Según un informe del Área de Empleo, Distribución e Instituciones Laborales (EDIL) de la UBA, el salario mínimo acumuló una caída real del 39,3% desde noviembre de 2023. El estudio sostiene que el indicador se ubica por debajo de los niveles registrados durante la crisis de 2001 y equivale apenas a un tercio de su máximo histórico.

El salario mínimo, vital y móvil continúa perdiendo capacidad de compra en Argentina y atraviesa uno de los momentos más críticos de las últimas décadas. Así lo señala el último informe elaborado por el Área de Empleo, Distribución e Instituciones Laborales (EDIL), dependiente del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA-Conicet), que analizó la evolución de los ingresos y del empleo formal hasta abril de 2026.
De acuerdo con el trabajo, el poder adquisitivo del salario mínimo cayó un 39,3% entre noviembre de 2023 y abril de 2026. En ese período, los aumentos nominales quedaron sistemáticamente por debajo de la inflación, provocando un deterioro sostenido de su valor real.
El informe indica que el salario mínimo vigente en abril alcanzó los $357.800 mensuales. Sin embargo, medido en términos reales, se encuentra por debajo de los niveles observados antes de la crisis de la convertibilidad y registra una pérdida cercana al 66% respecto de su máximo histórico, alcanzado en septiembre de 2011.
Una referencia cada vez más debilitada
El deterioro del salario mínimo no solo afecta a quienes perciben ingresos vinculados directamente a ese indicador. También repercute sobre jubilaciones, programas sociales, becas y distintos beneficios que utilizan al salario mínimo como referencia legal para determinar requisitos o montos de acceso.
En un estudio citado por Infobae, el economista e investigador de la UBA Ángel Cerra sostuvo que el salario mínimo perdió gran parte de la función para la que fue creado en 1964. Según explicó, originalmente representaba el piso salarial de ingreso al mercado formal de trabajo, pero con el paso de los años fue adquiriendo otros usos vinculados a políticas sociales y previsionales.
El investigador también señaló que actualmente el indicador dejó de funcionar como referencia efectiva para buena parte de los salarios del mercado laboral, ya que numerosas actividades reguladas presentan remuneraciones superiores a ese valor.
Empleo formal: una recuperación que no alcanza
El informe de EDIL también analiza la situación del empleo registrado. Aunque febrero de 2026 mostró una leve recuperación después de nueve meses consecutivos de caída, el mercado laboral formal todavía no logra recuperar los niveles previos al cambio de gobierno.
Según los datos relevados por el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), el empleo asalariado formal total perdió 290.000 puestos de trabajo desde noviembre de 2023. En comparación con febrero de 2025, la caída fue de 106.000 empleos registrados.
La situación resulta aún más marcada en el sector privado. El estudio contabiliza 206.000 puestos menos que en noviembre de 2023 y una reducción interanual de 99.000 trabajadores registrados.
Industria y comercio continúan encabezando las pérdidas de empleo. Solo la actividad manufacturera eliminó cerca de 74.000 puestos desde septiembre de 2023, mientras que el comercio acumula nueve meses consecutivos de retroceso.
Salarios que siguen detrás de los precios
Los investigadores remarcan que el salario mínimo acumuló diez meses consecutivos de pérdida frente a la inflación. Solo entre julio de 2025 y abril de 2026, todos los incrementos otorgados quedaron por debajo de la evolución de los precios.
El relevamiento también muestra que los salarios formales presentan comportamientos dispares. Mientras los ingresos del sector privado retrocedieron frente a la inflación durante marzo, los del sector público registraron una leve recuperación después de varios meses de caída. Sin embargo, ambos continúan por debajo de los niveles de poder adquisitivo que tenían a fines de 2023.
Para los especialistas de la UBA, el panorama refleja una combinación de pérdida salarial y estancamiento del empleo registrado que sigue condicionando el poder de compra de los trabajadores y el consumo interno, pese a que algunos indicadores de actividad económica muestran señales de recuperación.

