Una joya jurásica en el corazón de Santa Cruz

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Un equipo de especialistas del CONICET y del Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF) dio a conocer el hallazgo de una nueva especie de planta fósil de unos 150 millones de años en el Macizo del Deseado, provincia de Santa Cruz. Bautizada Austrohamia vitrea, la especie pertenece a la familia de las cupresáceas, el grupo que incluye al alerce patagónico o lahuán y a diversos cipreses actuales.
El descubrimiento, publicado en la revista científica American Journal of Botany, llamó la atención de la comunidad paleobotánica internacional por el estado de conservación extraordinario de los fósiles, que permite observar estructuras a nivel celular, algo inusual en restos de esta antigüedad.
Una planta conservada como si estuviera bajo vidrio
El nombre específico “vitrea”, derivado del latín y asociado al vidrio, alude al aspecto translúcido de hojas y ramas preservadas dentro de rocas ricas en sílice. Ese proceso de mineralización generó una suerte de “vitrina natural” que mantiene la anatomía de la planta en tres dimensiones, casi como si se tratara de un organismo actual detenido en el tiempo.
“En los cortes delgados de este tipo de rocas podemos ver células y tejidos con mucha claridad”, explicó Ignacio Escapa, coautor del trabajo. Según el investigador, la fosilización suele destruir o distorsionar la estructura celular original, por lo que el nivel de detalle observado en Austrohamia vitrea constituye un caso excepcional a escala mundial.
Se trata además de la primera especie del género que presenta la anatomía interna conservada en 3D, lo que brinda información clave para reconstruir cómo eran estas plantas y de qué manera se adaptaban a los ambientes del Mesozoico.
Volcanes, aguas termales y la receta de una preservación perfecta
Durante el Jurásico, la región del Macizo del Deseado estuvo marcada por una intensa actividad volcánica y geotermal. En ese escenario, aguas termales cargadas de minerales impregnaron con rapidez los tejidos de hojas y ramas de la planta. La materia orgánica fue reemplazada por sílice y otros minerales, que sellaron su estructura con un nivel de detalle extraordinario.
Gracias a ese proceso, los investigadores pueden identificar tejidos encargados del transporte de agua y nutrientes dentro de la planta, así como estomas, los pequeños poros responsables del intercambio de gases con la atmósfera. Estos rasgos permiten inferir cómo era la fisiología de la especie y qué condiciones ambientales dominaban en esa parte de la Patagonia hace 150 millones de años.
Clave para entender los antiguos bosques patagónicos
- Aporta datos sobre la evolución temprana de las coníferas patagónicas.
- Permite reconstruir la flora y el clima del sur de Gondwana durante el Jurásico.
- Ofrece un caso excepcional de preservación en tres dimensiones de tejidos vegetales.
El hallazgo de Austrohamia vitrea se suma a una larga tradición de estudios paleontológicos en la Patagonia, una de las regiones más ricas del mundo en fósiles de plantas y animales mesozoicos.
Los resultados refuerzan el valor científico del Macizo del Deseado como laboratorio natural para estudiar la historia geológica y biológica de la Patagonia. Para los especialistas, cada nuevo hallazgo no solo completa el rompecabezas de los antiguos bosques del sur, sino que también ayuda a comprender cómo respondieron las plantas a cambios climáticos y ambientales extremos a lo largo de millones de años.

