El estrés del hincha, bajo la lupa de los cardiólogos

Mirar un partido decisivo de la Selección Argentina en un Mundial no es una simple experiencia deportiva. De acuerdo con el cardiólogo Martín Lombardero, miembro titular de la Sociedad Argentina de Cardiología, ese momento de máxima tensión pone en marcha el sistema cardiovascular de una manera particular, distinta del esfuerzo físico y también de un peligro real, como puede ser un asalto o una catástrofe.
En los tres casos –ejercicio, amenaza concreta y partido definitorio– se activan mecanismos similares: se eleva la frecuencia cardíaca, aumenta la presión arterial y se liberan hormonas como adrenalina y cortisol, que también suben el azúcar en sangre. Sin embargo, los perfiles neuroendocrinos, vasculares e inmunológicos son diferentes, y eso modifica el riesgo real para el corazón.
Lombardero explica que el estrés agudo puede presentarse de tres formas: el que busca salvar la vida ante un peligro, el que adapta el cuerpo al entorno a través del ejercicio, y el del hincha frente al televisor, un desajuste evolutivo que activa un organismo listo para correr o pelear, pero que permanece inmóvil en un sillón.
Partido decisivo: una montaña rusa emocional
Ante un peligro concreto, la descarga de adrenalina puede superar en segundos los 10.000 pg/dl, la sangre se deriva a músculos y cerebro y el episodio suele durar apenas instantes. Si la amenaza pasa, el sistema simpático se apaga rápido. En el ejercicio, en cambio, el cuerpo está preparado: aunque suben la presión y las hormonas del estrés, predomina la vasodilatación, aumenta el flujo coronario y el sistema parasimpático devuelve el equilibrio en minutos. Esa respuesta, subraya el especialista, es saludable y protectora.
El estrés del hincha es distinto: se caracteriza por cambios rápidos y opuestos de emociones. En apenas un par de horas se suceden miedo, enojo, esperanza, euforia, frustración y alivio. El cerebro interpreta el partido como amenaza, pero no hay descarga motora; el cuerpo se prepara para huir o luchar, aunque la persona siga sentada. Por eso, la taquicardia y la presión alta pueden continuar durante varias horas después del silbatazo final.
Estudios internacionales respaldan esta observación. Durante una copa europea, se observó que pacientes con cardiopatías mantuvieron cifras elevadas de presión arterial por largo tiempo tras el partido. Un trabajo realizado en el Mundial 2006 en Alemania registró una incidencia de eventos cardiovasculares agudos 2,6 veces superior a períodos sin Mundial, sobre todo en hombres con antecedentes cardíacos.
Riesgos y recomendaciones para disfrutar del Mundial
Según Lombardero, la situación de mayor riesgo para el corazón sigue siendo la exposición a un peligro real en una persona con enfermedad coronaria no tratada. El ejercicio, bien indicado, se ubica en el extremo opuesto: reduce de siete a ocho veces la probabilidad de muerte súbita y disminuye hasta 50 veces el riesgo de infarto. El estrés del hincha queda a mitad de camino: puede gatillar eventos en personas con factores de riesgo previos, pero también ofrece un componente protector, el social, porque compartir el partido con familia o amigos libera oxitocina, fortalece vínculos y atenúa parte de la respuesta al estrés.
Para quienes conviven con alguna patología cardiovascular, los especialistas recomiendan tomar recaudos durante los partidos del Mundial. Entre ellos, posponer el ejercicio intenso para varias horas después del encuentro o directamente para el día siguiente, recordar que el organismo tardará horas en lograr una relajación plena y optar por actividades de baja intensidad, como una caminata suave antes o después del partido.
- Evitar comidas muy saladas, como las clásicas “picadas” abundantes.
- No olvidar la medicación habitual, aun en medio de la vorágine futbolera.
- Reducir o suprimir el consumo de alcohol y no fumar, especialmente ese día.
- Practicar respiración consciente antes y después del encuentro para ayudar a bajar pulsaciones.
- Priorizar el disfrute en familia y no permitir que la pasión desborde hasta un punto peligroso.
“Ver un Mundial estresa al corazón de forma distinta, pero ese impacto puede regularse si aprendemos a manejar las emociones”, resume Lombardero.
Los cardiólogos destacan que, más allá de la pasión por la camiseta, es posible proteger el corazón combinando controles médicos, ejercicio regular y estrategias de manejo del estrés. En definitiva, la mente tiende a creer lo que uno le repite: transformar el partido en una fiesta compartida, y no en una amenaza, puede ser el mejor gol a favor de la salud.

