Un nuevo peritaje de ADN reaviva el caso por el femicidio de Natalia Melmann

Un reciente informe pericial sobre muestras de ADN incorporadas a la causa por el femicidio de Natalia Melmann volvió a sacudir el expediente, a más de 25 años del crimen que marcó para siempre a la ciudad bonaerense de Miramar. El estudio excluye a los policías que eran hasta ahora los principales sospechosos en la búsqueda del llamado “quinto asesino”, por lo que la Justicia deberá redefinir el rumbo de la investigación.
Según el documento, de 28 páginas, al que tuvo acceso la Agencia Noticias Argentinas, los especialistas concluyeron que “no es posible vincular” a ninguno de los siete efectivos policiales analizados “como individuos contribuyentes de los perfiles informados” en las muestras biológicas recolectadas en la escena del crimen y en el cuerpo de la víctima.
Las pericias se realizaron sobre dos hisopados vaginales, un hisopado anal, dos sábanas, un portaobjetos y dos pelos. Todo ese material fue cotejado con la sangre de los policías Hugo Ricardo Morra, Enrique Diez, Carlos Alberto Grillo, Osvaldo Alfredo Sissi, Carlos Darío Meire, José Luis Morillo y Ángel Custodio Sánchez. Ninguno de ellos pudo ser asociado científicamente a los rastros genéticos presentes en las evidencias.
En el trabajo intervinieron peritos del Laboratorio de Análisis Comparativo de ADN de la Dirección General de Asesorías Periciales del Poder Judicial bonaerense. El estudio fue requerido por la Fiscalía Descentralizada de General Alvarado, en el marco de las medidas complementarias que se vienen ordenando para intentar establecer quién fue el quinto partícipe del ataque a la adolescente.
El padre de la víctima, Gustavo Melmann, confirmó que el perito de parte de la familia ya se encuentra analizando los resultados del informe oficial. La querella viene reclamando desde hace años que se profundice la búsqueda de todos los responsables y que no se cierre la investigación hasta identificar a cada uno de los partícipes del hecho.
Un femicidio que dejó una huella imborrable en Miramar
Natalia Melmann tenía 15 años cuando fue secuestrada, violada, torturada y finalmente asesinada en febrero de 2001. Su cuerpo fue hallado bajo un montículo de hojas en el vivero “Florentino Ameghino”, en Miramar. La autopsia determinó que murió asfixiada con el cordón de sus zapatillas y describió un cuadro de extrema violencia: golpes, quemaduras, fracturas y un fuerte traumatismo de cráneo.
Por el caso fueron condenados a prisión perpetua los ex policías bonaerenses Oscar Echenique, Ricardo Anselmini, Ricardo Suárez y Ricardo Panadero, por los delitos de “rapto, abuso sexual con acceso carnal agravado por la pluralidad de personas y homicidio criminis causa”. El ex convicto Gustavo “Gallo” Fernández también fue encontrado culpable: inicialmente recibió 25 años de prisión, aunque su pena fue luego reducida a 10 años por la Cámara de Casación.
La situación de Panadero tuvo un derrotero particular. Había sido absuelto en dos oportunidades por “falta de pruebas”, pero en 2019 la Sala III del Tribunal de Casación Penal provincial anuló esos fallos y ordenó un nuevo juicio. Ese tercer debate oral se concretó en 2023 y concluyó con una condena a reclusión perpetua por “privación ilegal de la libertad agravado, abuso sexual agravado y homicidio doblemente agravado, por el concurso premeditado de dos o más personas y por ser cometido para asegurar la impunidad”.
La incógnita del quinto partícipe y los desafíos de la causa
- El fallo que condenó a los policías y a Fernández ya reconocía la participación de más de cuatro agresores.
- La familia Melmann reclama que se identifique al menos a un quinto responsable directo del femicidio.
- El nuevo peritaje de ADN descarta a siete policías que estaban bajo sospecha.
- La Fiscalía deberá definir nuevas líneas de investigación para avanzar en la autoría restante.
“No vamos a dejar de pelear hasta que estén todos presos”, repite desde hace años Gustavo Melmann, convencido de que aún hay responsables impunes por el crimen de su hija.
Con las nuevas conclusiones periciales, la causa entra en una fase compleja: la exclusión de los sospechosos implica descartar una hipótesis que la Justicia seguía desde hacía tiempo y obliga a revisar el mapa de posibles responsables. Mientras tanto, el caso Melmann continúa siendo un símbolo de reclamo contra la violencia de género y de denuncia de los vínculos entre femicidio, violencia institucional y encubrimiento.

