Homilía del Obispo: “Los enemigos del cristiano”

HE VENIDO PARA QUE TENGAN VIDA

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Juan (Mt 9, 35-10, 8).

Por monseñor Hugo Norberto Santiago
Obispo de la Diócesis de San Nicolás

«Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión porque estaban fatigados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha”. Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de sanar cualquier enfermedad o dolencia». Palabra del Señor.

El cansancio

En el Evangelio de este domingo Jesús tiene compasión de la multitud que ve cansada y abatida, entonces llama a los apóstoles para apacentarla. Hay un cansancio psicológico y físico que es la fatiga que sentimos luego de un día de trabajo; descansamos en la noche y, al otro día, estamos listos para volver a emprender las tareas habituales. Ese cansancio es normal y se soluciona con el descanso cotidiano. Hay otro cansancio más profundo: el cansancio moral. Se trata del abatimiento que siente una persona que está cansada de luchar por la vida sin obtener resultados evidentes; es el cansancio de un docente que, no obstante los esfuerzos, no logra que sus alumnos aprendan porque están bloqueados por problemas de pobreza, de violencia o de orfandad; es el cansancio de quien es esclavo del alcohol o la droga y no logra salir de la situación, no obstante haberlo intentado en repetidas ocasiones; es el cansancio de quien busca trabajo y no lo encuentra, no obstante haber presentado sus capacitaciones y después de haber golpeado muchas puertas; es el cansancio de quien ha tenido que emigrar de manera forzosa de su país, pierde las esperanzas de volver y no le es fácil integrarse en otro porque no es bien recibido; en fin, es el cansancio de quien ya no le ve sentido a la lucha por la vida, a sus búsquedas e intentos, y está a punto de claudicar.

No es difícil relacionar la alta tasa de suicidios en nuestro país y en Latinoamérica con este cansancio moral.

Jesús percibe la situación, se compadece, se solidariza con ella y por eso llama a los discípulos y les da poder para curar no solo las enfermedades físicas, sino las dolencias y los cansancios del alma, de modo que los que se sienten abatidos recobren las fuerzas, vean un horizonte y no pierdan la esperanza.

La oración por la Patria refleja esta situación de muchos argentinos; por eso, como una pequeña ayuda fraterna para esos hermanos, podemos rezarla para que todos sean integrados en una vida digna y no pierdan la esperanza.

“Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos. Nos sentimos heridos y agobiados. Precisamos tu alivio y fortaleza. Queremos ser nación, una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común. Danos la valentía de la libertad de los hijos de Dios para amar a todos sin excluir a nadie, privilegiando a los pobres y perdonando a los que nos ofenden, aborreciendo el odio y construyendo la paz. Concédenos la sabiduría del diálogo y la alegría de la esperanza que no defrauda. Tú nos convocas. Aquí estamos, Señor, cercanos a María, que desde Luján nos dice: ¡Argentina! ¡Canta y camina! Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos. Amén.

“Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos. Nos sentimos heridos y agobiados. Precisamos tu alivio y fortaleza. Queremos ser nación, una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común. Danos la valentía de la libertad de los hijos de Dios para amar a todos sin excluir a nadie, privilegiando a los pobres y perdonando a los que nos ofenden, aborreciendo el odio y construyendo la paz. Concédenos la sabiduría del diálogo y la alegría de la esperanza que no defrauda. Tú nos convocas. Aquí estamos, Señor, cercanos a María, que desde Luján nos dice. ¡Argentina! ¡Canta y camina! Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos. Amén.

Que Dios te bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Buen domingo.

- Publicidad -
- Publicidad -
- Publicidad -