Cambian las formas de despedir a un ser querido y la cremación gana terreno en San Nicolás

En los últimos años se consolidó una tendencia que modificó las prácticas funerarias tradicionales. Cada vez más familias eligen la cremación por sobre el sepelio convencional, una decisión en la que confluyen cambios culturales, nuevas formas de vivir el duelo y también factores económicos.

De la redacción de EL NORTE
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Durante décadas, el sepelio en un nicho o una parcela fue la opción elegida por la mayoría de las familias al momento de despedir a un ser querido. Esa costumbre, profundamente arraigada en distintas generaciones, comenzó a transformarse de manera sostenida y hoy la cremación ocupa un lugar cada vez más importante entre las decisiones que toman los nicoleños.

La tendencia no responde a un hecho puntual ni a un cambio reciente. Quienes trabajan desde hace años en el ámbito funerario coinciden en que se trata de un proceso que se consolidó durante la última década y que refleja una modificación cultural en la forma de entender las despedidas, el recuerdo y el destino final de los restos.

Aunque durante mucho tiempo la cremación estuvo asociada a ciertas resistencias religiosas o culturales, hoy esa percepción cambió. Distintas confesiones comenzaron a aceptarla y, al mismo tiempo, nuevas generaciones adoptaron una mirada diferente sobre estas prácticas. En ese contexto, el vínculo con los cementerios también parece haber cambiado.

“Los más jóvenes ya no van al cementerio”, señalan desde el sector al describir una realidad que se repite con frecuencia. La visita periódica a una parcela o a un nicho, una práctica habitual para muchas familias durante décadas, perdió protagonismo, no solo entre jóvenes, sino también entre muchos adultos que hoy mantienen otras formas de recordar a quienes ya no están.

Ese cambio también se refleja en decisiones que años atrás resultaban poco habituales. Algunas familias optan por cremar los restos de familiares que habían sido sepultados tiempo atrás, mientras que otras personas manifiestan en vida su deseo de ser cremadas para evitar que sus hijos o nietos deban afrontar en el futuro el mantenimiento de una sepultura.

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Junto con ese cambio cultural aparece un aspecto que también pesa en la decisión. La diferencia de costos entre ambas alternativas es significativa. Según explican desde el sector, una cremación representa un gasto considerablemente menor que un sepelio tradicional y, además, evita los costos de mantenimiento que implican los nichos o las parcelas con el paso de los años.

Sin embargo, quienes observan esta evolución sostienen que el factor económico, aunque importante, no explica por sí solo la tendencia. La elección suele combinar distintos motivos y responde a nuevas formas de concebir el duelo, el recuerdo y la despedida de un ser querido.

En paralelo, también comenzaron a modificarse algunos rituales que históricamente acompañaban estos momentos. Aunque el velatorio continúa siendo una instancia elegida por muchas familias, cada vez son más frecuentes las despedidas más íntimas o las ceremonias adaptadas a las preferencias de cada persona. La decisión sobre qué hacer con las cenizas, conservarlas, depositarlas en un cinerario o esparcirlas en un lugar significativo, también pasó a formar parte de esas nuevas formas de transitar el duelo.

Planificación

Quienes siguen de cerca la evolución de estas prácticas coinciden en que las decisiones suelen conversarse cada vez con mayor anticipación dentro de las familias. En muchos casos son las propias personas quienes expresan en vida cómo desean que sea su despedida, una situación que años atrás era mucho menos habitual y que refleja una mayor naturalidad para abordar un tema que durante mucho tiempo permaneció relegado al ámbito privado.

Más allá de las diferencias económicas, el crecimiento de las cremaciones expresa una transformación más amplia en las costumbres de la sociedad. Así como cambian las formas de vivir, las creencias y los vínculos familiares, también evolucionan las maneras de despedir a quienes forman parte de la historia de cada familia. En San Nicolás, esa evolución comenzó hace varios años y hoy se consolida como una tendencia que redefine una de las tradiciones más arraigadas de la vida comunitaria.

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