Cómo identificar y tratar un suelo pélvico debilitado

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El suelo pélvico cumple un rol clave en la salud de mujeres y hombres: sostiene la vejiga, el útero y el recto, interviene en la continencia urinaria y fecal, y participa en la función sexual y reproductiva. Cuando esta red de músculos y ligamentos se debilita, las consecuencias pueden afectar la calidad de vida de manera silenciosa y progresiva.
Entre las manifestaciones más frecuentes de un suelo pélvico debilitado se encuentran la incontinencia urinaria –desde pequeñas pérdidas al reír o toser hasta escapes más abundantes–, prolapsos o “caída” de órganos internos, dolor lumbar persistente y distintas disfunciones sexuales, como dificultad para alcanzar el orgasmo o dolor durante las relaciones.
Especialistas en kinesiología del suelo pélvico, como la licenciada Laura Baroli (M.N. 13.433), advierten que no se trata de un problema exclusivo de la maternidad o la menopausia. Si bien el embarazo, el parto vaginal y los cambios hormonales de la edad son factores de riesgo claros, las disfunciones del suelo pélvico pueden aparecer en cualquier etapa de la vida y también en varones, especialmente cuando existe sobrepeso, estreñimiento crónico o trabajos que implican levantar peso de manera repetida.
Deporte, presión y señales de alerta
Un error frecuente es normalizar la pérdida de orina leve al hacer actividad física, reír, toser o estornudar. Estudios recientes señalan que casi un 30% de las mujeres que practican deportes de alto impacto, como running o disciplinas con saltos repetidos, presenta algún grado de incontinencia. Lejos de ser “algo que pasa”, es un síntoma que indica que el suelo pélvico necesita atención.
Baroli relata que en su consultorio recibe a menudo pacientes que asisten a clases de spinning y refieren fugas de orina inesperadas. La presión constante de la silla de la bicicleta fija sobre el periné –la zona entre el ano y la vulva– puede, con el tiempo, dañar los tejidos y limitar la capacidad de contraer y relajar correctamente la musculatura.
La kinesióloga recomienda realizar pausas breves: ponerse de pie cada 10 a 15 minutos ayuda a aliviar la presión y favorecer el flujo sanguíneo. El ciclismo, el running y entrenamientos intensos como el CrossFit no están prohibidos, pero deben practicarse con supervisión profesional y, de ser necesario, adaptando cargas y técnicas para evitar aumentos bruscos y sostenidos de la presión abdominal.
Tratamientos, ejercicios y cuidados recomendados
El primer paso ante cualquier síntoma es una valoración individualizada del suelo pélvico, para determinar si el problema es de debilidad, de hipertonía (exceso de tensión) o una combinación de ambos. En algunos casos, el hábito de “apretar” todo el tiempo lleva a un músculo fatigado y rígido que también necesita aprender a relajarse, algo que se aborda mediante kinesiología especializada.
Una vez realizado el diagnóstico, los ejercicios de Kegel suelen ser la herramienta de referencia: consisten en contraer y relajar la musculatura del suelo pélvico siguiendo pautas precisas de tiempo, intensidad y repetición. Muchas veces se complementan con dispositivos intracavitarios, como conos vaginales o bolas chinas, que ayudan a tomar conciencia de la zona y reforzar el entrenamiento.
- Consultar siempre con un kinesiólogo especializado antes de iniciar ejercicios específicos.
- Optar por actividades de bajo impacto, como caminar, nadar o practicar yoga, durante la rehabilitación.
- Evitar automedicarse o usar dispositivos sin indicación profesional, ya que no son adecuados para todos los casos.
“Ser mujer o envejecer no debería ser sinónimo de pérdidas de orina ni de dolor pélvico. Con diagnóstico y tratamiento adecuados, se puede disfrutar plenamente de cada etapa de la vida”, enfatiza la kinesióloga Laura Baroli.
Los especialistas coinciden en que cuanto antes se detecten las señales de alerta –pérdidas de orina, sensación de peso en la pelvis, dolor o molestias durante las relaciones–, mejores serán los resultados del tratamiento. Consultar a tiempo y derribar mitos es clave para cuidar el suelo pélvico y, con él, la salud integral.

