Un palacio renacentista al servicio de la educación pública

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En pleno Parque Patricios, sobre la barranca natural de la antigua estancia El Edén, se alza uno de los edificios escolares más emblemáticos del país: el Instituto Félix Fernando Bernasconi. Concebido como un verdadero “palacio escuela”, este complejo ubicado en Cátulo Castillo 2750 se transformó en un ícono de la educación pública argentina y en un hito urbano de la Ciudad de Buenos Aires.
Su origen se remonta a la voluntad del empresario del calzado Félix Fernando Bernasconi, hijo de inmigrantes suizos y uno de los industriales más destacados de comienzos del siglo XX. Sin herederos directos, en 1905 decidió legar toda su fortuna al entonces Consejo Nacional de Educación con una consigna precisa: construir una gran escuela pública en Buenos Aires que estuviera a la altura de los ideales de progreso y movilidad social de la época.
El proyecto tomó forma tras la muerte del empresario, ocurrida en 1914 en París. En 1921 se colocó la piedra fundamental del edificio, diseñado por el arquitecto Juan Abel Adrián Waldorp, responsable del área de Arquitectura del Consejo. Su propuesta combinó el lenguaje neorrenacentista italiano con una fuerte impronta institucional: fachadas simétricas, torreones con techos de tejas, galerías porticadas, escalinatas de mármol de Carrara y un acceso principal coronado por un reloj y esculturas alegóricas.
Arquitectura monumental y función social
Lejos de ser un despliegue ornamental sin contenido, cada decisión arquitectónica respondió a una concepción moderna de la educación. Las aulas se organizaron alrededor de dos grandes patios internos para garantizar luz y ventilación natural; los amplios corredores cubiertos funcionan como espacios de circulación, recreo y encuentro; y la distribución general permitió sumar servicios inusuales para la época.
- Teatro con capacidad para unos 400 espectadores, pensado para actos escolares y actividades culturales.
- Comedor, laboratorios, biblioteca y salas específicas para ciencias y humanidades.
- Dos piletas climatizadas y áreas destinadas a actividades artísticas y deportivas.
El predio, de más de dos hectáreas y extendido sobre dos manzanas delimitadas por Catamarca, Cátulo Castillo, Rondeau y Esteban de Luca, consolidó la presencia del edificio como un verdadero palacio urbano. La barranca natural sobre la que se apoya refuerza su condición de mirador sobre Parque Patricios y lo vuelve visible desde varias cuadras a la redonda.
Un museo pedagógico único y un monumento vivo
En el corazón del Bernasconi late además una joya poco conocida: uno de los museos pedagógicos más singulares del país, creado por la educadora riojana Rosario Vera Peñaloza, figura clave de la renovación didáctica argentina. Allí se conservan materiales de enseñanza, colecciones científicas y recursos diseñados para la enseñanza de geografía, ciencias naturales e historia, que reflejan las búsquedas innovadoras de comienzos del siglo XX.
El predio también resguarda un símbolo histórico de gran valor patrimonial: el aguaribay plantado en 1872 por el perito Francisco Pascasio Moreno, considerado el primer árbol declarado histórico de la Argentina. Esa convivencia entre naturaleza, arquitectura monumental y proyecto educativo sintetiza el espíritu del instituto.
Declarado Monumento Histórico Nacional, el Instituto Bernasconi encarna una época en la que la educación pública era concebida como política de Estado y orgullo colectivo.
Hoy, el edificio sigue plenamente vigente. Alberga jardines de infantes, escuelas primarias, secundaria para adultos, talleres de formación profesional, la Escuela de Coro y Orquesta Athos Palma, espacios deportivos y propuestas culturales. Miles de estudiantes, docentes y vecinos circulan diariamente por sus pasillos, dando sentido contemporáneo a un proyecto que nació hace más de un siglo.
En los últimos años se impulsaron obras de restauración basadas en investigaciones históricas y estudios de los materiales originales. El objetivo es recuperar molduras, esculturas, revestimientos y fachadas respetando las técnicas constructivas de la década de 1920, al tiempo que se adapta el edificio a las exigencias actuales de seguridad, accesibilidad y confort. Así, el Bernasconi reafirma su condición de símbolo nacional: una escuela palacio que convirtió la educación en una verdadera marca de identidad argentina.

