Un 10 de marzo de 2003 partían desde San Nicolás rumbo a Alaska. La idea original de regresar a los seis meses se terminó extendiendo, por el momento, a 19 años. Germán de Córdova y Patricia Fehr, los Amunches, se encuentran hoy en Jalisco (México), haciendo lo que desde el primer día encendió la aventura: interactuar con las comunidades de cada lugar que los encuentra. La tercera pasajera, Inti, se sumó para llenar de felicidad a una experiencia que va mucho más allá del viaje. “Hay muchas maneras de vivir la vida. Nosotros elegimos estar en contacto con otras culturas ancestrales”, cuentan.

De la redacción de EL NORTE
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La aventura de los Amunches cumplió 19 años el viernes último. Partieron de San Nicolás el 10 de marzo de 2003 con un plan de viaje de seis meses, y los ahorros de 10 años. El sueño de la vida nómade era lo que impulsaba a Germán de Córdova y a Patricia Fehr, quienes desde que se conocieron empezaron a cultivar aquello que crecía como una necesidad: convivir con la multiculturalidad americana.
Germán nació un 24 de julio de 1966, Patricia el 3 de septiembre de 1974. Se conocieron cuando ella tenía 16 y él 24. Enseguida proyectaron vivir juntos. Pero antes de dar el paso de la convivencia optaron por probar algo nuevo. “Todos nuestros amigos ahorraron para comprarse una casa, nosotros decidimos invertirlo en un viaje. Tardamos casi diez años en poder organizar la partida”.
Patricia trabajaba en una escuela y Germán en un banco. Renunciaron a todo, se desprendieron de los bienes materiales y salieron. Llenos de ilusiones, el 10 de marzo de 2003 pusieron primera desde la Argentina a bordo de una camioneta Land Rover. “Nos fuimos con algo de plata para los seis meses que teníamos previsto que durara, una carpa para dormir en el techo y un mapa”.
“La idea era recorrer el continente americano en doce meses. Llegamos a Alaska cinco años y medio después, con una panza de 7 meses y a bordo de una camioneta que equipamos con más ilusión que experiencia”, recuerda Patricia. Se los puede seguir a través de Instagram y Facebook, como Amunches.
Luz en el camino
El 20 de noviembre de 2008 una tercera pasajera, Inti, se incorporaba a la aventura que hoy mismo no tiene un destino final, sino infinitos horizontes que se abren al contacto con comunidades nativas que enriquecen las vidas de estos viajeros. “Ser padres no estaba planeado en este viaje. Era uno de los grandes imposibles dentro de esta aventura”, cuenta Patricia.
La menor del clan nació en España y a los pocos meses decidieron volver a la ruta. “Nosotros pensábamos que tener una hija sería incompatible con nuestro viaje. Nos preguntamos ¿por qué no? No hay una sola manera de vivir la vida. Así que lo deseamos, lo planificamos y llegó Inti”.
“Embarcados en una camioneta, improvisamos un camino donde amanecían juntos los sueños y los fracasos. Con los sueños encendimos el fuego y los fracasos fueron la urdimbre de un telar que tejimos con nuevos y viejos colores para abrigarnos del tiempo y de la distancia que nos alejaban cada vez más de quienes fuimos”, sigue.

“Atravesamos desiertos, ríos, subimos a la montaña más alta del mundo junto al mar, bailamos rituales, escuchamos historias de tantas bocas. Cada pueblo fue una nueva partida, un nuevo comienzo”.

Las raíces que crecieron en San Nicolás, entonces, se fueron extendiendo en cada nueva cultura que se visitaba. “Cruzamos fronteras, muchas. Hasta que una de las más grandes vino a despertarnos y a replantearnos que no hay fronteras más grandes que las que uno se crea y cree. Para nosotros era la de pensarnos como familia, viviendo como vivíamos, soñando. Las cosas más intensas suceden con los ojos cerrados”, relata Patricia.

Colectivo familiar
“Con el nacimiento de Inti sentimos la necesidad de construir un nuevo hogar, sobre ruedas, para continuar el camino en familia. Transformamos un clásico autobús escolar en nuestra casa. Hoy la aventura cumplió 19 años. Lo que empezó como un sueño se transformó en un estilo de vida nómade”, aseguran Germán y Patricia.
Empezaron a autofinanciarse con la venta de fotografías, conferencias en escuelas, universidades y empresas. Y la comercialización de un libro de fotografías que resume no solo paisajes bellos sino también los sentires de quienes conectan de manera especial con la tierra que los encuentra.
“Hay muchas maneras de vivir la vida, nosotros elegimos poder estar en contacto con otras culturas ancestrales. Lo pensábamos hacer por seis meses y se extendió a diecinueve años”, afirma Germán.
“Participamos en eventos culturales compartiendo a través de muestras fotográficas itinerantes la diversidad cultural del continente y la naturaleza que los alberga. También concretamos alianzas con marcas que comparten el mismo espíritu del viaje, con quienes hacemos intercambios de productos, servicios y trabajo fotográfico y de publicaciones en redes y revistas”, aseguran.
“Como parte de nuestro compromiso social brindamos talleres y charlas en escuelas de pueblos remotos y de escasos recursos económicos pero que aún conservan una riqueza y cosmovisión acerca del mundo y del cuidado de la tierra. Aquí en estos pueblos originarios es donde nos nutrimos y documentamos en su comunidad para seguir alimentando nuestro conocimiento haciendo un registro fotográfico y recopilación de historias contactando a sus líderes y abuelos”.

