A 39 años del acta que selló la integración con Brasil

A 39 años del acta que cambió la relación argentino-brasileña

Raúl Alfonsín y José Sarney, impulsores de la integración argentino-brasileña

NewsITe

Hace 39 años, el 29 de julio de 1986, la Argentina y Brasil dieron un paso decisivo para dejar atrás décadas de desconfianzas y tensiones. Aquella jornada, en Buenos Aires, los entonces presidentes Raúl Alfonsín y José Sarney firmaron el Acta para la Integración Argentino-Brasileña, que dio origen al Programa de Integración y Cooperación Económica (PICE) y sentó las bases de lo que, en 1991, se convertiría en el Mercosur.

Ese documento marcó el pasaje de hipótesis de conflicto militar a una estrategia de desarrollo compartido, basada en el comercio, la cooperación industrial y la construcción de confianza política. La lógica que primó entonces fue la del interés nacional y regional: fortalecer las economías, ampliar mercados, dar previsibilidad a las inversiones y proyectar a ambos países en el escenario internacional.

– Publicidad –

El contraste con la actualidad es evidente. La relación bilateral atraviesa una de sus etapas más tensas de las últimas décadas, luego de los agravios del presidente Javier Milei hacia su par brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y hacia el juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes, en un acto partidario realizado en San Pablo. Brasil respondió llamando a consultas a su embajador en Buenos Aires y expresando formalmente su repudio.

En este escenario, quedó en segundo plano un dato central: Brasil es el principal socio comercial de la Argentina y el destino clave de nuestras exportaciones industriales, especialmente de sectores como el automotor, el autopartista y el de manufacturas de origen industrial. Supeditar ese vínculo estratégico a afinidades o disputas ideológicas coyunturales implica poner en riesgo un activo que demandó casi cuatro décadas construir.

Interés nacional, desarrollo y política exterior

La experiencia de los años ochenta dejó una lección vigente: la política exterior debe funcionar como herramienta de desarrollo, por encima de la grieta ideológica interna. Tanto en gobiernos de signo progresista como conservador, el uso de la diplomacia como prolongación de la disputa partidaria interna terminó debilitando la posición del país frente al mundo.

El principio de no injerencia en los asuntos internos de otros Estados, salvo en casos de graves violaciones a los derechos humanos o rupturas del orden democrático, es uno de los pilares del derecho internacional. Cuando se lo reemplaza por simpatías o antipatías personales, se vacía de contenido a la integración regional y se encarece el costo político y económico de cualquier negociación bilateral.

  • Brasil es el primer mercado para las exportaciones industriales argentinas.
  • La integración energética, automotriz y agroindustrial depende en gran medida de la estabilidad política entre ambos países.
  • El Mercosur nació como resultado directo de la convergencia iniciada con el Acta de 1986.

La Acta para la Integración Argentino-Brasileña recuerda cuánto se puede avanzar cuando la política exterior se ordena en función del interés nacional, y cuánto se pierde cuando queda atrapada en disputas ideológicas.

A casi cuatro décadas de aquel acuerdo, la conmemoración no es sólo una efeméride diplomática. Es un llamado de atención sobre los riesgos de deteriorar un vínculo estratégico por batallas retóricas de corto plazo. Recuperar el espíritu de 1986 implica volver a colocar el desarrollo productivo, el empleo y la competitividad de la región en el centro de la agenda común entre Buenos Aires y Brasilia.

- Publicidad -
- Publicidad -
- Publicidad -