La medicina argentina ante un escenario complejo

NewsITe
El sistema de salud argentino atraviesa una etapa de fuerte presión marcada por el envejecimiento de la población, el aumento de las enfermedades cardiovasculares y metabólicas, el avance de trastornos de salud mental y el resurgimiento de infecciones que se creían controladas. A este panorama se suma un nuevo factor de tensión en los consultorios: la desinformación que circula en redes sociales y a través de herramientas de inteligencia artificial.
Un relevamiento realizado en el Hospital de Clínicas a 422 personas, con una edad promedio de 58 años, detectó que el 38% padece hipertensión arterial y que la mitad lleva una vida sedentaria. Estos datos confirman una tendencia que preocupa a los especialistas: el peso creciente de los problemas del corazón y de las enfermedades vinculadas al metabolismo, como obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión y dislipidemias, entre otras.
“Los problemas del corazón y relacionados con el metabolismo representan una de las principales causas de enfermedad y muerte”, advirtió el doctor Gustavo Frechtel, médico del Hospital de Clínicas y presidente del Congreso Internacional de Medicina Interna que se realiza del 12 al 14 de agosto en Buenos Aires. Estas patologías serán uno de los ejes centrales del encuentro, en el que se debatirán estrategias de prevención y tratamiento.
Envejecimiento, fragilidad y salud mental en aumento
Frechtel señaló que el envejecimiento acelerado de la población es otro de los grandes desafíos. Cada vez hay más personas mayores que conviven con múltiples enfermedades crónicas, fragilidad física, deterioro cognitivo y polifarmacia, es decir, el uso simultáneo de varios medicamentos. Según el especialista, la sociedad argentina todavía no está preparada para afrontar este cambio demográfico, que exige adaptar servicios de salud, sistemas de cuidados y políticas públicas.
La salud mental también gana protagonismo en la consulta clínica cotidiana. En el Hospital de Clínicas, las consultas por cuadros depresivos en edades tempranas crecieron casi un 30% en el último bienio. Ansiedad, depresión, insomnio y burnout se incrementaron tras la pandemia de COVID-19 y hoy aparecen con frecuencia asociados a síntomas físicos, lo que obliga a un abordaje integral del paciente.
Rebrote de infecciones y desafíos de la tecnología
En paralelo, los especialistas advierten sobre el resurgimiento de enfermedades infecciosas. Volvieron a registrarse casos de coqueluche y sarampión, además de episodios de hepatitis A en 2025, mientras que la tuberculosis habría aumentado cerca de un 80% entre 2020 y 2025, de acuerdo con datos oficiales. También preocupa la resistencia antimicrobiana, es decir, la pérdida de eficacia de los antibióticos, y la necesidad de prepararse frente a posibles nuevos brotes epidémicos.
La irrupción de la inteligencia artificial, por su parte, aparece como una herramienta de enorme potencial para el diagnóstico, la educación y la comunicación médica. Sin embargo, su uso también genera interrogantes sobre la calidad de la información, la responsabilidad profesional y los límites éticos de su aplicación.
- Mayor carga de enfermedades crónicas y cardiovasculares.
- Envejecimiento acelerado y demanda de cuidados prolongados.
- Aumento de trastornos de salud mental, sobre todo en personas jóvenes.
- Reaparición de enfermedades infecciosas y resistencia a antimicrobianos.
- Desafíos éticos y de calidad de información por el avance tecnológico.
“Hoy, una parte importante del tiempo en el consultorio se destina a desmentir información falsa o incompleta que los pacientes traen de redes sociales o de aplicaciones basadas en inteligencia artificial”, señalan desde el Hospital de Clínicas.
Los especialistas insisten en que, frente a este escenario complejo, la respuesta debe combinar políticas de prevención, educación sanitaria confiable, actualización permanente de los equipos de salud y una regulación responsable de las nuevas tecnologías. El objetivo, remarcan, es que la inteligencia artificial y el avance científico se pongan al servicio de una mejor atención y no se conviertan en nuevos factores de riesgo para la población.

