Con la llegada de los meses fríos, los puestos de tortas asadas vuelven a poblar distintos sectores de San Nicolás. Detrás de una de las postales más típicas del invierno conviven historias de trabajo, esfuerzo y una actividad que, para algunos, se convirtió en una alternativa para sostener la economía cotidiana.

De la redacción de EL NORTE
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Las bajas temperaturas de junio y julio trajeron nuevamente una imagen que se repite cada invierno en San Nicolás: puestos de tortas asadas instalados sobre avenidas, esquinas y accesos a la ciudad. El aroma de las tortas recién hechas y el humo que se eleva desde improvisados chulengos y parrillas de fabricación casera vuelven a formar parte del paisaje urbano cuando el frío se hace sentir.
Sin embargo, detrás de esa escena cotidiana también aparecen historias que reflejan una realidad más amplia. Para algunos, la elaboración y venta de tortas asadas representa un ingreso adicional. Para otros, en cambio, se transformó con el paso del tiempo en una actividad de la que depende el sustento diario.
El fenómeno encuentra además un contexto particular. Hace pocos días, EL NORTE informó que el aglomerado San Nicolás-Villa Constitución registra la tasa de desocupación más alta del país, con un 10,4%, mientras que casi la mitad de los trabajadores se desempeña en la informalidad y uno de cada tres ocupados trabaja por cuenta propia. En ese escenario, los pequeños emprendimientos y las actividades estacionales adquieren mayor protagonismo como una forma de generar ingresos.
Del desempleo en pandemia a un emprendimiento propio
Manuel conoce esa realidad de primera mano. Hace seis años instaló su puesto de tortas asadas en la zona sur de la ciudad. La decisión llegó en 2020, en plena pandemia, cuando necesitaba encontrar una alternativa laboral.

“Comencé tratando de cumplir una necesidad de empleo. Poco a poco, al darme a conocer, el negocio fue creciendo y hoy esta actividad representa mi principal ingreso”, contó en diálogo con EL NORTE.
Su rutina comienza antes del amanecer. Desde las 6 hasta las 11 de la mañana atiende el puesto; al mediodía dedica varias horas a la producción y por la tarde vuelve a la venta hasta alrededor de las 19. Muchas veces, al regresar a su casa, continúa amasando para abastecer los días siguientes.
“Hay jornadas en las que prácticamente todo el día gira alrededor del trabajo”, resumió. Esa dedicación responde a una actividad que demanda mucho más que las horas en las que el cliente ve el producto exhibido sobre el mostrador.
En el caso de Manuel, el emprendimiento constituye hoy su principal fuente de ingresos y, según asegura, le permite sostener sus gastos cotidianos. Sin embargo, esa realidad no siempre se replica. Muchos vendedores de tortas asadas combinan esta actividad con otros trabajos para completar los ingresos del hogar, especialmente cuando las responsabilidades familiares son mayores o cuando los salarios no alcanzan para cubrir los gastos mensuales.
Ventas variables, costos en alza y un trabajo que depende del clima
Como ocurre con buena parte de las actividades estacionales, el movimiento cambia constantemente. El frío ayuda, pero no garantiza una buena jornada.
“El margen de ventas es muy fluctuante. Depende del momento del mes y también de los factores climáticos. Se puede promediar unas 45 unidades por día: hay días malos de 30 y días buenos de 60”, explicó.
Aun así, aseguró que los últimos meses no fueron sencillos. “Realmente las ventas fueron malas, pese al frío, pero uno intenta flexibilizar el producto que ofrece”, comentó.
A la menor demanda se suma otro desafío: el incremento permanente de los costos. Harina, grasa y carbón conforman la base de la producción y, según explicó, todos registran aumentos durante la temporada invernal.
“No parece, pero un aumento del 25% en el carbón durante los últimos meses genera una diferencia muy grande en los costos, y ese aumento seguirá hasta el final de la temporada”, señaló.
Pese a ese escenario, procura mantener un mismo precio durante todo el invierno y absorber, en la medida de lo posible, las subas que se producen mientras transcurre la temporada.
También identificó un comportamiento que se repite semana tras semana: los lunes suelen ser los días más tranquilos, mientras que las ventas crecen a medida que se acerca el fin de semana, con los viernes como la jornada de mayor movimiento.
Más puestos y una actividad que busca consolidarse
Manuel sostiene que en los últimos años comenzó a observar una mayor cantidad de puestos de tortas asadas en distintos sectores de San Nicolás. Frente a esa competencia, asegura que su apuesta pasa por otro lado. “Me preocupo por mantener la calidad, más allá del precio”, afirmó.
Consultado sobre la rentabilidad de la actividad, explicó que, en su caso, el emprendimiento le permite vivir y afrontar sus gastos cotidianos. Sin embargo, reconoce que se trata de un trabajo exigente, con una demanda física importante y un período de mayor actividad que se concentra en los meses más fríos del año.
Su objetivo, de cara al futuro, es seguir fortaleciendo el emprendimiento, incorporar nuevos productos y ampliar la oferta para que el puesto continúe creciendo más allá de cada temporada.
Mientras las mañanas heladas continúen marcando el ritmo del invierno nicoleño, los puestos de tortas asadas seguirán formando parte del paisaje urbano. Detrás de cada uno hay historias distintas. Algunas comenzaron como un ingreso complementario; otras, como la de Manuel, nacieron de una necesidad laboral y terminaron convirtiéndose en un proyecto de trabajo propio, en una ciudad donde el empleo y la generación de ingresos siguen siendo uno de los principales desafíos cotidianos.

