Solo una minoría sabe que vive con obesidad en el país

NewsITe
La obesidad se consolida como una de las principales amenazas para la salud pública en la Argentina. De acuerdo con el World Obesity Atlas 2025, elaborado por la Federación Mundial de Obesidad, el 39% de los adultos del país vive con esta enfermedad crónica, multifactorial y progresiva. Sin embargo, solo una minoría cuenta con diagnóstico médico, lo que retrasa la prevención y el tratamiento oportuno de sus complicaciones.
En el marco del Congreso Internacional de Medicina Interna del Hospital de Clínicas de la UBA, que se desarrolla esta semana en Buenos Aires, el Servicio de Nutrición Clínica y Metabolismo presentó los resultados preliminares de la campaña “Semana de la Obesidad 2026”. En ese relevamiento se evaluó a 320 personas para identificar factores de riesgo vinculados a la obesidad y al llamado síndrome hepato-cardio-reno-metabólico, un cuadro que integra alteraciones del hígado, el corazón, el riñón y el metabolismo.
El informe señala que el 80% de los participantes presentaba obesidad: 28% con obesidad clase I, 24% clase II y 27% clase III. Pese a esa alta prevalencia, solo el 36% refirió haber recibido alguna vez, por parte de un profesional de la salud, un diagnóstico formal de obesidad. Es decir, casi dos de cada tres personas con obesidad desconocían su condición hasta ser evaluadas en esta campaña.
“Casi dos tercios de las personas con obesidad detectada nunca habían sido informadas de que tenían esta enfermedad. Esto refuerza la necesidad de estrategias de detección activa como esta”, sostuvo la doctora Pilar Quevedo (M.N. 124.023), jefa de la División Nutrición del Hospital de Clínicas. La especialista remarcó que con una medición simple de peso, talla y perímetro de cintura, a cargo de un médico clínico o generalista, ya es posible arribar al diagnóstico inicial y comenzar a intervenir antes de que aparezcan complicaciones graves.
Complicaciones frecuentes y alto riesgo cardiometabólico
La obesidad está en la base de un conjunto de enfermedades que comparten un mismo proceso fisiopatológico: la diabetes tipo 2, la enfermedad cardiovascular, la enfermedad renal crónica y el hígado graso de origen metabólico. Este entramado de afecciones, que se conoce como síndrome hepato-cardio-reno-metabólico, será uno de los ejes centrales del Congreso del Clínicas.
Entre las personas evaluadas, el 40% presentó un riesgo alto o muy alto de sufrir un evento cardiovascular. Además, se registró hipertensión arterial en el 36% de los casos, hígado graso en el 34%, osteoartrosis en el 31%, dislipemia (colesterol o triglicéridos elevados) en el 30% y diabetes en el 19%. Más de la mitad (59%) llegó a la consulta con valores elevados de presión arterial y el 35% mostró signos de fibrosis hepática significativa.
Otro aspecto de preocupación fue el sueño: el 30% tenía riesgo alto de apnea del sueño y el 44% riesgo intermedio. La apnea no tratada no solo deteriora la calidad del descanso, sino que también empeora la presión arterial, el control metabólico y el funcionamiento cardiovascular.
Impacto en la vida cotidiana y perfil de la población evaluada
El estudio no se limitó a los parámetros biológicos. También se analizó la distribución de la grasa corporal, el estado muscular y la capacidad funcional. Según el perímetro de cintura, el 90% de los participantes presentaba un riesgo cardiovascular “muy aumentado”. En tanto, un 10% mostró valores compatibles con sarcopenia, es decir, pérdida de fuerza y masa muscular, una combinación que incrementa el riesgo de caídas, discapacidad y dependencia.
En el denominado “test de la silla”, que mide la funcionalidad física a partir de la capacidad para levantarse y sentarse repetidas veces, 9 de cada 10 personas obtuvo resultados alterados. A esto se suma el impacto subjetivo: el 70% refirió algún grado de dolor o malestar en su vida diaria, el 72% manifestó ansiedad o síntomas depresivos y el 43% reconoció dificultades para caminar.
El perfil de los participantes fue mayoritariamente femenino (77%), con una edad promedio de 54 años. Un tercio no tenía cobertura de salud formal (33%) y otro tercio estaba cubierto por el sistema público a través de PAMI (32%). El 62% declaró no realizar actividad física programada, un dato que, según los especialistas, refuerza la necesidad de políticas públicas que promuevan entornos saludables y accesibles para el movimiento cotidiano.
El circuito de evaluación incluyó antecedentes de salud, mediciones antropométricas y de composición corporal, presión arterial y glucemia capilar, tamizaje de apnea del sueño, cálculo de riesgo cardiometabólico global, elastografía hepática y cuestionarios de calidad de vida. Para los equipos del Hospital de Clínicas, estos resultados evidencian que la obesidad es mucho más que un número en la balanza: se trata de una enfermedad compleja que exige diagnóstico temprano, abordaje integral y un rol activo del sistema sanitario.

