Wanda volvió al país y explicó el conflicto con Icardi

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Wanda Nara arribó esta mañana al Aeropuerto Internacional de Ezeiza acompañada por sus hijos y su pareja, el empresario Martín Migueles, tras varios días de demoras en Italia por la imposibilidad de obtener los pasaportes de sus hijas menores. El conflicto se originó luego de un robo en su casa de Milán, donde le sustrajeron la documentación, y derivó en una fuerte disputa legal con su expareja, el futbolista Mauro Icardi.
Según contó a la prensa presente en la terminal aérea, la empresaria detalló que la justicia italiana le otorgó el poder para tramitar los nuevos pasaportes sin la firma del padre. Esa decisión fue clave para destrabar la situación y permitir el viaje a la Argentina. “Cuando la jueza italiana hizo tan rápido esa resolución, me largué a llorar, me desplomé, porque era impensado”, relató, visiblemente conmovida.
Wanda explicó que los documentos se emitieron únicamente con su firma y la de un tutor designado por la justicia italiana. A la vez, remarcó que, a su entender, no hubo colaboración de Icardi para facilitar el regreso de las menores al país. En línea con sus anteriores declaraciones públicas, sostuvo que las dificultades con su exmarido se profundizaron en los últimos meses, en medio de la separación y las discusiones por la tenencia y la organización familiar.
El embargo de la “casa de los sueños” y la disputa económica
Uno de los puntos más sensibles del conflicto gira en torno al supuesto embargo de la llamada “casa de los sueños”, una lujosa propiedad que fue objeto de medidas judiciales en el marco de la demanda por alimentos futuros para las hijas de la pareja. Nara defendió la decisión y aseguró que su principal objetivo es garantizar el patrimonio y la estabilidad económica de las niñas.
“Yo lo hice simplemente porque sé qué clase de madre soy, sé cuánto gano, cuánto guardo y cuánto invierto en mis hijos”, afirmó. Además, dijo que observó “gastos desmedidos” del lado de Icardi y que, ante ese panorama, tomó la determinación de resguardar el inmueble: “Me aseguro la casa para mis hijas”, resumió, en referencia a la medida judicial.
La empresaria también apuntó contra la actitud del futbolista hacia el juez argentino Adrián Hagopian, a cargo de parte del expediente. Consideró que las reacciones de Icardi fueron de una “violencia enorme” y señaló que, a su entender, él debería atender varias cuestiones personales en terapia. “Me da miedo que se pierda el dinero de mis hijas en gastos absurdos como está haciendo”, advirtió.
Amenazas, acusaciones de violencia y el rol de la familia
En sus declaraciones, Wanda recordó las supuestas amenazas de Icardi, quien habría dicho que le iba a “hacer la vida imposible” y ahora exige que sus hijas se radiquen nuevamente en Turquía, donde él trabaja. Según la versión de la empresaria, el delantero se opuso incluso a que las niñas permanecieran en Italia y llegó a advertir que serían deportadas si no regresaban al país donde él reside.
En paralelo, respondió a dichos de su padre, Andrés Nara, quien había declarado que Icardi se mostraba “menos violento” cuando estaba vinculado sentimentalmente con Eugenia “La China” Suárez. Wanda rechazó ese enfoque y sostuvo que la violencia es visible para cualquiera que siga las redes sociales del futbolista. También deslizó que existen situaciones graves puertas adentro que aún no salieron a la luz.
- Otorgamiento de poder judicial en Italia para tramitar pasaportes sin la firma de Icardi.
- Embargo de la “casa de los sueños” como garantía de alimentos futuros para las hijas.
- Acusaciones de violencia simbólica y hostigamiento hacia la empresaria y la Justicia.
“Me aseguro la casa para mis hijas”, remarcó Wanda Nara al justificar el embargo del inmueble y su estrategia para proteger el futuro económico de las menores.
El enfrentamiento judicial y mediático entre Wanda Nara y Mauro Icardi suma así un nuevo capítulo, esta vez con eje en la disputa por los bienes y la seguridad económica de sus hijas. Mientras avanza la causa en los tribunales argentinos e italianos, el caso vuelve a poner en agenda el debate sobre los derechos de los niños en medio de separaciones conflictivas y el rol de la Justicia frente a las familias mediáticas.

