condiciones y sin ningún derecho”.
Como opción para mejorar este panorama, lo que entienden desde el sector es que resultan claves la voluntad política y el apoyo de los vecinos e instituciones. “El Estado debe profundizar el reconocimiento de la actividad y garantizar los derechos mínimos a todos los trabajadores/as del sector”.
A su vez, comprenden que las herramientas para que el «cartoneo» pueda darse en los mejores términos, es necesario el aporte de herramientas de trabajo; como pueden ser estructuras de hierro para el traslado de los elementos a reciclar, guantes para evitar el contacto con residuos peligrosos, etcétera.
Unión para la fuerza
El fortalecimiento de las redes interpersonales de esta área ha llevado a que sus reclamos tengan mayores voces. Aunque las respuestas aún son escasas, las metodologías de organización territorial y la conformación de plenarios permiten identificar las vías posibles de mejoras para sus condiciones.
Una de las grandes conquistas a partir del trabajo en equipo de los recicladores urbanos es la identificación de su trabajo como un rol esencial en la recuperación de miles de toneladas de residuos, disminuyendo así el impacto ambiental y propiciando un respiro a la crisis ambiental.
A su vez, desde el año 2021 llevan en la agenda la lucha a nivel estatal por la Ley de Envases con Inclusión Social. De concretarse, esto permitiría “aumentar la cantidad y variedad de materiales recuperados de los productos y minimizar el impacto ambiental de los residuos, alentando a los productores a asumir las responsabilidades extendidas de recolección, reciclaje y diseño de productos y envases con mayor nivel de reciclabilidad”, según explican desde el Ministerio de Ambiente de la Nación, que reconoce la necesidad de su implementación.

