Fujimori y Sánchez cierran campañas rumbo al balotaje

Con un clima de fuerte polarización política y social, Perú entra en las últimas horas antes de la segunda vuelta presidencial. Keiko Fujimori, referente de la derecha, y Roberto Sánchez, candidato de la izquierda, cerraron sus campañas en Lima y en el interior del país, respectivamente, a la espera de un resultado que se anticipa muy ajustado.
De acuerdo con sondeos citados por medios internacionales, Fujimori muestra una amplia ventaja en la capital peruana, mientras que Sánchez se impone con claridad en las regiones andinas y en amplios sectores del interior. Ese desbalance territorial alimenta la posibilidad de un “empate técnico” en el escrutinio final, lo que presagia una noche electoral tensa y con final abierto.
En su acto de cierre en Lima, Keiko Fujimori reivindicó la figura de su padre, el fallecido expresidente Alberto Fujimori, condenado por delitos de corrupción y crímenes de lesa humanidad. Lejos de tomar distancia de ese pasado, la postulante afirmó que aspira a gobernar con la misma “mano dura” contra la delincuencia y con la promesa de instaurar “orden y progreso” como ejes de su gestión.
La candidata atribuyó el “caos” y el “retroceso” institucional de los últimos años a sus adversarios políticos, y focalizó su mensaje final en los electores indecisos. Su estrategia apunta a capitalizar el malestar por la inestabilidad crónica que atraviesa el país desde hace más de un lustro, con sucesivos presidentes destituidos o renunciantes.
La apuesta de Sánchez: indulto a Castillo y justicia social
Desde el otro extremo del espectro político, Roberto Sánchez construyó su cierre de campaña sobre la memoria reciente del expresidente Pedro Castillo, destituido y encarcelado tras su intento fallido de cerrar el Congreso que impulsaba su remoción. Sánchez prometió indultarlo en caso de llegar al poder, y se presentó como “la voz de los excluidos y los pobres”.
El postulante cuestionó de manera directa al fujimorismo, al que acusó de autoritario y vinculado a una larga historia de corrupción. En su discurso, aseguró que, de imponerse en el balotaje, el país recuperará la plena división de poderes y fortalecerá las instituciones democráticas, en contraste con los antecedentes del régimen de Alberto Fujimori en los años ’90.
Entre sus principales ejes de gobierno, Sánchez prometió profundizar las políticas de justicia social, ampliar los derechos de los sectores históricamente postergados y llevar adelante una lucha “frontal” contra la corrupción, uno de los problemas estructurales que atraviesa a la política peruana desde hace décadas.
Un país en vilo a la espera del resultado
Más de 27 millones de ciudadanos peruanos están habilitados para votar este domingo. La primera vuelta se realizó el 12 de abril y estuvo marcada por la fragmentación del voto y las demoras en la difusión de los resultados oficiales, que se conocieron más de un mes después. Ese antecedente alimenta la expectativa sobre cómo será el escrutinio en esta segunda instancia.
- Fuerte polarización entre continuidad del fujimorismo y una alternativa de izquierda.
- Ventaja de Fujimori en Lima y de Sánchez en el interior y las zonas andinas.
- Promesa de indulto a Pedro Castillo como uno de los puntos más controvertidos del debate.
- Incertidumbre por la posibilidad de un resultado muy ajustado y discusiones poselectorales.
“Seremos la voz de los excluidos y los pobres”, afirmó Roberto Sánchez, mientras Keiko Fujimori prometió “mano dura” contra el delito y reivindicó el legado de su padre.
Con la memoria fresca de los últimos años de crisis institucional, escándalos y cambios constantes en la Casa de Pizarro, Perú se prepara para una nueva definición en las urnas. El desenlace del balotaje no sólo determinará quién gobernará el país, sino también qué rumbo tomará una sociedad atravesada por la desconfianza y la demanda de estabilidad.

