Expertos advierten que algunas costumbres diarias, aunque parezcan inofensivas, podrían acelerar el envejecimiento sin que la persona lo note.

El envejecimiento saludable no depende solo de la genética, sino también del estilo de vida. Algunas rutinas cotidianas, aunque parezcan inofensivas, pueden acelerar el deterioro del organismo de manera silenciosa, según expertos consultados por la dietista Victoria Whittington en un artículo publicado recientemente en EatingWell.
El primero de esos hábitos es mantener un horario de sueño irregular. Según investigaciones, dormir menos de lo necesario o cambiar constantemente los horarios puede elevar el azúcar en sangre, aumentar la grasa abdominal y subir el riesgo cardiovascular. La doctora Carol DerSarkissian señaló que esa variabilidad también contribuye al envejecimiento al afectar la salud del corazón.
El segundo mal hábito es comer siempre lo mismo. Aunque se trate de alimentos saludables, una dieta demasiado repetitiva limita la variedad de nutrientes, fibras y compuestos vegetales que necesitan el cerebro y el microbioma intestinal. La doctora Julia Cooney advirtió que esto puede perjudicar la función inmunitaria, la regulación de la inflamación y la salud cognitiva.
El tercer factor es no manejar el estrés crónico. Cuando el estrés se prolonga en el tiempo, genera un desgaste acumulado que puede afectar la piel, el sueño, el apetito y la función mental. “El estrés psicológico crónico no manejado nos envejece silenciosamente por dentro”, afirmó la doctora Lisa George.
¿Cómo remediar esta situación?
Los especialistas recomiendan medidas simples para contrarrestar esos efectos: mantener una hora fija para acostarse y despertarse, variar la alimentación y dedicar unos minutos al día a caminar o respirar profundamente. Según Whittington, estos pequeños ajustes pueden favorecer un envejecimiento más saludable.

