Un informe del Instituto Nacional del Agua destaca que no se avizora una normalización de las lluvias sobre la cuenca del Paraná. Las complicaciones persistirán hasta entrado el invierno. La situación impactará sobre las actividades agropecuarias que se desarrollan en torno de su cauce; en especial, sobre las exportaciones de granos. “La perspectiva al 31 de mayo no permite esperar un rápido retorno a la normalidad”, señaló el organismo.

De la redacción de EL NORTE
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Debido a que no se avizora una normalización de las lluvias sobre la cuenca del Paraná cabe esperar que la bajante extraordinaria que muestra el río continúe durante el otoño. Esta situación impactará sobre las actividades agropecuarias que se desarrollan en torno de su cauce y, muy en especial, sobre las exportaciones de granos.
Así lo señala un informe elaborado por técnicos del Instituto Nacional del Agua (INA). “La perspectiva al 31 de mayo no permite esperar un rápido retorno a la normalidad, con probabilidad de extenderse durante todo el otoño. Los niveles en el río Paraná en territorio argentino, incluyendo el Delta, se mantendrán en aguas bajas durante el trimestre de interés (marzo, abril y mayo), con eventuales recuperaciones de corto plazo, pero en continuidad con el escenario iniciado en marzo de 2020”, señala el informe del INA.
La altura medida por la Prefectura Naval Argentina en San Nicolás dio en el mediodía de este lunes 0,65 metros, perdiendo 6 centímetros respecto de la medición anterior, tomada en la medianoche: el viernes los registros mostraban una altura de 0,89 metro, mientras el promedio histórico para el mes en curso es de 3,61 metros. Durante los últimos 7 días la altura más baja fue registrada el 29 de marzo (0,42 metros). La marca más alta de la semana se había comprobado el 1º de abril (0,93 metros), pero desde entonces el nivel de agua se mantiene en dinámica decreciente. De todas maneras, la última medición por debajo del cero data del 17 de febrero, hace ya más de seis semanas. Desde entonces la altura se mantiene encima del cero.
Sequía y bajante
El director del Centro de Investigación de Recursos Naturales del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), Pablo Mercuri, consideró imposible disociar la sequía persistente que atraviesa el litoral y el noreste argentino (NEA), el sur de Brasil y Paraguay con la bajante extraordinaria del Paraná. “Todo lo que ocurrió con la sequía histórica en Chaco, Corrientes y Formosa, por ejemplo, está en relación directa con lo que le sucede al Paraná”, dijo.
Mercuri añadió que la sequía está ocurriendo en los diferentes territorios de la cuenca. “Hay cinco Estados de Brasil que llevan más de dos años de emergencia por sequía, mientras que en Paraguay también se dio una sequía extrema. Todas esas lluvias en territorio escurren por arroyos y riachos hacia el Paraná y como la situación de falta de precipitaciones todavía no se revirtió en esos territorios, tampoco sucedió con la situación del río”, explicó.
El experto subrayó que no se prevé una mejora de la situación en el corto plazo. “Por el momento el efecto del evento ‘La Niña’ continúa, generando en toda la cuenca menores precipitaciones a las normales. Esto hace que no se prevea una recuperación en el caudal”, indicó.
Los bajos niveles del río tienen dos impactos en lo económico. En primer lugar, en las actividades agropecuarias que están directamente ligadas y dependen del caudal del río. Por otro lado, en los inconvenientes logísticos que generan a la exportación de productos por medio de la hidrovía; en especial, de granos y de sus derivados.
“La sequía afectó a todas las actividades de la región; profundizó en muchas zonas el nivel de las napas asociadas”, dijo Mercuri. Y remarcó que se afectó, por ejemplo, la producción de arroz, debido a que parte de su irrigación se hace mediante la toma de agua a profundidad, mientras que un 10% o un 15% de las arroceras lo hacen del propio Paraná.
Más afectaciones
Otras de las diversas actividades que se vieron condicionadas fueron la ganadería de islas -a raíz de la falta de pasturas-, la pesca -tanto artesanal como comercial-, producciones regionales en la zona del Delta y la producción de frutillas, entre otras.
Por el lado de la logística, la baja en el caudal fluvial lleva a que se generen severas complicaciones y mayores costos en las exportaciones del sector agropecuario -en especial, del granario-, ya que por la hidrovía se despacha el 80% de la producción nacional.
“Nos preocupa mucho la bajante, que ahora está dando señales de profundizarse en los próximos meses”, indicó el presidente de la Cámara de la Industria Aceitera y del Centro de Exportadores de Cereales, Gustavo Idígoras.
“Esa profundización tiene impactos importantes en el ritmo de la logística y en los costos incrementales, que van desde el tipo de barcos que pueden ingresar al Paraná al aumento de costos para contratar esos buques, porque al ser los únicos son más caros”, agregó.
Hace ya varios meses que los navíos de carga que ingresan a los puertos rosarinos, por citar un ejemplo, o son más pequeños a los habituales o se cargan con un menor volumen debido a cuestiones de calado.
“Estamos en un promedio de carga un 30% menor a lo normal y eso genera necesidad de envíos a los puertos de Bahía Blanca y Quequén, con más de 800 kilómetros de logística terrestre cuyo costo tiene que soportar el exportador. O también está la posibilidad de la pérdida directa de exportaciones, ya que se terminan haciendo en Brasil”, explicó.
A esto hay que sumarle una mayor estadía de los barcos en los puertos, ya que su egreso e ingreso de las terminales lleva más tiempo.
“Preocupa mucho la precariedad que tiene hoy el dragado y balizado de la hidrovía, porque si bien la Administración General de Puertos (AGP) está haciendo los mayores esfuerzo técnicos, no le están dando las autorizaciones políticas para seguir avanzando en las licitaciones, por lo menos en las cortas”, dijo Idígoras.

