Del Parakultural a River: la consagración del Indio

Del sótano porteño a los grandes templos del rock nacional

El Indio Solari en su camino del under a los grandes estadios

La historia artística del Indio Solari condensa como pocas el recorrido del rock argentino: desde los sótanos oscuros del Centro Parakultural, emblema del under de los años ’80, hasta los estadios desbordados de hinchas que convirtieron a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en un fenómeno popular sin antecedentes. Ese trayecto no sólo marcó la carrera del enigmático líder, sino que acompañó la transformación de toda una escena cultural.

En plena dictadura militar, el 30 de diciembre de 1978, el histórico sótano de Venezuela 336 —entonces Teatro de la Cortada— fue escenario de una de las primeras presentaciones de Los Redondos. Años más tarde, con la recuperación democrática, el lugar renació como Centro Parakultural y se transformó en un laboratorio de contracultura donde confluyeron músicos, actores, poetas y performers que redefinieron la noche porteña.

Bajo la conducción de Omar Viola y Horacio Gabín, el Parakultural se volvió punto de encuentro de figuras como Batato Barea, Alejandro Urdapilleta, Humberto Tortonese y Luca Prodan. En ese clima de experimentación, la banda de Solari compartía camarines, público y escenario con artistas de vanguardia, dando forma a un universo estético que combinó rock, teatro performático y poesía cargada de metáforas.

Allí también se registró la primera y única entrevista televisiva que el Indio concedió, para el programa “Subterráneos de Buenos Aires”, emitido por ATC. Ese testimonio quedó como un documento excepcional de una etapa en la que el grupo todavía se movía por fuera de los grandes medios y construía, casi en silencio, una mística propia.

Del under a las canchas: el salto a la masividad

El gran quiebre llegó en los ’90, cuando Los Redondos comenzaron a trasladar su poder de convocatoria desde los teatros y estadios cubiertos a las canchas de fútbol. En noviembre de 1993, el Estadio Tomás Adolfo Ducó, de Huracán, fue el escenario del primer gran salto masivo con la presentación del disco doble Lobo Suelto, Cordero Atado. Un año más tarde, la banda regresó al mismo lugar y convocó a más de 80.000 personas en dos funciones.

En diciembre de 1998, el Estadio Presidente Perón de Racing Club recibió la presentación de Último Bondi a Finisterre, un álbum de impronta más experimental y con fuerte presencia de sonidos electrónicos que no afectó el fervor de su público. La apoteosis llegó en abril de 2000, con dos noches en el Estadio Monumental de River Plate que reunieron a más de 140.000 personas y quedaron inscriptas en la historia grande del rock nacional.

  • Debut en canchas de fútbol: Huracán, 1993, con Lobo Suelto, Cordero Atado.
  • Salto experimental: Racing, 1998, con Último Bondi a Finisterre.
  • Consagración: River, 2000, con el mítico “pogo más grande del mundo”.
  • Última gran escala con Los Redondos: Estadio Centenario de Montevideo, 2001.

Fue justamente en el cierre del segundo show en River cuando Solari lanzó la frase que se volvería un ícono cultural: “Vamos a hacer lo que la prensa ha dado en llamar el pogo más grande del mundo”. Segundos después, miles de cuerpos saltando al ritmo de “Ji ji ji” dibujaron una postal que aún hoy se replica en remeras, murales y recuerdos de varias generaciones.

La mística de las «misas ricoteras»

Los recitales de Los Redondos desbordaron desde temprano el formato tradicional de concierto. Días antes de cada función, las ciudades elegidas comenzaban a poblarse de banderas y peregrinos ricoteros que llegaban desde distintos puntos del país. Los alrededores de los estadios se convertían en campamentos improvisados, con fogones, puestos de comida, música y una liturgia propia.

Esa construcción colectiva dio origen a las célebres “misas ricoteras”, nombre con el que los fans bautizaron unos encuentros que tenían algo de ceremonia pagana y popular. Años más tarde, ya en la etapa solista de Solari y con el Estadio Ciudad de La Plata como base, los sismógrafos registraron picos coincidentes con la interpretación de “Ji ji ji”, producto de miles de personas saltando al unísono.

Del oscuro sótano del Parakultural a los estadios colmados de River, Racing, Huracán y el Centenario, la obra del Indio Solari trazó el camino de una banda nacida en el under que terminó convertida en uno de los fenómenos culturales más grandes de la música argentina.

La separación de Los Redondos, tras la presentación de Momo Sampler en el Estadio Centenario de Montevideo en 2001, no hizo más que reforzar el mito. Hoy, cada repaso por la vida artística de Solari vuelve sobre ese recorrido único que une contracultura, masividad y una relación con el público que sigue escribiendo capítulos en la memoria colectiva.

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