El boxeador marcado para siempre por la noche que cambió todo

NewsITe
El nombre de Terrel Williams quedó asociado para siempre a una de las noches más trágicas del boxeo reciente. Aquel 17 de octubre de 2015, en un combate en Virginia, el estadounidense enfrentó al prometedor puertorriqueño Prichard Colón, quien terminaría sufriendo un hematoma subdural que lo dejó en estado vegetativo durante años y derivó finalmente en su fallecimiento, este 13 de agosto, a los 33 años.
El duelo, organizado a último momento tras la caída de otra pelea de fondo, encontró a dos invictos con proyección dispar. Colón llegaba con un récord de 16-0 y el impulso de haber sido campeón panamericano juvenil; Williams, con 13-0, regresaba tras un período de inactividad y con sus mejores años aparentemente en el pasado. Sin embargo, aquella velada cambiaría la vida de ambos para siempre.
En el ring, Colón dominó los primeros asaltos, pero comenzó a acusar reiterados golpes en la nuca, conocidos como “golpes de conejo”, que denunciaba de manera insistente. El árbitro Joe Cooper recién intervino en el noveno round, cuando detuvo la pelea por cinco minutos y le descontó un punto a Williams. Minutos después, un nuevo golpe ilegal hizo caer al puertorriqueño, aunque esta vez el referí optó por iniciar la cuenta reglamentaria.
La definición resultó tan polémica como confusa: la esquina de Colón interpretó que el combate había terminado en el noveno asalto, le quitó los guantes y lo dejó imposibilitado de continuar, por lo que el resultado final fue descalificación en su contra. Poco después, el boxeador se desvaneció en el vestuario y fue trasladado de urgencia al hospital Inova Fairfax, donde fue operado de inmediato. Permaneció 221 días en coma inducido y, desde 2017, en estado vegetativo persistente.
El peso de la culpa y el final de la carrera
En las horas siguientes a la pelea, Williams se mostró satisfecho con su actuación y habló de una “buena pelea”, incluso lamentando no haber conseguido un nocaut técnico. Pero ese discurso cambió radicalmente cuando tomó dimensión del estado crítico de su rival. Con el correr de los años, el estadounidense reconoció haber llorado en innumerables ocasiones por Colón, aseguró que rezaba a diario por su recuperación y que ya no podía disfrutar de aquella victoria.
El peleador también manifestó que nunca tuvo la intención de dañar deliberadamente a su oponente y sostuvo que “ningún boxeador desea para otro lo que sucedió esa noche”, remarcando que “todos los boxeadores son hermanos”. El impacto emocional fue tan profundo que, con el tiempo, decidió que no permitiría que sus propios hijos se dedicaran al boxeo, convencido de que el episodio “afectó ambas vidas para siempre”.
Pese a la controversia, el Departamento de Regulación Profesional y Ocupacional de Virginia puso bajo la lupa la actuación del árbitro y del médico de ring, pero no aplicó sanciones. Williams, por su parte, nunca enfrentó cargos penales ni fue suspendido por aquella pelea. Siguió peleando: sumó cuatro presentaciones más hasta retirarse en septiembre de 2019, tras la única derrota de su carrera profesional, ante Thomas Dulorme, ya con 35 años.
Una figura en las sombras y un legado doloroso
Desde su retiro, Terrel Williams eligió alejarse del foco público y mantener un perfil casi anónimo. Mientras tanto, la familia de Prichard Colón intentó durante años mantener viva la esperanza de una recuperación. En 2018, su madre difundió un video en el que se veía al exboxeador realizando terapia física y respondiendo a órdenes verbales, incluso comunicándose a través de una computadora. Sin embargo, nunca pudo recuperar sus capacidades cognitivas plenas.
- El combate de 2015 quedó marcado por los golpes ilegales y la polémica arbitral.
- Colón pasó 221 días en coma y permaneció en estado vegetativo hasta su muerte.
- Williams terminó su carrera invicto, salvo por la caída ante Dulorme, y se retiró en 2019.
“Nunca quise lastimarlo. Rezo todos los días por su salud y su paz. Esto nos marcó a los dos para siempre”, reconoció Williams años después.
La muerte de Prichard Colón reaviva el debate sobre la seguridad en el boxeo profesional, la responsabilidad de los árbitros y los cuerpos médicos, y el límite entre el espectáculo y la integridad física de los deportistas. Mientras la familia del puertorriqueño llora la pérdida de un talento que se apagó demasiado pronto, Terrel Williams carga con una historia que lo acompañará, en silencio, por el resto de su vida.

