Quién era el piloto del helicóptero caído en San Juan

Un piloto con tres décadas de servicio en vuelos policiales

El trágico accidente del helicóptero Bell 412 en San Juan puso en primer plano la figura de su comandante, Matías “El Ronco” Valenzuela, un piloto de 53 años con más de tres décadas de experiencia en operaciones aéreas de alto riesgo. Oriundo de General Belgrano, provincia de Buenos Aires, Valenzuela era reconocido en el ámbito aeronáutico por su trayectoria en la Policía bonaerense y por su especialización en combate de incendios forestales.

Al momento del siniestro, el helicóptero se dirigía desde San Juan hacia La Rioja para sumarse a los operativos contra los incendios que afectan a la región. La aeronave, un Bell 412, es un modelo habitualmente utilizado en tareas de búsqueda y rescate, traslado sanitario y apoyo a brigadistas, lo que exige una alta capacitación de sus pilotos y tripulaciones. Valenzuela reunía ese perfil: en su currículum se presentaba como piloto comercial con habilitación para vuelos instrumentales, fotográficos y con sistemas FLIR, además de instructor de vuelo.

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En la Policía de la provincia de Buenos Aires se desempeñaba desde febrero de 1996 como comandante de helicópteros, función que sostuvo durante más de 30 años. También ocupó cargos clave en distintas dependencias aéreas: fue comandante en la Dirección Aérea Brown, entre 2009 y 2015, y jefe de operaciones en la Dirección Aérea Lanús durante 2012. En los últimos años, sumó actividad en el ámbito privado como comandante de helicópteros de la empresa Jasfly, con base en La Plata.

Formación, docencia y especialización en incendios forestales

La carrera de Valenzuela combinaba la operación diaria con una fuerte vocación docente. En la Escuela Alpha Whisky realizó estudios específicos en combate contra incendios, una capacitación que en la Argentina suele complementarse con entrenamientos en lectura de terreno, comportamiento del fuego y trabajo coordinado con brigadistas en tierra. Desde 2011 dictaba, además, el curso de seguridad de vuelo en montaña, una de las disciplinas más exigentes para cualquier piloto.

Su perfil profesional también incluía tareas de formación en el ámbito oficial. En la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) era responsable de talleres de capacitación para instructores de helicópteros, instancia clave para estandarizar procedimientos y reforzar la cultura de seguridad operacional. En el Hangar Uno, otro punto de referencia para la aviación, realizaba cursos orientados a la seguridad en montaña, un entorno donde el clima cambiante, los vientos y la orografía imponen condiciones extremas.

La última entrevista y una vocación marcada por el riesgo

Tras conocerse el accidente, salió a la luz una entrevista realizada apenas 24 horas antes, cuando Valenzuela sobrevoló San Juan junto a periodistas locales. Consultado por un cronista de Canal 8 acerca de lo que sentía al desempeñar esa tarea, respondió con crudeza y honestidad sobre los riesgos de su profesión.

“Uno lo hace porque le gusta. A mí la verdad que me encanta hacer esto. Es uno de los trabajos en helicóptero que, no sé si es el mayor, pero que más riesgo tiene. Y bueno, te tiene que gustar”.

Esa frase resume, en buena medida, la vocación de un piloto acostumbrado a operar en escenarios complejos, desde vuelos nocturnos hasta misiones de apoyo en incendios forestales. Su muerte abre interrogantes sobre las circunstancias técnicas del siniestro y vuelve a poner en discusión las condiciones en las que se desarrollan estas tareas, fundamentales para la respuesta ante emergencias en buena parte del territorio argentino.

Mientras avanzan las pericias para determinar qué ocurrió con el Bell 412 en San Juan, colegas y excompañeros destacan su profesionalismo, el compromiso con la seguridad y el rol que cumplió como formador de nuevas generaciones de pilotos de helicóptero en el país.

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