Un nuevo informe de Naciones Unidas muestra una paradoja para el país: la subalimentación se redujo en las últimas décadas, pero aumentaron con fuerza la inseguridad alimentaria, el sobrepeso y la obesidad. A nivel regional, América Latina y el Caribe registran el costo más alto del mundo para acceder a una dieta saludable.

Argentina enfrenta una situación que expone una de las principales contradicciones de su sistema alimentario. Pese a ser uno de los grandes productores de alimentos del mundo, una proporción creciente de su población encuentra dificultades para acceder de manera regular a una alimentación suficiente y saludable.
Los datos surgen del informe “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2026”, elaborado por cinco organismos de Naciones Unidas, que analiza la evolución del hambre, la inseguridad alimentaria y el costo de las dietas saludables a nivel global.
En el caso argentino, la prevalencia de subalimentación, que mide la insuficiencia crónica de alimentos para cubrir las necesidades energéticas, descendió del 3,6% en el período 2004 a 2006 al 2,8% entre 2023 y 2025. Sin embargo, ese indicador convive con un marcado deterioro en otras dimensiones de la seguridad alimentaria.
El dato que encendió la alarma
Según las estadísticas analizadas en el informe, la inseguridad alimentaria grave en Argentina prácticamente se duplicó en la última década. Pasó del 5,8% de la población en el período 2014 a 2016 al 11% entre 2023 y 2025.
Si se considera tanto la inseguridad moderada como la grave, el incremento también resulta significativo. El indicador pasó del 19,2% al 31,7% durante el mismo período. Esto significa que casi un tercio de la población se encuentra en una situación en la que el acceso a una alimentación adecuada puede verse comprometido.
El fenómeno no se limita a la cantidad de alimentos disponibles. También involucra su calidad y la posibilidad económica de acceder a una dieta variada y nutritiva.
En ese sentido, otro de los indicadores que muestra un fuerte deterioro es la obesidad adulta. En Argentina pasó del 26,3% en 2012 al 37,2% en 2024. También aumentó el sobrepeso entre los menores de cinco años, que pasó del 10,9% al 14,3% durante el mismo período.
El informe registra además un incremento del retraso del crecimiento infantil y de la anemia entre mujeres de 15 a 49 años. Estos indicadores muestran que los problemas nutricionales pueden presentarse tanto por déficit como por exceso.
Una problemática que excede al país
La situación argentina se inscribe en un escenario mundial complejo. El hambre global disminuyó por tercer año consecutivo en 2025 y alcanzó al 7,8% de la población, unas 645 millones de personas.
La inseguridad alimentaria moderada o grave también descendió al 25,8%, aunque todavía afecta a alrededor de 2.100 millones de personas en todo el mundo.
América Latina y el Caribe se encuentran entre las regiones que lograron avances en los últimos años. En 2025, la inseguridad alimentaria moderada o grave alcanzó al 22,9% de la población, por debajo de los niveles registrados anteriormente.
Sin embargo, la región enfrenta otro problema. Es el lugar del mundo donde resulta más costoso acceder a una dieta saludable.
El costo promedio de una dieta saludable llegó a 4,91 dólares de paridad de poder adquisitivo por persona por día, por encima del promedio mundial de 4,28 dólares. En América Latina y el Caribe, las verduras representan además una de las mayores contribuciones al costo de una alimentación saludable.
El informe advierte que una parte importante del precio final de los alimentos se explica por las etapas posteriores a la producción. El procesamiento, la logística y la comercialización tienen un peso significativo en el valor que finalmente paga el consumidor.
Por eso, el desafío no pasa solamente por producir más alimentos. También implica conseguir que los productos nutritivos sean accesibles para una mayor cantidad de personas.
Para Argentina, los datos plantean una pregunta que va más allá de las cifras de producción: cómo puede un país con una enorme capacidad agroalimentaria garantizar que una mayor proporción de su población pueda acceder a una alimentación suficiente, variada y saludable.
El diagnóstico de Naciones Unidas apunta a la necesidad de reducir los costos a lo largo de toda la cadena, mejorar la infraestructura y la logística, reducir las pérdidas de alimentos y fortalecer el acceso a productos nutritivos.
El desafío ya no consiste solamente en combatir el hambre. También pasa por evitar que una alimentación saludable se convierta en un privilegio económico.

