El Informe Mundial sobre las Drogas 2026 de la ONU advirtió que 331 millones de personas consumieron sustancias ilícitas durante 2024, la cifra más alta registrada. El estudio también alertó sobre la producción récord de cocaína, el avance de las drogas sintéticas y el crecimiento de las incautaciones en Argentina.

El consumo de drogas continúa en aumento a nivel mundial y alcanzó su nivel más alto del que se tenga registro. Así lo advirtió la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) en el Informe Mundial sobre las Drogas 2026, presentado el 26 de junio, que estimó que 331 millones de personas consumieron alguna sustancia ilícita durante 2024. La cifra equivale al 6,2 % de la población mundial de entre 15 y 64 años y representa un incremento del 34 % respecto de hace una década.
Según el organismo, este crecimiento no puede atribuirse únicamente al aumento de la población mundial, que durante el mismo período fue cercano al 10 %. La ONU sostiene que también existió un incremento real de la prevalencia del consumo, acompañado por una mayor disponibilidad de información estadística y sistemas de monitoreo más precisos.
Las diferencias entre regiones continúan siendo marcadas. América y Asia concentran la mayor cantidad absoluta de consumidores, con alrededor de 105 millones de personas en cada continente, seguidas por África, con 74 millones. Sin embargo, las mayores tasas de prevalencia se registran en Oceanía, donde el 15,5 % de la población consumió drogas durante el último año, y en América, con un 15 %, muy por encima del promedio mundial.
La UNODC aclara que la mayoría de las personas mantiene consumos ocasionales y no desarrolla dependencia. No obstante, advierte que el crecimiento sostenido del universo de consumidores también incrementa la cantidad de personas expuestas a patrones problemáticos, trastornos por consumo y consecuencias sanitarias cada vez más complejas.
Trastornos por consumo: solo una de cada doce personas recibe tratamiento
El aumento del consumo tiene un correlato directo en los sistemas de salud. Durante 2024, unas 63 millones de personas padecieron trastornos asociados al consumo de drogas, según la ONU.
Los opioides —principalmente la heroína y los analgésicos opioides utilizados de manera indebida— continúan siendo las sustancias que generan la mayor carga mundial de enfermedad. Detrás se ubican el cannabis, la cocaína y los estimulantes de tipo anfetamínico.
Paradójicamente, el cannabis sigue siendo la droga por la que más personas ingresan a tratamientos especializados. El informe explica que, aunque presenta un menor potencial de dependencia que otras sustancias, continúa siendo por amplio margen la droga ilícita más consumida del planeta.
Pese a la magnitud del problema, el acceso a tratamientos especializados continúa siendo muy limitado. La UNODC estima que apenas una de cada doce personas con trastornos por consumo recibió algún tipo de asistencia durante 2024.
La brecha también presenta un fuerte componente de género. Mientras uno de cada nueve hombres logró acceder a un tratamiento, entre las mujeres la proporción descendió a una de cada veintitrés.
El organismo atribuye esa desigualdad a múltiples factores, entre ellos el estigma social, la escasez de servicios adaptados a las necesidades de las mujeres, el temor a sanciones legales, la ausencia de redes de cuidado infantil y el miedo a perder la custodia de los hijos durante un tratamiento. También menciona limitaciones estructurales como la falta de financiamiento, la escasez de profesionales especializados y la reducida disponibilidad de medicamentos para algunos tipos de dependencia.
Casi medio millón de muertes y un creciente impacto sanitario
El informe también alerta sobre las consecuencias del consumo de drogas para la salud pública.
De acuerdo con las estimaciones del Estudio Global sobre la Carga de Enfermedad, 492.000 personas murieron en 2023 por causas vinculadas al consumo de drogas. De ese total, 172.500 fallecimientos correspondieron a causas directas, como las sobredosis, mientras que el resto estuvo asociado a enfermedades, accidentes, suicidios y otras complicaciones derivadas del consumo.
La cifra representa un aumento del 29 % respecto de hace diez años, aunque la ONU observa que entre 2022 y 2023 la mortalidad mostró una estabilización luego de décadas de incrementos continuos.
Entre las principales consecuencias sanitarias del consumo inyectable aparece la hepatitis C. Durante 2024, alrededor de 14,3 millones de personas utilizaron drogas por vía intravenosa; de ellas, casi 7 millones convivían con hepatitis C y otras 1,7 millones eran portadoras de VIH.
La ONU advierte además que quienes se inyectan drogas presentan un riesgo catorce veces mayor de contraer VIH que el resto de la población.
Otro de los aspectos destacados por el informe es la estrecha relación entre el consumo de sustancias y los trastornos de salud mental. Ambas problemáticas suelen coexistir y retroalimentarse, lo que incrementa la gravedad clínica de los pacientes, dificulta su recuperación y reduce la eficacia de los tratamientos.
La producción de cocaína alcanzó niveles sin precedentes
Además del crecimiento sostenido del consumo, la UNODC identifica al mercado de la cocaína como uno de los fenómenos más preocupantes de la actualidad.
El organismo sostiene que la producción mundial de cocaína alcanzó un nivel récord. En apenas una década, la producción potencial de cocaína pura se multiplicó por más de cuatro como consecuencia del aumento de los cultivos de coca y de una mayor capacidad de procesamiento destinada a abastecer una demanda internacional en constante expansión.
La ONU advierte que este fenómeno dejó de estar circunscripto a los países históricamente vinculados con la producción o el consumo. En los últimos años, el mercado se extendió hacia nuevas regiones y las organizaciones criminales adaptaron rápidamente sus estrategias para sostener ese crecimiento.
Entre los principales cambios detectados aparecen la utilización de puertos de menor tamaño, la apertura de nuevos corredores de tránsito, una mayor diversificación logística y el uso creciente de herramientas tecnológicas para dificultar los controles fronterizos y la tarea de las fuerzas de seguridad.
Para la UNODC, esta capacidad de adaptación demuestra la flexibilidad con la que operan las organizaciones criminales frente a los cambios en las políticas estatales, los controles aduaneros y las condiciones geopolíticas.
Las drogas sintéticas modifican el escenario mundial
El informe también advierte que el mercado de las drogas sintéticas continúa expandiéndose y representa uno de los mayores desafíos para los sistemas de control internacionales.
Durante 2024 fueron notificadas 755 nuevas sustancias psicoactivas (NSP), el mayor número registrado en un solo año desde que comenzó el monitoreo internacional. La mayoría corresponde a compuestos sintéticos elaborados en laboratorios clandestinos.
Según la ONU, estas sustancias pueden fabricarse con relativa facilidad, modificarse químicamente para eludir los controles internacionales y distribuirse rápidamente mediante redes criminales altamente flexibles, lo que dificulta tanto su identificación como su persecución.
El crecimiento también alcanza a los estimulantes de tipo anfetamínico. Aunque América del Norte y Asia oriental continúan concentrando los principales mercados de metanfetamina, la UNODC detectó una expansión sostenida en otras regiones.
Como ejemplo menciona a Oriente Medio, donde las restricciones al tráfico de captagon fueron seguidas por un rápido crecimiento del comercio de metanfetaminas, un fenómeno que refleja la capacidad de adaptación de las organizaciones dedicadas al narcotráfico.
El informe también alerta sobre las nuevas sustancias psicoactivas que suelen comercializarse mezcladas con otras drogas sin que los consumidores conozcan su composición.
Entre los mayores riesgos sanitarios aparecen los derivados del fentanilo y los nitazenos, opioides sintéticos extremadamente potentes que pueden provocar sobredosis incluso en dosis muy pequeñas y cuya detección continúa representando un desafío para numerosos países.
Afganistán modificó el mercado mundial de la heroína
Otro de los cambios estructurales señalados por la UNODC está relacionado con la producción de opio.
Tras la prohibición del cultivo de amapola implementada por las autoridades afganas, la producción permaneció en niveles históricamente bajos, alterando de manera significativa la disponibilidad mundial de heroína.
El organismo considera que esta situación podría acelerar la sustitución de la heroína por opioides sintéticos en distintos mercados consumidores, ya que estos últimos dependen menos de los cultivos tradicionales para su fabricación.
La ONU advierte que una transición de esas características incrementaría los riesgos sanitarios debido a la elevada potencia de muchas sustancias sintéticas y a la dificultad para identificar con precisión su composición.
El consumo también impacta sobre la seguridad y la violencia
Por primera vez, el Informe Mundial sobre las Drogas incorpora un capítulo específico dedicado a analizar la relación entre el consumo, la seguridad y las comunidades.
La UNODC aclara que el consumo de drogas no constituye por sí mismo una causa directa de violencia. Sin embargo, sostiene que puede interactuar con factores sociales, económicos y criminales que incrementan los riesgos para las personas y los entornos donde viven.
Entre los delitos asociados al consumo problemático, el informe menciona los llamados delitos económico-compulsivos, vinculados con personas que recurren a robos menores u otras actividades ilegales para obtener dinero destinado a la compra de drogas, especialmente cuando existe dependencia de sustancias de alto costo como la heroína o la cocaína.
La ONU también advierte que las comunidades más vulnerables suelen enfrentar un escenario donde convergen pobreza, exclusión social, mercados ilegales, violencia y consumo problemático.
En esos contextos aumentan los riesgos de victimización, la circulación de armas, los enfrentamientos entre organizaciones criminales y la propagación de enfermedades como el VIH y la hepatitis C. A ello se suma una mayor presión sobre los sistemas de salud y los servicios de asistencia social.
Frente a este panorama, la UNODC sostiene que comprender la interacción entre estos factores resulta indispensable para diseñar políticas públicas integrales que combinen prevención, salud, acceso al tratamiento, justicia y seguridad.
Argentina: aumentaron las incautaciones de cocaína y drogas sintéticas, mientras cambia el mercado del cannabis
Si bien el Informe Mundial sobre las Drogas 2026 no dedica un capítulo exclusivo a Argentina, la base estadística elaborada por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) permite identificar cambios relevantes en el mercado nacional durante los últimos años.
Uno de los indicadores más significativos corresponde al crecimiento de las incautaciones de cocaína. Según los datos incorporados al informe, las fuerzas de seguridad secuestraron 5.508 kilogramos en 2020, mientras que en 2024 los decomisos alcanzaron los 14.339 kilogramos, lo que representa un incremento superior al 160 % en apenas cuatro años.
La base estadística también registra importantes incautaciones de hojas de coca, que rondaron las 145 toneladas durante el período analizado.
El informe no atribuye este crecimiento a una causa específica, aunque incorpora los datos como parte de la evolución del mercado ilegal de drogas en el país.
El mercado del cannabis muestra un cambio de perfil
La información recopilada por la UNODC también refleja una transformación en el mercado ilegal del cannabis.
Mientras las incautaciones de marihuana prensada descendieron de 236,6 toneladas en 2020 a 122,9 toneladas en 2024, aumentaron de forma sostenida los decomisos de flores y cogollos con mayores concentraciones de THC.
Para el organismo, esta evolución evidencia un cambio en la composición del mercado ilícito, con una creciente presencia de cannabis de alta potencia en reemplazo del tradicional ingreso de marihuana prensada.
La ONU señala que este fenómeno también se observa en otros países de América del Sur, aunque aclara que el informe no establece cuáles son las causas que explican esa modificación.
Las drogas sintéticas también ganan terreno
Otro de los cambios detectados por la UNODC está vinculado con la expansión del mercado de drogas sintéticas.
Las incautaciones de ketamina pasaron de 54,3 kilogramos en 2020 a 228,7 kilogramos en 2024, lo que evidencia un crecimiento significativo de esta sustancia dentro del mercado ilegal argentino.
Además, el organismo ubica a Argentina entre los países donde fueron detectados laboratorios destinados a la elaboración de MDMA (éxtasis) fuera de las regiones que históricamente concentraban esa producción.
El país aparece mencionado junto con Chile y Canadá dentro del análisis internacional sobre la expansión geográfica de la fabricación de drogas sintéticas.
A su vez, durante el período analizado también se registró el secuestro de más de 125 kilogramos de sustancias vinculadas con la elaboración de MDMA.
Qué muestran los datos sobre el consumo
La base estadística utilizada por la UNODC incorpora además indicadores elaborados a partir de información oficial suministrada por Argentina.
Entre ellos figura una prevalencia anual del consumo de cocaína del 0,9 % entre la población de 15 a 64 años.
El informe también señala un incremento del consumo reciente de cocaína entre estudiantes secundarios respecto de mediciones anteriores, de acuerdo con los relevamientos oficiales considerados para la elaboración del estudio.
Las estimaciones sobre mortalidad
El informe incorpora además indicadores sobre el impacto sanitario del consumo de sustancias psicoactivas en Argentina.
Según las estimaciones del Global Burden of Disease Study, metodología utilizada por la UNODC para realizar comparaciones internacionales, el país registró 12.670 muertes relacionadas con el consumo de drogas en personas de entre 15 y 64 años.
El organismo aclara que estas cifras corresponden a estimaciones internacionales elaboradas a partir de las bases de carga global de enfermedad utilizadas para la confección del informe y no a un registro específico desarrollado por la propia UNODC.
Un fenómeno cada vez más complejo
El Informe Mundial sobre las Drogas 2026 concluye que el fenómeno de las drogas ilícitas continúa evolucionando tanto en escala como en complejidad e impacto social.
La UNODC sostiene que el crecimiento simultáneo del consumo, la producción récord de cocaína, la expansión de las drogas sintéticas, la aparición constante de nuevas sustancias psicoactivas y la capacidad de adaptación de las organizaciones criminales configuran un escenario cada vez más desafiante para los Estados.
El organismo advierte que el mercado mundial de las drogas cambia con mayor rapidez que las respuestas institucionales. La diversificación de las rutas de tráfico, el uso de nuevas tecnologías, la expansión hacia mercados emergentes y la fabricación de sustancias sintéticas capaces de eludir los controles internacionales obligan a los gobiernos a revisar permanentemente sus estrategias.
Al mismo tiempo, la ONU señala que las consecuencias ya no se limitan al consumo. El fenómeno también impacta sobre los sistemas de salud, la seguridad pública, la justicia y el tejido social, al aumentar la demanda de tratamientos especializados, favorecer la propagación de enfermedades infecciosas y fortalecer el accionar de organizaciones criminales con capacidad para adaptarse rápidamente a los cambios del contexto internacional.
En ese escenario, la UNODC sostiene que las políticas centradas únicamente en el control de la oferta resultan insuficientes para enfrentar un problema de alcance global.
Por ese motivo, el organismo propone fortalecer estrategias integrales sustentadas en evidencia científica que articulen acciones de prevención, atención sanitaria, acceso al tratamiento, reducción de daños, cooperación internacional, justicia y seguridad.
El informe concluye que solo mediante respuestas coordinadas entre los distintos niveles del Estado y la comunidad internacional será posible reducir los daños asociados al consumo, salvar vidas y fortalecer la seguridad de las comunidades frente a un fenómeno que continúa expandiéndose en prácticamente todas las regiones del mundo.

