TALLES PARA POCOS: LA ODISEA DE ENCAJAR EN LA ROPA DEL MERCADO

LA ODISEA DE ENCAJAR EN LA ROPA DEL MERCADO

Un estudio de la Unesco reveló la insatisfacción que los argentinos padecen a la hora de acceder a una variedad de talles de indumentaria, algo a lo que los nicoleños no pueden escapar. Más del 70% se sintió excluido por una gran porción de las prendas que le agradaría usar, porque se limitan a talles chicos. EL NORTE dialogó con Lala Pasquinelli, de «Mujeres que no fueron tapa», para conocer el abordaje de los activismos: “Estamos muy lejos de que las marcas y la industria de la moda en argentina reciban algo de todo lo que venimos militando”.

Carolina Mitriani
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Partiendo de la concepción de la vestimenta como un derecho humano, como parte de la dignidad y la expresión, es importante resaltar que su acceso implica cuestiones hasta jurídicas. Tanto es así que en nuestro país –a partir de la lucha de los activistas por la diversidad corporal– se ha emprendido un camino de visibilidad y legislación en pos de permitir que el acceso a la ropa deje de ser un privilegio. Esto, aunque con un orden legal, no es una realidad.  Los nicoleños pueden dar cuenta de eso, sobre todo en los grandes comercios de ropa y en el ámbito femenino, al estar limitados los tamaños de las prendas a los cuerpos que la industria valida.

Ley de talles

Desde el año pasado está reglamentada en Argentina la Ley de Talles (nº 27.521), que establece un sistema único normalizado de identificación de talles de indumentaria (Suniti). La misma parte de la premisa de condecir en las designaciones numéricas o de letras la variedad de cuerpos existentes en el país. Está elaborado sobre la base de un estudio antropométrico nacional, que arrojó las variedades corporales más presentes en el país. Permite indicar a los consumidores, de manera inequívoca, detallada y precisa, las medidas del cuerpo de la persona a la que la prenda está destinada.



Nada único

En San Nicolás, además de no cumplirse la ley, acceder a prendas de vestir acordes a la diversidad corporal resulta todo un desafío. Es frecuente encontrar en los locales indumentaria con distinta numeración y mismo tamaño o imperceptibles diferencias. La violencia del talle único –como si los cuerpos fueran todos iguales– también está presente en las tiendas; sobre todo en las de ropa femenina. Otra cuestión reflejada por los consumidores de la ciudad es la presencia de prendas con numeraciones más altas de las que les corresponde, generando una falsa idea de variedad de talles, cuando en realidad son los mismos, marginando a quienes necesitan unos de mayor tamaño.

Un aspecto positivo es la multiplicación de las “tiendas XXL”, donde se acercan prendas con diseños a la vanguardia de las temporadas. Estos presentan un abanico de opciones para cuerpos que salen de las medidas estandarizadas; aunque una de las barreras de acceso suele estar en precios que exceden el valor de iguales prendas en talles más pequeños. La irrupción de las ferias americanas también ha resultado una vía para los usuarios, que allí encuentran prendas que no obligan a encajar, sino que invitan a disfrutar.



Cárcel de tela

La Unesco elaboró un informe acerca de la experiencia de los argentinos a la hora de acceder a la vestimenta. Esto explica que más del 70% se sintió excluido por una gran porción de las prendas que le agradaría usar, porque se limitan a talles chicos. También revela que el 65.6% ha experimentado sentimientos de desagrado por no “encajar”. A su vez, manifestó que casi el 87% de las personas suelen toparse con el talle único.

En la segregación por género, el 67% de la insatisfacción a la hora de conseguir talles adecuados llega por el sector femenino; mientras que el 33% corresponde a los varones. En lo que respecta a edades, el 78% de los afectados de manera negativa tienen entre 15 y 44 años; el 22% restante llega hasta los 75 años.

Soltar la panza

Durante este verano se desató una campaña movilizadora para conocer una realidad que escapa a los cuerpos de maniquíes y se acerca a los de carne y hueso, esos que recorren las calles argentinas. Pero sobre todo está destinada a aquellos cuerpos que padecen las normas de un sistema que oprime a quien no cumple con los cánones impuestos.



«Hermana, soltá la panza» es una iniciativa que llegó para transformar. A través de las redes sociales de “Mujeres que no fueron tapa”, Lala Pasquinelli invitó a romper las reglas. “Lo que intentamos hacer es hackear esta idea de que llega el verano y todas tenemos que salir corriendo a modificar y transformar nuestros cuerpos, la «operación bikini», el operativo «llegar al verano»”, explicó Lala a EL NORTE.

La activista reflejó que el ideal de belleza que nos rige a las mujeres es encajar en un ideal: “Nos exige tener una apariencia de delgadez extrema, juventud, pieles blancas, cabellos largos y lacios, un cierto nivel de curvas pero no tanto… Y si no encajás ahí, parece que no sos mujer o una buena mujer, una que merezca amor y visibilidad, todas las cosas que se supone nos hacen felices”.

Sobre el problema que aqueja a gran parte de la población, Pasquinelli considera que “estamos muy lejos de que las marcas y la industria de la moda en la Argentina reciban algo de todo lo que venimos militando desde todos los activismos de la diversidad corporal”. A su vez, interpreta a la Ley de Talles como “solo un analgésico”, porque “no hay ninguna política concreta de aplicación ni controles reales. Entonces lo único que puede transformar las cosas son nuestras acciones de denunciar, exponer y hasta escrachar a las marcas que no la cumplan, porque no va a suceder como voluntad”.



También se detuvo a reflexionar sobre los tipos de cuerpos que se publicitan: “Siguen utilizando a modelos que tienen entre 13 y 17 años para vender ropa a mujeres de todas las edades. Son todas hiperdelgadas, blancas, jóvenes, reproduciendo este modelo que deja de lado a la mayoría. Cada tanto ponen a una modelo gorda, como para demostrar que son inclusivos. Pero después no tienen talles para todas”. Esto puede vivenciarse en espacios tales como las carreras de automovilismo y los eventos masivos con presencia de marcas, donde se restringen la promoción y el empleo a personas de cuerpos hegemónicos.

A partir de esto, surgió la campaña que invita a mandar fotos de cuerpos y panzas, a contar historias. “Hay una pedagogía que enseña a modelar nuestros cuerpos. Desde muy pequeñas fuimos educadas para adelgazar, depilarnos, a una determinada forma y gestualidad de sumisión”. Cerca de 11.000 personas participaron, generando debates sobre las cosas que dejamos de hacer y decir por sentir que nuestros cuerpos no encajan en el ideal de belleza.

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