Homilía del Obispo: “El milagro de la curación ética”

HE VENIDO PARA QUE TENGAN VIDA

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Mateo (Mt 15, 21-28).

Por monseñor Hugo Norberto Santiago
Obispo de la Diócesis de San Nicolás

«Jesús partió de Genesaret y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: “Señor, Hijo de David, ten piedad de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”. Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: “Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos”. Jesús respondió: “Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel”. Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: “¡Señor, socórreme!”. Jesús le dijo: “No está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los cachorros”. Ella respondió: “¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!”. Entonces Jesús le dijo: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!”. Y en ese momento su hija quedó sana». Palabra del Señor.

La fe: conocimiento y confianza

La fe tiene dos aspectos. El primero está relacionado con el conocimiento, ya que significa conocer a través de un testigo que es veraz y no nos miente; alguien que nos habla de una realidad que no conocemos, pero que él sí conoce. Es el caso de Jesús quien, siendo el Hijo de Dios, nos habla de su Padre y nos dice que él es el camino; es decir, el estilo de vida a seguir que nos lleva a una existencia digna para todos y a un destino feliz. La otra dimensión de la fe es la confianza. Es el caso de esta mujer que le pide a Jesús que cure a su hija, aunque ella no forma parte del pueblo judío, al cual se dirige Jesús de manera especial por ser el pueblo elegido por Dios. Esta mujer intuyó la bondad de Jesús, quien se conmueve ante los más necesitados, y oyó hablar de su poder para hacer milagros, razón por la cual lo seguían multitudes. Estas dos razones –la bondad y el poder de Dios manifestados en Jesús– la hicieron confiar en que curaría a su hija. Tales convicciones la movieron a la audacia de pedirle e incluso de insistirle en el diálogo que entabló con el Señor. Finalmente, Jesús constató su fe, su confianza e incluso su humildad, y curó a su hija.

La fe: ir más allá de lo razonable

Otra nota de la fe en Jesús como Dios es que esta se caracteriza por ir más allá de lo razonable, de lo lógico y de lo que está al alcance de nuestro conocimiento o poder. Una vez más, hemos llevado a nuestro país hacia un panorama “negro”: vivimos un desafío que parece desbordar nuestra capacidad y que, desde el punto de vista económico, causa que muchos comercios e industrias se paralicen, que mucha gente caiga en la pobreza o la indigencia, y que no sepa de dónde va a sacar para dar de comer a sus hijos. La situación de nuestro país se parece a la escena que pinta el Evangelio de este domingo: mientras unos pocos derrochan, una multitud pide migajas para alimentarse. Por eso, es necesario elevar la mente a Dios y pedir el milagro de su intervención, para que nos dé una mano en una realidad que, en muchos casos, es desesperante. Necesitamos la humildad de esta mujer, porque pedir requiere humildad; necesitamos su fe en Jesús, porque la confianza es indispensable para que Dios obre el milagro.

Pedir el milagro de la curación ética

La corrupción que lleva a la inequidad es la enfermedad a sanar en nuestro país. Como ejemplo de “hombre sano” que muestra el camino de salida, vale la pena citar a Muhammad Yunus, catedrático de Economía y Premio Nobel de la Paz. Él se preguntó si la economía podía tener una función social y, viendo que las mujeres pobres de la India llevaban la economía de sus casas con responsabilidad y tenían buena disposición, creó el “Banco de los Pobres”. Este sistema combina un microcrédito y capacitación para un microemprendimiento llevado adelante por un grupo solidario. Cuando alguno de los integrantes del grupo no podía pagar la cuota de devolución del microcrédito, se evaluaban las razones y luego los miembros debían organizar un beneficio en conjunto para que el más carenciado pudiera devolverla. Si se reintegraba solidariamente el dinero, al año siguiente el microcrédito era el doble de lo que el banco había otorgado la primera vez. Así surgieron emprendimientos de una magnitud mayor. Con este método, el catedrático recreó el antiguo sistema de las “cooperativas” y, poco a poco, estas mujeres no solo superaron la pobreza, sino que se entusiasmaron en una empresa común. El único escollo que hay que superar para que emprendimientos de este tipo sean posibles es la corrupción y el “sálvese quien pueda”. Para superarlo, el milagro está en aprender a “jugar en equipo con honestidad”, tener un objetivo común –llevado de manera solidaria y responsable por todos– y privilegiar a los más desvalidos. Ese es el milagro que, con humildad y confianza, le tenemos que pedir a Jesús para nuestro país.

Que Dios te bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Buen domingo!

- Publicidad -
- Publicidad -
- Publicidad -