El maltrato en la vejez, una violencia que muchas veces no se ve

NewsITe
En el marco del Día Mundial de Toma de Conciencia sobre el Abuso y Maltrato en la Vejez, especialistas y organizaciones vuelven a poner el foco sobre una problemática que afecta a millones de personas mayores en todo el planeta y que, en muchos casos, permanece oculta. Lejos de limitarse a la agresión física, el maltrato suele expresarse en gestos cotidianos que vulneran la dignidad y la autonomía.
De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada seis personas mayores de 60 años sufrió algún tipo de abuso en entornos comunitarios durante el último año. En instituciones de cuidado de larga estadía, el panorama es aún más preocupante: dos de cada tres trabajadores reconocen haber incurrido en alguna forma de maltrato.
Un informe al que accedió Noticias Argentinas detalla que el abuso puede adoptar formas sutiles, como tomar decisiones sin consultar a la persona, infantilizarla, desoír sus preferencias, restringir su participación en actividades o no respetar sus tiempos y deseos. Todas estas prácticas, aunque muchas veces naturalizadas, implican una vulneración de derechos.
Maltrato naturalizado y pérdida de autonomía
“El maltrato no siempre es intencional. Muchas veces aparece en acciones cotidianas que se encuentran naturalizadas y que terminan afectando la dignidad y la autonomía de las personas mayores”, explicó Gabriela Puerta, licenciada en Trabajo Social del Centro Hirsch. Decidir por ellas, hablarles como si fueran niños o excluirlas de decisiones que afectan su vida son ejemplos frecuentes que los equipos de salud señalan como alarmas.
Entre los factores que incrementan la vulnerabilidad se encuentran el aislamiento social, la dependencia física, el deterioro cognitivo, la presencia de trastornos conductuales, la falta de redes de apoyo y la dependencia económica. En muchos hogares, además, el estrés y la sobrecarga de familiares y cuidadores, sin el acompañamiento adecuado, pueden derivar en conductas inadecuadas.
Contenciones físicas y químicas bajo la lupa
Uno de los aspectos que más inquieta a los profesionales es el uso de sujeciones físicas o químicas para “controlar” conductas o prevenir caídas. Aunque durante años se consideraron recursos habituales en el cuidado, hoy se sabe que pueden generar graves consecuencias físicas y emocionales: mayor agitación, pérdida de autonomía, deterioro funcional, inestabilidad e incluso un aumento del riesgo de caídas y otras complicaciones.
- Riesgo de empeorar la movilidad y la estabilidad de la persona mayor.
- Impacto negativo en la autoestima y en el estado emocional.
- Posible ruptura del vínculo de confianza con cuidadores y familiares.
Por este motivo, los modelos de atención actuales proponen alternativas que prioricen la seguridad sin restringir de manera innecesaria la libertad de movimiento. Se promueven entornos más seguros, acompañamiento personalizado y estrategias de cuidado centradas en la persona, que contemplen su historia, gustos y necesidades.
Promover el buen trato y el respeto a los derechos
“La prevención del maltrato comienza con un cambio de mirada. Necesitamos reconocer a las personas mayores como sujetos de derecho, con capacidad de decidir, participar y continuar construyendo proyectos de vida”, sostuvo Carolina Díaz, directora médica del Centro Hirsch. En esa línea, remarcó que promover su protagonismo y escuchar activamente sus deseos es clave para garantizar el buen trato.
El enfoque de atención centrado en la persona se basa en respetar la individualidad, los tiempos, las preferencias y la historia de vida de cada adulto mayor. Implica incluirlos en las decisiones cotidianas, favorecer su participación en actividades significativas y acompañar su autonomía en la medida de lo posible.
El buen trato hacia las personas mayores no es solo evitar el daño físico: es reconocer su voz, su trayectoria y su derecho a seguir eligiendo cómo vivir.
En un país con una población envejecida en crecimiento, los especialistas insisten en que la sociedad en su conjunto —familias, instituciones, profesionales y Estados— debe asumir el compromiso de visibilizar y erradicar todas las formas de maltrato, incluso aquellas que no dejan marcas visibles.

