La colectividad caboverdiana vive un partido cargado de historia

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La sorpresiva clasificación de Cabo Verde a los dieciseisavos de final del Mundial 2026, donde enfrentará a la Selección argentina, desató una mezcla de orgullo, nostalgia y pertenencia en la comunidad caboverdiana radicada en el país. Lejos de ser una colectividad reciente, su historia está profundamente ligada a los puertos argentinos desde hace más de un siglo.
En barrios y ciudades portuarias como Dock Sud, Ensenada, Berisso, La Boca, Mar del Plata, Bahía Blanca, Rosario y San Nicolás, las sedes de instituciones históricas volvieron a llenarse de banderas azul, rojo y verde. Allí, descendientes de quienes llegaron del archipiélago africano se reúnen para alentar a los Tiburones Azules en su primer Mundial, aun sabiendo que el próximo rival será la Albiceleste de Lionel Messi.
Cabo Verde, país de poco más de medio millón de habitantes, se ganó su boleto a la fase final tras empatar con potencias como España (0-0), Uruguay (2-2) y Arabia Saudita (0-0) en el Grupo H. El cruce frente a Argentina está programado para el viernes 3 de julio en Miami, y será mucho más que un partido para una diáspora que por décadas debió explicar en qué lugar del mapa quedaban sus islas.
Una migración portuaria que lleva más de cien años
La presencia caboverdiana en la Argentina comenzó a fines del siglo XIX y se consolidó desde la década de 1920, con nuevos impulsos entre 1927 y 1933 y en la posguerra. A diferencia de otros procesos de la diáspora africana en América, se trató de una migración voluntaria, impulsada por la pobreza, las sequías, la falta de trabajo y las condiciones duras bajo el dominio colonial portugués. Muchos arribaron con documentación lusa, ya que Cabo Verde fue colonia de Portugal hasta su independencia, declarada el 5 de julio de 1975.
La tradición marinera de los caboverdianos marcó su destino en el país. La posibilidad de conseguir empleo en la Marina Mercante, la Marina de Guerra, la Flota Fluvial Argentina, YPF, los astilleros y la naviera estatal ELMA los fue concentrando en torno a los puertos y polos industriales. Allí trabajaron como marineros, maquinistas, carpinteros navales, mecánicos, electricistas y tripulantes embarcados, configurando una presencia africana visible en las riberas del Río de la Plata y el Atlántico.
Esa matriz portuaria explica el surgimiento de instituciones comunitarias que aún hoy siguen activas. La Asociación Cultural y Deportiva Caboverdeana de Ensenada, fundada en 1927, es considerada una de las entidades más antiguas de la diáspora caboverdiana en el mundo. La Sociedad de Socorros Mutuos Unión Caboverdeana de Dock Sud, creada en 1932, nació para dar contención a los recién llegados, sostener redes de ayuda ante enfermedades, desempleo o fallecimientos y, con el tiempo, se reconvirtió también en un espacio cultural y social.
De la ayuda mutua al orgullo identitario
Con el correr de las décadas, estas instituciones se transformaron en verdaderos centros de memoria. Allí se enseña y preserva el criollo caboverdiano, se celebran las fechas patrias, se organizan peñas, bailes y encuentros, y se cocinan platos típicos como la cachupa, símbolo de una cocina popular que vincula a las islas con la mesa argentina. Las nuevas generaciones, muchas de ellas de tercera, cuarta o quinta generación nacida en el país, combinan esa herencia con un presente plenamente argentino.
Hoy la comunidad caboverdiana incluye abogados, docentes, artistas, trabajadores portuarios, empleados, comerciantes, estudiantes, cuidadores, jubilados y referentes barriales. Para muchos de ellos, la campaña de la selección de Cabo Verde en el Mundial funciona como una revancha simbólica: por primera vez, el país de sus ancestros deja de ser un nombre exótico o desconocido y pasa a estar en el centro de la conversación futbolera y mediática.
En Dock Sud y Ensenada, los festejos por el histórico debut ante España reunieron a más de un centenar de personas con camisetas, tambores, banderas y música del archipiélago. El Mundial se volvió la excusa perfecta para recuperar recetas familiares, escuchar historias de los abuelos marineros y compartir palabras en criollo entre mates y cánticos de cancha.
Figuras emblemáticas y una diáspora que también juega
La historia del vínculo futbolero entre Cabo Verde y Argentina tiene nombres propios. Uno de los más recordados es el de Adriano Custodio Mendes, nacido en Praia y considerado el primer futbolista africano en jugar oficialmente en el país. Mediocampista talentoso, fue campeón con Estudiantes de La Plata en 1983 bajo la dirección técnica de Carlos Salvador Bilardo, y también vistió las camisetas de Temperley, Colón, San Martín de Tucumán y Chacarita, entre otros clubes.
En pleno fervor mundialista, Mendes resumió el sentimiento de la diáspora con una frase que se repite en las sedes comunitarias: “Cabo Verde ya ganó”. Para él, el logro no se mide solo en resultados, sino en haber conseguido que el mundo hable de un país que durante décadas fue prácticamente invisible en el mapa futbolero.
La lista de figuras con raíces caboverdianas se extiende a otras áreas de la cultura argentina. La comunidad recuerda al actor Diego Alonso Gómez, popular por su papel de “El Pollo” en la serie Okupas y sus trabajos en Tumberos, Disputas, La Liga y Cárceles; al actor Luis Medina Castro, de extensa trayectoria en cine y televisión; al cantor y compositor Juan Carlos Cobos; y al ex futbolista José Manuel Ramos Delgado, mundialista con la Selección argentina en 1958 y 1962, además de figura de River y del Santos de Pelé.
Un partido, dos pertenencias
El presente deportivo de Cabo Verde se explica, en buena medida, por su propia diáspora. El plantel que enfrentará a Argentina está integrado por futbolistas nacidos o formados en distintos países europeos —sobre todo Portugal, Países Bajos y Francia— pero con raíces caboverdianas. Esa búsqueda de identidad entre dos orillas se espeja en la experiencia de los descendientes que crecieron escuchando historias de las islas, mientras tomaban mate, seguían al club de sus amores y soñaban con la camiseta celeste y blanca.
Por eso la previa del duelo en Miami se vive con una emotividad particular. Para muchas familias, no se trata de elegir entre un país u otro, sino de celebrar una doble pertenencia. Hay orgullo por ver a los Tiburones Azules medirse con Messi y compañía, pero también una vida entera construida en la Argentina, en sus barrios portuarios y ciudades del interior.
“Para una comunidad que durante décadas tuvo que explicar dónde quedaba Cabo Verde, este Mundial abrió una ventana inesperada”, coinciden los referentes de Dock Sud y Ensenada. El partido ante la Albiceleste, aseguran, será la ocasión para mostrar que la historia caboverdiana también forma parte de la identidad argentina.
En la antesala del cruce mundialista, la colectividad caboverdiana en Argentina siente que ya dio un paso histórico: logró que una historia familiar, obrera, africana y profundamente argentina saliera de los muelles y las sedes barriales para ocupar un lugar propio en la escena global.

