Alerta sanitaria en Venezuela tras los devastadores terremotos

NewsITe
Buenos Aires, 4 de julio (NA) – A poco más de una semana de los devastadores terremotos del 24 de junio en Venezuela, la emergencia ingresa en una etapa crítica: mientras se apagan las esperanzas de hallar sobrevivientes bajo los escombros, crecen las señales de alarma por el riesgo de brotes epidémicos en las zonas más afectadas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) advirtieron que el hacinamiento en refugios, la falta de condiciones de higiene adecuadas y la interrupción de servicios básicos conforman un escenario propicio para la propagación de enfermedades transmisibles.
El punto más sensible es la baja cobertura de vacunación que ya arrastraba Venezuela antes del desastre. Según explicó Ciro Ugarte, director de Emergencias de la OPS, la alta concentración de familias en campamentos temporales, sumada a las dificultades para sostener esquemas de inmunización, elevan considerablemente el riesgo de reaparición de patologías como el sarampión. Ante este panorama, se analizan campañas de vacunación selectiva y de refuerzo en las zonas más expuestas.
Agua, saneamiento y hospitales bajo presión
Otro frente crítico es el acceso al agua potable. La OMS remarcó la necesidad de monitorear en forma constante la calidad del agua que se distribuye en los refugios donde permanecen miles de desplazados. La combinación de escasez del recurso, hacinamiento y saneamiento deficiente incrementa el riesgo de infecciones gastrointestinales y otras enfermedades de transmisión hídrica.
La situación es especialmente delicada en La Guaira, el estado más golpeado por los sismos. Allí, muchos vecinos todavía remueven escombros con herramientas precarias en busca de familiares desaparecidos, mientras los equipos internacionales de rescate comienzan a ser reemplazados por brigadas sanitarias y especialistas en salud pública.
Los expertos advierten además sobre la exposición a fluidos cloacales y a cuerpos en descomposición, una combinación que podría disparar cuadros de diarrea aguda, conjuntivitis y otras infecciones. A ello se suma la amenaza de enfermedades transmitidas por vectores –como mosquitos y otros insectos– en los asentamientos temporales, donde la acumulación de agua estancada y residuos facilita su proliferación.
Daños en la red sanitaria y llamado internacional de ayuda
La capacidad de respuesta del sistema de salud también se encuentra al límite. La OPS confirmó que ocho hospitales evaluados necesitan asistencia urgente y que tres de ellos presentan daños estructurales severos, lo que condiciona tanto la atención de emergencia como la continuidad de tratamientos habituales.
El Hospital José María Vargas, uno de los principales centros de referencia, atraviesa una situación extrema: 96 pacientes están internados en una sala diseñada para apenas ocho camas, con reservas de sangre prácticamente agotadas. El Hospital Rafael Medina Jiménez, en tanto, debió reducir su capacidad de 108 a solo 35 camas, lo que obliga a derivaciones y prolonga los tiempos de atención.
De acuerdo con el último balance oficial difundido por las autoridades venezolanas, los terremotos dejaron al menos 2.954 muertos y 16.592 heridos. Además, unas 16.000 personas perdieron sus hogares, según estimaciones de la OMS, y dependen hoy de la asistencia humanitaria para acceder a techo, agua y atención médica básica.
“La emergencia entra en una nueva fase”
Frente a este cuadro, la OPS lanzó un llamamiento internacional para reunir 24 millones de dólares destinados a financiar los primeros seis meses de asistencia sanitaria y humanitaria, con el objetivo de llegar a unas 700.000 personas afectadas directa o indirectamente por los sismos.
“La emergencia sanitaria está entrando en una nueva fase”, resumió el director de la OPS, Jarbas Barbosa, al subrayar que, en esta etapa, prevenir brotes epidémicos será tan determinante como lo fue el rescate de sobrevivientes en los días posteriores al desastre.
Los organismos internacionales insisten en que el trabajo coordinado entre el gobierno venezolano, agencias humanitarias y socios regionales será clave para reforzar la vigilancia epidemiológica, garantizar agua segura y fortalecer una red hospitalaria golpeada por los daños materiales y la sobredemanda. Evitar una crisis sanitaria mayor se ha convertido ahora en el principal desafío.

