La casa donde nació la Independencia argentina

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En pleno corazón de San Miguel de Tucumán, la Casa Histórica de la Independencia —popularmente conocida como la Casita de Tucumán— se mantiene como uno de los símbolos más fuertes de la construcción nacional. Fue allí donde, el 9 de julio de 1816, los diputados del Congreso de Tucumán firmaron el Acta de la Independencia de las Provincias Unidas de Sudamérica, poniendo fin al dominio político de la Corona española y dando nacimiento a la Argentina como nación soberana.
Hoy, el histórico inmueble funciona como museo nacional y puede recorrerse de manera gratuita. El edificio conserva el Salón de la Jura, el mismo ambiente donde se aprobó la histórica declaración, además de una colección de más de 700 piezas vinculadas al proceso emancipador: mobiliario de época, armas, documentos, monedas, pinturas y objetos religiosos que permiten reconstruir el clima político y social de comienzos del siglo XIX.
La casona se ubica en Congreso 151, a pocos metros de la plaza principal tucumana. Su fachada de estilo colonial, encabezada por el tradicional portal con columnas salomónicas, se transformó en una imagen icónica, repetida en billetes, manuales escolares y actos patrios de todo el país.
De casa familiar a escenario de la Independencia
La historia del edificio se remonta a mediados del siglo XVIII, cuando fue construida como residencia de Francisca Bazán de Laguna, integrante de una de las familias más influyentes de la ciudad. Un siglo y medio más tarde, en 1815, la propietaria cedió la vivienda para que allí sesionara el Congreso de Tucumán, convocado para definir el futuro político de las Provincias Unidas.
Para recibir a los representantes de las distintas jurisdicciones se llevaron adelante reformas internas: se unificaron habitaciones y se creó un gran salón central, que sería el escenario de la jura del 9 de julio de 1816. La casa respondía al típico modelo colonial, con un patio principal rodeado de habitaciones, un segundo patio de servicios y gruesos muros de adobe que resguardaban del calor norteño.
Reconstrucción y preservación de un monumento nacional
Tras el traslado del Congreso a Buenos Aires, la casona fue perdiendo protagonismo y, con el paso de las décadas, sufrió modificaciones que alteraron su fisonomía original. En 1874, el Estado nacional la adquirió y reemplazó la fachada colonial por un frente de estilo clásico, en línea con las tendencias arquitectónicas de la época.
El cambio más drástico llegó a inicios del siglo XX, cuando gran parte del edificio fue demolido y solo se conservó el salón donde se firmó la Independencia, protegido dentro de un templete. Recién en 1941, tras ser declarada Monumento Histórico Nacional, comenzó una reconstrucción integral a cargo del arquitecto Mario Buschiazzo, quien se propuso recuperar la apariencia colonial que tenía la casa en 1816, basándose en planos, descripciones y registros gráficos.
Horarios, visitas y espectáculo de Luz y Sonido
La Casa Histórica de la Independencia se puede visitar de manera gratuita. Los horarios de apertura al público son los siguientes:
- Lunes: cerrado.
- Martes a domingo: de 9:00 a 13:00 y de 15:00 a 19:00.
Además del recorrido por las salas históricas y los patios coloniales, uno de los principales atractivos es el espectáculo de Luz y Sonido, que recrea la gesta independentista mediante proyecciones, narraciones y documentos históricos. La función se realiza de jueves a domingo a las 20.45, también con entrada gratuita.
Para asistir al espectáculo de Luz y Sonido es necesario reservar en forma presencial el mismo día, con DNI. El cupo está limitado a 50 personas por función.
Entre historia viva, patrimonio arquitectónico y actividades culturales, la Casita de Tucumán se consolida como una parada obligada para quienes visitan el norte argentino y una cita ineludible cada 9 de julio, cuando el país vuelve a mirar hacia la casa donde se declaró su independencia.

