Informe mundial revela cómo las drogas se expanden con apoyo de la tecnología

NewsITe
La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) difundió su último Informe Mundial sobre las Drogas, donde advierte que la combinación de avances tecnológicos, nuevos tipos de sustancias y un contexto internacional inestable está siendo capitalizada por las redes de narcotráfico para expandir sus negocios a escala planetaria.
Según el organismo, los traficantes utilizan plataformas digitales, mensajería encriptada y mercados en la web profunda para probar rutas alternativas, diversificar métodos de comercio y llegar a nuevos consumidores con una velocidad inédita. Este fenómeno se traduce en un repertorio cada vez más amplio de drogas disponibles y en una capacidad renovada de eludir los controles estatales.
La directora ejecutiva de la UNODC, Monica Juma, subraya en el informe que el mundo enfrenta “un aumento sin precedentes de nuevos tipos de drogas en el mercado y, de forma preocupante, algunas son más potentes o peligrosas que antes”. Las consecuencias ya se sienten: muertes prematuras, años de vida saludable perdidos, economías presionadas por el narcotráfico y comunidades atravesadas por la violencia.
Consumo en alza y fabricantes cada vez más ingeniosos
El estudio estima que 331 millones de personas consumieron alguna droga en 2024, lo que equivale al 6,2% de la población mundial de entre 15 y 64 años. Diez años atrás, esa proporción rondaba el 5,2%. El cannabis continúa siendo la sustancia ilegal más utilizada, con 256 millones de usuarios, seguido por los opioides (63 millones), las anfetaminas (32 millones), la cocaína (25 millones) y el éxtasis (21 millones).
En paralelo, se registra una innovación constante por parte de fabricantes y traficantes para esquivar regulaciones y evitar la detección. Entre los decomisos realizados en 2024 se hallaron cinco veces más tipos de drogas que las que se conocían antes del año 2000. Las llamadas nuevas sustancias psicoactivas (NSP) alcanzaron las 755 identificadas en el mercado, de las cuales 118 fueron reportadas por primera vez, lo que configura un escenario extremadamente dinámico y difícil de controlar.
Opioides sintéticos, metanfetamina y el rol del cannabis
El informe también detalla cambios profundos en el mercado de los opioides. La prohibición del cultivo de opio en Afganistán desde 2022 redujo drásticamente la producción de opio y heroína en ese país, que llegó a superar las 6.000 toneladas de opio. Si bien Myanmar incrementó su producción hasta superar las 1.000 toneladas en 2025, ese aumento no compensa la caída afgana, lo que abre espacio a nuevas alternativas ilícitas.
En ese contexto, se expande la oferta de opioides sintéticos como el fentanilo y sus análogos, los nitazenos y las orfinas. La UNODC advierte que un desplazamiento sostenido desde los opiáceos de origen vegetal hacia estas variantes sintéticas podría generar un cambio estructural en el mercado mundial, con impactos directos en las formas de consumo y en los daños asociados, especialmente sobredosis y episodios de intoxicación masiva.
La metanfetamina, por su parte, dejó de ser un fenómeno acotado a ciertas regiones y se transformó en una droga de alcance global. La expansión de nuevas rutas de tráfico multiplicó los mercados en Oriente Próximo y Medio, África y distintas zonas de Europa, mientras que los decomisos crecieron en promedio un 13% anual, traccionados por Asia Oriental y Sudoriental.
El cannabis ocupa un capítulo aparte. La UNODC vincula su incremento con cambios en la percepción social y con las políticas de legalización o despenalización adoptadas en varias jurisdicciones, en especial de América del Norte. El consumo de cannabis aumentó un 40% en la última década, pasando de una prevalencia del 3,8% de la población adulta en 2014 al 4,8% en 2024, en un escenario donde los decomisos también alcanzaron niveles récord.
Cocaína en expansión y el impacto en la seguridad
La producción mundial de cocaína continuó en ascenso y, de acuerdo con la UNODC, se multiplicó por más de cuatro en los últimos diez años hasta superar las 4.000 toneladas en estado puro durante 2024. La mejora en la productividad de los cultivos y la ampliación de las superficies sembradas explican, en gran medida, este incremento sostenido.
Los grupos del crimen organizado aprovechan este contexto para introducir volúmenes cada vez mayores de cocaína en mercados consolidados y emergentes. Además de Europa Occidental y Central, América del Norte y Oceanía –sus plazas tradicionales–, los carteles buscan ampliar su base de clientes hacia nuevas regiones, lo que podría derivar en que la oferta supere a la demanda en el corto plazo, con potenciales caídas de precios y mayor accesibilidad.
El impacto del fenómeno trasciende el ámbito sanitario. El informe subraya que el consumo de drogas se vincula con delitos patrimoniales, violencia intrafamiliar y comunitaria, así como con la victimización de las personas usuarias. A ello se suman factores de vulnerabilidad estructural –pobreza, falta de vivienda, problemas de salud mental– y la insuficiencia de servicios de tratamiento y contención.
“La necesidad de centrarse en desarticular a los grupos del crimen organizado nunca ha sido tan urgente. Debemos intensificar los esfuerzos de disuasión, aumentar el intercambio de inteligencia y coordinar operaciones conjuntas, al tiempo que invertimos más en prevención y tratamiento”, remarca la directora de la UNODC.
El organismo plantea que enfrentar el negocio global de las drogas exige no sólo cooperación internacional y estrategias de seguridad más sofisticadas, sino también políticas públicas integrales que aborden las causas profundas del consumo y fortalezcan los sistemas de salud, educación y protección social.

