“La demanda ha caído por la situación económica, el tema del trabajo, pero también por aplicaciones como Uber, Cabify y remises. Y hay particulares que se hacen llamar transportes escolares y llevan chicos. Todo eso contribuyó al desmedro de la actividad, junto a la falta de control. Tenemos que cumplir con una serie de requisitos para poder funcionar y todo suma: costos elevados, más el combustible y mantenimiento, entre otros factores”, marcaron desde el rubro en diálogo con este medio.

De la Redacción de EL NORTE
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El rubro de los transportes escolares es otro de los afectados por la crisis económica, por un lado, pero también por la proliferación de las plataformas como Uber, en lo que el sector califica de competencia desigual dado que para otras formas de traslado de menores no se exigen los mismos -y costosos- requisitos.
“Nuestra actividad bajó bastante, aunque siempre tenemos trabajo. Tratamos de mantener el costo del servicio lo mejor que se puede dentro de lo posible. Realmente estamos con un precio bastante bajo por todo lo que conlleva tener un transporte: el mantenimiento de la unidad, los repuestos, el combustible y demás. De por sí nos cuesta bastante adquirirla porque ya no hay planes, sólo el de ahorro”, señalaron en diálogo con EL NORTE.
Los transportistas escolares precisan una serie de requisitos que no se exige en otras modalidades que también trasladan menores: camioneta acondicionada, seguro específico, habilitación de renovación anual, carnet de categoría 2 y 3, entre otros.
Respecto del precio del servicio indicaron que las tarifas varían de acuerdo a la zona que cubren, algunos 100.000 pesos, otros 130.000, por mes -ida y vuelta- por niño o niña.
“Si un adulto tiene que acompañar a un menor en colectivo ida y vuelta a la escuela termina gastando casi doble, con los últimos aumentos”, notaron y agregaron: “Contamos con opciones como el medio viaje y hacemos precio por hermanitos”.
`Competencia desigual`
El sector también plantea otra arista de la actividad: la `competencia desigual` que exponen las aplicaciones que ofrecen servicios de transporte, sin la misma regulación. “También debemos afrontar el factor remises, Uber, taxis. La gente con eso también se acomoda de distintas maneras. Con quien mandan sus hijos queda a criterio de los padres. Al no pagar seguro para chicos ni tener semejante valor como el que tenemos nosotros en la calle, pueden cobrar menos”, reclamaron.
“Si un adulto tiene que acompañar a un menor en colectivo ida y vuelta a la escuela termina gastando casi doble, con los últimos aumentos”, notaron.
“La demanda de nuestro servicio ha caído por la situación económica, el tema del trabajo, pero también por aplicaciones como Uber, Cabify y remises. También hay particulares que se hacen llamar transportes escolares y llevan chicos. Eso contribuyó al desmedro de la actividad, dado la falta de control. Nosotros tenemos que cumplir con una serie de requisitos para poder funcionar con la camioneta, documentación, bancos, apoyacabezas, el seguro específico, la habilitación que se renueva anualmente, el carnet como profesionales de categoría 2 y 3. Enviar a los chicos en Uber o remises queda a conciencia de los papás porque no reúnen las condiciones de traslado de niños”, explicaron.

