La nueva geografía de la morosidad en la Argentina

NewsITe
Un nuevo relevamiento del Centro de Estudios de la Ciudad (CEC), realizado con apoyo de la Fundación Friedrich Ebert (FES), encendió una señal de alarma sobre el endeudamiento de las familias argentinas y, en particular, sobre la situación de los menores de 35 años. Según el mapa interactivo “Mapa de la Deuda” (www.mapadeladeuda.ar), la tasa de mora de las personas físicas alcanzó en junio de 2026 el 17,4% a nivel nacional.
El informe muestra que el impacto del ajuste fiscal, la desregulación de las tasas de interés y la pérdida de ingresos golpea con más fuerza a la juventud que se desempeña en trabajos precarios o en la informalidad. En ese segmento, las tasas de mora superan el 25% y, de acuerdo al tipo de entidad acreedora, llegan a picos del 50%, configurando el fenómeno que los investigadores bautizaron como “juventud endeudada”.
En buena medida, esto se explica porque el 36% de los deudores jóvenes se financia a través de Neobancos y plataformas digitales, y no mediante la banca tradicional. Tras la desregulación financiera iniciada a principios de 2024, estos actores subieron fuertemente el costo del crédito: en algunos casos, las tasas resultan hasta 100 puntos porcentuales más altas que las que cobran los bancos convencionales.
AMBA, provincias del NOA y sur porteño, en zona crítica
El Mapa de la Deuda permite observar el fenómeno a escala nacional, provincial y por departamentos, municipios o barrios, y revela fuertes asimetrías territoriales. La morosidad es marcadamente más elevada en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), en el sur de la Ciudad de Buenos Aires y en provincias como La Rioja y San Juan, donde los hogares conviven con ingresos inestables y fuerte dependencia del financiamiento para consumo básico.
A nivel provincial, las mayores tasas de mora sobre el monto adeudado se registran en La Rioja (23,9%), San Luis (22,2%), Catamarca (21,5%), Santa Cruz (21,9%) y San Juan (20,5%). En el otro extremo, los niveles más bajos se observan en La Pampa (9%), la Ciudad de Buenos Aires (11,7%), Entre Ríos (13,3%), Santa Fe (14,3%) y Córdoba (15%).
La desigualdad también se replica dentro de las grandes urbes. En la Ciudad de Buenos Aires, la mora ronda el 20% en los barrios del sur, mientras que en el norte se ubica entre el 8% y el 10%. Algo similar sucede en la provincia de Buenos Aires: en el AMBA, los índices de atraso se acercan al 25%, frente a un rango de entre 10% y 15% en el resto del territorio bonaerense. Dinámicas casi calcadas se detectan en los cordones que rodean a Rosario y a Córdoba capital.
Quién presta y cuánto se atrasa: radiografía del sistema
El estudio también detalla cómo varía la morosidad según el tipo de prestamista. Los Proveedores No Financieros de Crédito (comercios de electrodomésticos y cadenas de retail como Cetrogar, Megatone, Frávega o Radio Sapienza) encabezan el ranking de atraso con una tasa de mora del 47,8%. Les siguen las tarjetas no bancarias —como las emitidas por Carrefour, Coto, Cencosud, Italcred y algunas marcas internacionales— con un 33,27%.
- Los Neobancos y billeteras virtuales (Brubank, Ualá, Mercado Libre, Naranja X, entre otros) registran una tasa de mora del 23,34%, concentrando buena parte del endeudamiento juvenil.
- Los bancos privados muestran niveles de mora del 18,61%, mientras que los bancos públicos se ubican en 10,13%, con un volumen de créditos que siguió creciendo incluso en el contexto de crisis.
- Las compañías financieras vinculadas al sector automotor (Volkswagen, GPAT/General Motors, Rombo/Renault) exhiben la tasa más baja: 4,88% a nivel nacional.
“El endeudamiento dejó de ser una herramienta de planificación financiera para convertirse en un síntoma de la crisis de ingresos y de la desregulación del sistema de crédito”, concluye el informe del CEC.
Los especialistas advierten que, mientras el volumen de crédito otorgado en términos reales dejó de crecer desde comienzos de 2026, el monto de la deuda en mora no dejó de aumentar, mes a mes. La combinación de salarios deteriorados, empleo informal y créditos caros coloca especialmente a los jóvenes precarizados en una situación de vulnerabilidad financiera que, según alertan, podría profundizarse si no se regulan las tasas y no se fortalecen las políticas de inclusión laboral y bancaria.

