BCG: la vacuna clave que protege al recién nacido

La primera barrera contra la tuberculosis en la infancia

Aplicación de la vacuna BCG en un recién nacido en Argentina

Cada 1° de julio se conmemora el Día de la vacuna BCG, una fecha que busca recordar la importancia de la primera inmunización que reciben los recién nacidos en la Argentina y en gran parte del mundo. Se trata de una herramienta fundamental para prevenir las formas más graves de tuberculosis en la infancia, una enfermedad que, sin tratamiento ni vacunación, puede ser potencialmente mortal.

La BCG –siglas de Bacilo Calmette-Guérin– fue desarrollada por los científicos franceses Albert Calmette y Camille Guérin y se aplicó por primera vez en 1921, utilizando una forma atenuada del bacilo bovino. Más de un siglo después, continúa siendo la única vacuna disponible para prevenir la tuberculosis y forma parte del Calendario Nacional de Vacunación: es obligatoria, gratuita y se indica en una única dosis, idealmente antes de que el bebé deje la maternidad.

Su función central es proteger a los bebés y a los niños pequeños de las formas más graves de la enfermedad, como la meningitis tuberculosa y la tuberculosis miliar, cuadros que pueden causar secuelas severas o incluso la muerte. Diversos estudios estiman que la eficacia de la vacuna frente a estas formas graves se ubica entre el 70% y el 86%, por lo que continúa siendo considerada una herramienta imprescindible de salud pública.

Reacciones normales y cuándo consultar al pediatra

Al ser la primera vacuna que recibe el recién nacido, es habitual que surjan dudas y temores en las familias. La médica Valeria El Haj explica que la BCG genera una reacción local en el hombro derecho que, lejos de ser un motivo de alarma, indica que el sistema inmune está respondiendo correctamente.

En las semanas posteriores a la aplicación aparece una pequeña zona roja que luego se transforma en una ampolla y, más tarde, en una costra. Los especialistas recomiendan no colocar cremas, alcohol ni vendajes y dejar que la piel siga su curso natural. Todo el proceso puede durar entre 2 y 6 semanas y, como resultado, queda una cicatriz pequeña y permanente, característica de esta vacuna.

  • Se considera normal la aparición de enrojecimiento y una leve inflamación local.
  • No es necesario cubrir la zona ni aplicar productos tópicos.
  • La cicatriz final es esperable y no implica complicaciones.

Sin embargo, se aconseja consultar al pediatra si se observa una llaga que no cicatriza, si se inflama de manera notoria un ganglio en la axila derecha o si el bebé presenta fiebre alta, decaimiento u otros signos de malestar general. Ante cualquier duda, el control médico oportuno permite descartar complicaciones y brindar tranquilidad a la familia.

Cuándo se debe postergar la BCG y cómo está la cobertura en el país

Existen algunas situaciones en las que la aplicación de la BCG debe postergarse. Entre ellas, cuando el bebé nace con menos de 2 kilos de peso –en ese caso se espera a que los alcance– o si presenta lesiones importantes en la piel. También se requiere una evaluación médica previa en recién nacidos con defensas bajas o hijos de madres con VIH, para definir el momento más seguro para la inmunización.

Si por algún motivo el bebé no recibió la vacuna al nacer, la recomendación oficial es aplicarla cuanto antes, y puede hacerse en cualquier vacunatorio hasta los 6 años de edad. No es necesario realizar estudios previos de rutina: basta con la evaluación clínica y la indicación del equipo de salud.

De acuerdo con datos del Ministerio de Salud de la Nación, la cobertura de BCG en recién nacidos mostró una recuperación durante 2024: pasó de 73,8% en 2023 a 87,1% este año, lo que representa una mejora después de las caídas registradas en la pospandemia. Aun así, los especialistas insisten en la necesidad de alcanzar y sostener coberturas cercanas al 95% para garantizar la protección comunitaria.

La vacunación con BCG al nacer, sumada a los controles periódicos y a la consulta temprana ante síntomas respiratorios persistentes, se consolida como el primer gran escudo de protección de la salud infantil frente a la tuberculosis.

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