Plantean que sin emisión para el déficit no baja la inflación

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El analista financiero Claudio Zuchovicki advirtió que la condición central para bajar de forma sostenida la inflación en la Argentina es impedir que el déficit fiscal se siga financiando con emisión monetaria del Banco Central. A su juicio, la clave pasa por dar más autonomía a la autoridad monetaria y fijar reglas estables que trasciendan al gobierno de turno.
En diálogo con Radio Rivadavia, el especialista señaló que, en el corto plazo, las reformas que buscan blindar la independencia del Banco Central tendrían un impacto acotado, dado que hoy las cuentas públicas muestran superávit. Sin embargo, remarcó que el verdadero cambio estaría en las expectativas de largo plazo: qué puede y qué no puede hacer la política con la “maquinita” en los próximos años.
Zuchovicki insistió en que el punto de inflexión es separar las decisiones monetarias de las necesidades coyunturales de la Casa Rosada. Recordó el caso de Perú, donde Julio Velarde se mantiene al frente del Banco Central de Reserva pese a múltiples cambios de presidentes y crisis políticas, y subrayó que esa continuidad fue decisiva para sostener la estabilidad macroeconómica.
Emisión, déficit y el límite al financiamiento del Tesoro
Desde su mirada, la emisión monetaria para cubrir el rojo fiscal es “la principal causa” de la inflación argentina. Cuando el Estado gasta más de lo que recauda, afirmó, el ajuste debe hacerse con decisiones fiscales –reordenamiento del gasto e ingreso– y no recurriendo al Banco Central como caja permanente. Comparó la toma de deuda sin correcciones estructurales con pagar todo con tarjeta de crédito: el problema se patea unos meses, pero la cuenta siempre llega.
También cuestionó el mecanismo por el cual el Banco Central compraba bonos del Tesoro y emitía pesos para sostener al Estado, con el costo de trasladar el desequilibrio hacia adelante. En paralelo, criticó las letras intransferibles y otros instrumentos que engrosaban el balance del organismo y las reservas brutas con activos de baja liquidez, a los que definió como “papeles de colores”. Limitar ese recurso, evaluó, acota la posibilidad de usar la “caja fácil” para financiar a la política.
Incentivos, subsidios y presión impositiva
El analista dedicó parte de su exposición a los incentivos que ordenan –o desordenan– la economía. Utilizó el ejemplo de un grupo que divide la cuenta en partes iguales para explicar cómo, cuando “la plata es de todos”, se tiende a gastar más. En la gestión pública, sostuvo, algo similar ocurre cuando quienes deciden no enfrentan de manera directa el costo de sus políticas.
En esa línea, advirtió sobre el impacto de los subsidios generalizados: lo que se subsidia, remarcó, lo termina pagando el resto de la sociedad vía impuestos o vía inflación, a la que definió como “el peor impuesto encubierto porque lo paga el más pobre”. Además, apuntó a la elevada presión tributaria sobre las empresas, con la combinación de impuestos nacionales, provinciales y tasas municipales que encarece la producción y se traslada a los precios finales.
Reglas estables, inversiones y rol del dólar
Zuchovicki también destacó la importancia de dotar de rango legal a ciertas decisiones económicas para darles mayor institucionalidad. A diferencia de un decreto, dijo, una ley requiere consensos más amplios y es más difícil de revertir, algo que los inversores observan con atención cuando evalúan proyectos de largo plazo en la Argentina.
En cuanto al dólar, relativizó la idea de que esté “atrasado” y planteó que su cotización debe leerse en un contexto internacional de debilidad global de la moneda estadounidense y con una balanza comercial superavitaria. Alertó, además, sobre el uso recurrente de la devaluación como herramienta: una suba brusca del tipo de cambio, indicó, se transforma rápidamente en más inflación y en una pérdida adicional del poder adquisitivo de los salarios.
Capital humano y tecnología: el desafío de la próxima década
Hacia el cierre, el analista ubicó al capital humano en el centro de los desafíos estructurales del país. Señaló que la aceleración tecnológica –desde los pagos con QR hasta las aplicaciones de servicios y la digitalización bancaria– está modificando el consumo y el mundo del trabajo a un ritmo que exige capacitación constante.
Según Zuchovicki, una parte de la población está en condiciones de adaptarse por formación y contexto, pero otro amplio sector requiere asistencia específica, no solo económica, para no quedar rezagado. En ese marco, planteó que la política económica también debería enfocarse en acompañar esa transición, porque la calidad del capital humano será determinante para el crecimiento y para que cualquier esquema de estabilidad monetaria y fiscal tenga resultados duraderos.

