La doctrina social de la Iglesia y el legado justicialista

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En tiempos de crisis social y económica, vuelven al centro del debate las ideas de justicia social ligadas al mundo del trabajo. Desde Buenos Aires se plantea la necesidad de desterrar el “descarte laboral” y construir una sola economía, donde no existan excluidos sino una única clase: la de quienes trabajan, con derechos y dignidad.
Para ello, distintos referentes del pensamiento social cristiano proponen avanzar hacia una “economía conversada”, que reúna en una misma mesa a dos actores claves: los sindicatos, llamados a abrazar a los trabajadores descartados de cada actividad, y los empresarios de cada rama productiva, con compromiso social y vocación de desarrollo nacional.
Esta mirada recupera la tradición de la Doctrina Social de la Iglesia y del justicialismo histórico, que concebían la producción nacional como una herramienta para incluir, una por una, a todas las ramas laborales. El objetivo: que nadie quede fuera del sistema formal, con salarios que permitan cubrir transporte, ropa, alimentación, vacaciones y hasta el acceso a la vivienda propia o a una pyme.
Enrique Shaw y el desafío de un empresariado con valores
En este contexto vuelve a mencionarse la figura del empresario Enrique Shaw, cuya causa de canonización avanza en el Vaticano. Director general de la cristalería Rigolleau, empresa que llegó a emplear a unos 4.000 trabajadores, Shaw impulsó prácticas empresariales inspiradas en la Doctrina Social de la Iglesia y fue uno de los motores de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), fundada en 1952.
Su ejemplo es reivindicado como antítesis del “especulador foráneo” y modelo de un empresariado nacional que mira a los trabajadores no como explotados, sino como hermanos. Desde esta óptica se insiste en la “distribución justicialista de la ganancia”, reclamando que los patrones combatan la avaricia y que los sindicatos articulen también con los excluidos del mercado formal.
La realidad de las periferias urbanas, donde se estima que unos cinco millones de personas viven en más de seis mil barrios populares, es presentada como el escenario urgente donde estas ideas deben hacerse carne, con trabajo estable y condiciones de vida dignas.
Peregrinaciones obreras, Perón y los nuevos desafíos de la fe
El texto también recorre antecedentes históricos de la relación entre Iglesia, trabajadores y Estado. Recuerda la primera peregrinación de trabajadores a los pies de la Virgen de Luján, impulsada por el padre Federico Grote, fundador de los “Círculos Católicos de Obreros”, a fines del siglo XIX. Aquellas marchas combinaban oración y reclamos concretos: descanso dominical, salario para las mujeres y prohibición del trabajo infantil.
- La conquista del domingo como día de misa y familia se obtuvo con movilización y fe compartida entre laicos y pastores.
- En el siglo XX, la confluencia entre la doctrina social de la Iglesia y el peronismo fortaleció derechos laborales y acceso a la vivienda.
En esa línea se menciona la tarea de monseñor De Carlo, primer obispo del Chaco, quien impulsó cooperativas de trabajo, donación de tierras de la Iglesia al Estado y el armado de padrones para la primera elección nacional en la provincia, en diálogo con Perón y Evita.
“El justicialismo es la bajada política de la encíclica ‘Rerum Novarum’, que enfrentó al marxismo y al liberalismo”, se afirma, trazando un puente entre la enseñanza de León XIII y los debates actuales.
Finalmente, se alude al pontificado de Roberto Prevost –presentado como León XIV– y a su encíclica ficticia “Magnifica Humanitas”, pensada para reflexionar sobre la vida en tiempos de inteligencia artificial. El llamado es a estudiar y difundir estos documentos para encarnarlos en la compleja pero esperanzadora realidad argentina, donde la justicia social, la fe y el trabajo siguen siendo banderas en disputa.

