Pasaron 24 años de la trágica muerte de Cristian Quiroz, el chico de 5 años que en 1998 cayó en un pozo de 18 metros ubicado en Moreno y Dámaso Valdés y que luego de 33 horas de tener en vilo al país en su rescate, fue sacado sin vida. Por este hecho hubo condenas, pero nadie terminó preso. Oscar, padre de Cristian, en diálogo con EL NORTE, manifestó esa bronca que el tiempo no puede borrar.

Germán Rodríguez
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La bronca está ahí, latente, en cada palabra, en cada gesto, de impotencia ante una Justicia que pareciera no existir para Quiroz y que solo retrotrae a imágenes y recuerdos que no se pierden, que cobran fuerza cada 19 de marzo, aniversario de la fecha en que su hijo de 5 años cayó en el pozo, marcando una de las historias más tristes de nuestra ciudad y por la que, a pesar de todo lo ocurrido, nadie fue a la cárcel.
“No hubo justicia, la Justicia en nuestro país es mala porque hay mucha corrupción, mi hijo fue víctima de la misma. Ese pozo debería haber estado tapado como correspondía y taparlo valía un millón de pesos, alguien se quedó con ese dinero y el pozo nunca se tapó. En ese momento el intendente interino era Corral. Es por la negligencia de la gente que tiene poder, que no le importa la vida humana, como pasó en otros casos similares en el mundo, por la que murió mi hijo. No les importa porque no va nadie a la cárcel. Acá se condenó pero nadie terminó preso, no hay una Justica que condene como corresponde”, expresó Oscar Quiroz ante lo que considera una terrible injustica.
“Ese día recuerdo que llegué tarde de trabajar y me llaman por teléfono diciéndome que en el nene había caído en un pozo. Yo pensé en algo mucho menor, nunca lo que fue realmente, un pozo de 18 metros tan estrecho. Me acuerdo de la gente que estuvo ahí, de los bomberos, de la falta de preparación para estos casos. Hay que dejar de improvisar en algún momento, tener gente especializada para rescates de esa magnitud. Tuvimos después la desgracia del Hotel El Acuerdo y tampoco estábamos preparados y hasta hoy seguimos improvisando”, expresó jugando con la memoria y las imágenes, describiendo sensaciones, recuerdos. “Esa mañana Cristian me dio un beso, me dijo que me amaba y yo me fui a trabajar, nunca más lo vi con vida”, agregó.
El dolor
El mediodía del 19 de marzo de 1998, Cristian regresaba del jardín junto a su madre y, cuando ambos caminaban por la vereda de avenida Moreno, el niño cayó a un pozo de agua hecho por la empresa Topsa S. A.

Los yuyos, la maleza, el pasto y la tierra camuflaban una tapa precaria: una lámina cuadrada de 40 centímetros por lado servía de techo de un pozo cónico de 18 metros de profundidad. Cristian no la vio, pisó en el borde de la chapa, la cual cedió por el peso y cayó.
“Papelito”, un vendedor ambulante que debe su apodo a su físico menudo, muy conocido por los nicoleños, fue el primer voluntario en intentar rescatar a Cristian. No tuvo éxito. Luego intentaron meterse al rescate Maximiliano González, remisero de profesión, y Sebastián Arata, hijo del doctor Carlos Arata, quien bajó con auriculares y micrófonos. Lo intentó dos veces, pero sin éxito. Un bombero de Villa Constitución fue otro voluntario. Reconoció haber visto “una remera o una camisa allá en el fondo”.
Las horas transcurrían y la proeza se postergaba. Unos operarios instalaron la estructura para plantar una carpa sobre el pozo porque el servicio meteorológico nacional pronosticaba para esa primera noche chaparrones aislados. La ciudad ya estaba movilizada. Los medios de comunicación estacionaban sus móviles en la avenida.
El rescate, que mantuvo en vilo a todo el país, duró 33 horas, pero Cristian fue sacado muerto de ese pozo de unos veinte metros de profundidad.
“La gente intentó ayudar, se quiso meter, me acuerdo de ‘Papelito’, Maxi el remisero, el hijo del doctor Aranda, después se hizo un pozo paralelo con una máquina que venía de Campana y que demoró muchísimo. En este país debemos dejar de improvisar”, contó Oscar.
Sin justicia
El fiscal Hugo Vianni había calificado la causa como homicidio culposo y solicitado penas de entre dos y tres años y medio para seis imputados: empresarios y funcionarios, todos vinculados a la construcción de redes de pozos para extracción de agua. El letrado agregó que, además del delito de homicidio culposo, esperaban que los imputados fueran acusados por el delito de violación de los deberes de funcionarios públicos.
En 2001, tres años después de la tragedia, la Justicia de San Nicolás condenó solo a dos años y diez meses de prisión por homicidio culposo a Miguel Ángel Pampalone, dueño de la empresa constructora Topsa S.A., encargada de excavar el pozo para dotar de agua potable a varios barrios de la ciudad. La pena permite la excarcelación durante el proceso. Para el juez Edgard Rodríguez, Pampalone no cumplió “sus facultades decisorias como representante técnico de Topsa S. A., para ordenar el cegado y del motivo evidente del abandono del pozo para evitar los gastos que ello le demandaba”.
Los otros dos condenados fueron el ingeniero y funcionario del municipio Juan José Gómez por poseer “poder excluyente de decisión sobre la obra como para exigir en nombre de la comuna al representante técnico de la contratista el relleno del pozo en cuestión”; y el inspector municipal Claudio Actis. Ninguno cumplió penas en la cárcel aunque sí fueron inhabilitadas sus licencias profesionales.
“Estoy muy enojado con todo lo que pasó, me queda esa sensación de bronca que no se fue en estos años. La Justicia da condenas de 2 a 3 años en suspenso y nadie terminó preso, fue una burla. Se robaron la plata y no pasa nada. Hubo un hecho grande de corrupción con una figura de homicidio culposo y doloso que no se juzga. Me acuerdo que en ese momento la Justicia decía que no se puede juzgar la honorabilidad de los imputados y parece una burla… ¿Qué honorabilidad hay en la corrupción? Funcionarios corruptos y jueces corruptos”, dijo, y además recordó con indignación: “Mientras mi hijo se moría en el pozo yo estaba siendo investigado. Me acuerdo una charla del comisario que hablaba con funcionarios y les decía: ‘El negro está limpio, no tiene nada’. Lo dijeron por mí. Solo les importaba echarme la culpa. Yo no tengo antecedentes penales y si los llegaba a tener, iban a tratar de echarme la culpa a mí. Su bajeza llegó tan lejos que trataban de culparnos a nosotros de una desidia y corrupción enormes. Sacá al nene y después investigá todo lo que quieras. Así actúan, son todos iguales, todos corruptos y con el paso del tiempo nada cambió, hay más corrupción. La bronca no se termina nunca, por más que el tiempo pase. Esos funcionarios corruptos asesinaron a mi hijo y los jueces lo volvieron a matar con sus fallos”, dijo con furia e impotencia, con el dolor de esas heridas que nunca curan.

