León XIV pidió discernir lo esencial ante el consumismo y la guerra

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Durante la tradicional oración del Ángelus en la Plaza de la Libertad de Castel Gandolfo, el papa León XIV instó a los fieles a revisar con espíritu crítico el modelo de vida marcado por el consumismo y por una cultura que naturaliza la guerra. Desde la residencia de verano pontificia, el Santo Padre advirtió que la industria del consumo “altera el gusto de la sociedad y envenena el corazón”, al crear necesidades artificiales que nunca terminan de saciarse.
El Pontífice desarrolló su reflexión a partir del Evangelio del XVII domingo del Tiempo Ordinario, centrado en las parábolas del tesoro escondido y de la perla de gran valor. Según explicó, el encuentro con el Reino de Dios es un punto de inflexión que “no limita, sino que amplía la vida”, porque orienta las decisiones hacia aquello que realmente importa. En ese sentido, señaló que cuando se descubre lo esencial, los cambios necesarios no quitan posibilidades, sino que abren horizontes más amplios para la persona y la comunidad.
León XIV describió cómo el mensaje de Jesús se hace visible en las ocupaciones de todos los días: en una mujer que amasa la harina en su casa, en administradores que gestionan pagos, en un gobernante que debe decidir sobre la guerra y la paz. Allí, remarcó, se juega la capacidad de discernir entre lo accesorio y lo fundamental. Frente a una época marcada por el consumismo y los conflictos armados, el Papa llamó a “no dejar que el mercado ni la lógica bélica decidan por nosotros qué vale la pena y qué no”.
Una Iglesia diversa, unida por los más pequeños
En otro tramo de su mensaje, el Santo Padre destacó que la Iglesia sigue siendo hoy “una comunión de personas diferentes en cuanto a origen, cultura, habilidades y niveles de responsabilidad”, pero todas llamadas a reconocerse como un solo cuerpo en Jesucristo. Esa diversidad, afirmó, es una riqueza cuando se vive desde el servicio y no desde la competencia.
León XIV recordó además que la elección de Dios conserva una “predilección preferencial por los pequeños y los descartados”. Allí situó el desafío de las comunidades cristianas: priorizar a quienes quedan al margen del sistema, víctimas de la pobreza, de la exclusión y también de las guerras que se deciden lejos de sus realidades cotidianas. El Papa invitó a revisar estilos de vida y decisiones políticas y económicas a la luz de este criterio evangélico.
- Llamado a discernir lo esencial frente al consumismo y los conflictos armados.
- Reafirmación de una Iglesia diversa, unida y volcada a los más vulnerables.
“Pidamos el don de saber identificar lo fundamental y de no dejarnos engañar por lo que brilla, pero no llena el corazón”, exhortó León XIV, antes de encomendar a la Virgen María el deseo de vida de la comunidad de fieles.
El mensaje del Papa resonó especialmente en un contexto internacional signado por tensiones geopolíticas y por el avance de modelos económicos que fomentan el hiperconsumo. Desde Castel Gandolfo, León XIV volvió a colocar en el centro de la agenda eclesial y social la necesidad de una conversión personal y comunitaria orientada a la paz, la sobriedad y la solidaridad con los más frágiles.

