Ataques rusos dejan al menos diez muertos en Ucrania

Escalada de bombardeos en Zaporiyia, Crimea y el mar Negro

Edificios dañados tras bombardeos en Zaporiyia, Ucrania

NewsITe

Al menos diez personas murieron y decenas resultaron heridas en una nueva ola de ataques rusos contra Ucrania y en represalias cruzadas en territorio ruso y en la anexionada península de Crimea. Los bombardeos, que incluyeron el uso de poderosas bombas planeadoras soviéticas modernizadas y un masivo despliegue de drones, vuelven a exponer la vulnerabilidad de la defensa aérea ucraniana y la creciente tensión en la región del mar Negro.

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El gobernador regional de Zaporiyia, Ivan Fedorov, informó que en apenas 90 minutos la aviación rusa lanzó ocho bombas planeadoras sobre barrios residenciales de esa ciudad del sur ucraniano. El ataque dejó una mujer de 71 años muerta y al menos 31 heridos, además de severos daños en 22 edificios de departamentos distribuidos en cuatro distritos.

Estas bombas, heredadas de la época soviética y adaptadas con modernos sistemas de guiado, pueden transportar hasta 3.000 kilos de explosivos y generan cráteres de gran tamaño. Ucrania reconoce que prácticamente no cuenta con contramedidas efectivas para detenerlas, lo que las convierte en una de las armas más temidas del arsenal ruso en el frente.

Drónicas, Crimea y el mar Negro: otros frentes del conflicto

La escalada no se limitó a Zaporiyia. En la localidad rusa de Arkhipo-Osipovka, sobre la costa del mar Negro en la región de Krasnodar, seis personas murieron y unas 40 resultaron heridas por la caída de restos de drones ucranianos, según detalló el gobernador regional Veniamin Kondratyev. El ataque golpeó una zona turística en pleno verano boreal, aumentando la preocupación entre residentes y visitantes.

En paralelo, tres personas fallecieron y dos resultaron heridas en un ataque nocturno de fuerzas ucranianas contra la Crimea anexionada, de acuerdo con la versión de Serguéi Aksionov, la autoridad designada por Moscú en la península. No se difundieron mayores precisiones sobre los blancos alcanzados.

La Fuerza Aérea ucraniana reportó que Rusia lanzó entre la noche del domingo y la madrugada del lunes 181 drones de ataque de largo alcance. Las defensas ucranianas aseguraron haber interceptado 163 aparatos, aunque al menos 14 impactaron en 13 localidades distintas, provocando nuevos destrozos en infraestructura civil y energética.

Presión por más defensas Patriot y rol de las potencias

Mientras los ataques se multiplican, Kiev insiste en la necesidad urgente de reforzar su escudo antiaéreo. El presidente Volodímir Zelenski renovó su pedido a los países aliados para que envíen más sistemas de defensa Patriot de fabricación estadounidense, considerados los únicos capaces de interceptar con relativa fiabilidad misiles balísticos.

Zelenski advirtió que los misiles antibalísticos “deben proteger a la población, no quedar almacenados” en depósitos de los socios occidentales. Según el mandatario, tanto Estados Unidos como los países europeos conocen con precisión las necesidades defensivas de Ucrania, en un contexto en el que la guerra en otras regiones, como Medio Oriente, también presiona sobre la disponibilidad global de estos sistemas.

En Washington, la discusión en torno al envío y la eventual licencia para que Ucrania pueda producir localmente los Patriot sigue abierta. Declaraciones recientes de la dirigencia estadounidense sembraron dudas sobre la rapidez y el alcance del apoyo futuro, en un momento en que el frente ucraniano afronta bombardeos casi diarios sobre ciudades, puertos y corredores logísticos clave del mar Negro.

La intensificación de bombardeos y ataques con drones confirma que, lejos de encaminarse hacia una tregua, la guerra en Ucrania atraviesa una fase de alta tensión militar y fuerte dependencia del respaldo internacional.

Con Zaporiyia —una de las regiones que Rusia afirma haber anexionado en 2022 pero que sigue parcialmente bajo control ucraniano— bajo fuego constante y el mar Negro convertido en escenario central de la disputa, la posibilidad de una desescalada inmediata luce lejana. La población civil, a ambos lados de la línea de frente, continúa siendo la principal víctima de un conflicto que se prolonga sin un horizonte claro de negociación.

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