En Argentina se estiman 11.000 casos nuevos por año. Especialistas remarcan que el análisis de PSA permite detectar el cáncer de próstata en etapas iniciales, cuando existen mayores posibilidades de curación y menos secuelas para los pacientes.

Este 11 de junio se conmemora el Día Mundial del Cáncer de Próstata, una fecha destinada a visibilizar una enfermedad oncológica que registra unos 11.000 casos nuevos por año en Argentina. Uno de cada ocho varones recibirá este diagnóstico a lo largo de su vida, por lo que los especialistas remarcan la importancia de los controles para detectarla a tiempo.
El cáncer de próstata es el tumor que más afecta a los varones en todo el mundo. Se trata de una enfermedad silenciosa, que no presenta síntomas hasta llegar a etapas avanzadas. Por ese motivo, los métodos de screening ocupan un rol central para identificar la patología cuando todavía no se extendió a otros órganos.
“El control fundamental recomendado es hacerse un PSA o antígeno prostático específico a partir de los 50 años de edad. Se trata de un simple análisis de sangre. Si la persona tiene familiares que han padecido cáncer de próstata, hay que empezar en una edad más temprana; en general diez años antes del caso más joven diagnosticado en la familia”, planteó el doctor Juan Sade, oncólogo clínico y jefe de la Unidad Genitourinaria del Instituto Alexander Fleming.
El PSA se consolidó como una herramienta clave para urólogos y oncólogos. En la actualidad, permite realizar el diagnóstico precoz, hacer un seguimiento más efectivo de los casos y definir el tratamiento más adecuado. Además, representa una alternativa menos invasiva frente a otros métodos tradicionales que, en algunos casos, generaban rechazo y postergaban los controles.
“En los últimos años se ha generado un importante debate en torno al papel del tacto rectal en la detección precoz del cáncer de próstata. La evidencia más reciente ha cuestionado su utilidad como herramienta de tamizaje aislada, lo que ha llevado a que sociedades científicas reduzcan su protagonismo en este contexto. Actualmente, su papel dentro de las estrategias de detección temprana es objeto de revisión, con una tendencia creciente a priorizar herramientas basadas en biomarcadores y métodos de evaluación más precisos, como las imágenes de última generación. Aun así, la adopción de estos cambios ha sido variable en la práctica cotidiana”, afirmó el urólogo Gustavo Villoldo, subjefe del Servicio de Urología del Instituto Alexander Fleming.
La edad, un factor de riesgo clave
El riesgo de padecer cáncer de próstata aumenta con la edad. En la población general, sin antecedentes familiares, los estudios de diagnóstico precoz están indicados desde los 50 años. La edad promedio de diagnóstico es de 66 años, aunque esa media se está desplazando por la mayor expectativa de vida de los pacientes y se acerca cada vez más a los 70 años.
Aunque uno de cada ocho hombres será diagnosticado con cáncer de próstata, los datos de mortalidad muestran otra dimensión de la enfermedad. “Si bien uno de cada ocho hombres va a ser diagnosticado con cáncer de próstata, apenas uno en 50 va a morir por la enfermedad. Esto significa que es un cáncer mucho más diagnosticado de lo que ocasiona la muerte. Si bien figura número uno en incidencia en varones, en mortalidad está muy por debajo y es superado por otros como el cáncer de pulmón, el cáncer de colon, el cáncer de riñón y otros tumores”, aclaró Sade.
Esa situación también incide en la estrategia terapéutica. Muchos pacientes diagnosticados se curan y un grupo significativo no requiere tratamiento inicial. En esos casos, los equipos médicos pueden aplicar vigilancia activa, una estrategia destinada a tumores de bajo riesgo que no ocasionarán muerte ni metástasis y que pueden permanecer bajo seguimiento médico.
Tratamientos para el cáncer de próstata
“Hay distintos tratamientos para el cáncer localizado, que es el curable. Los más establecidos son la cirugía y la radioterapia. Los avances tecnológicos han permitido que la intervención quirúrgica hoy sea mínimamente invasiva. El mejor ejemplo es la cirugía robótica, que cada vez cobra más fuerza en Argentina y ya es un estándar en los países más desarrollados, a partir de la utilización de distintos tipos de robots para operar la próstata que minimizan las secuelas”, explicó Sade.
En radioterapia, los últimos desarrollos permitieron aumentar la dosis y reducir la cantidad de sesiones. De esa manera, los tratamientos son más cortos, la irradiación resulta más precisa y se protegen mejor los órganos vecinos, como la vejiga y el recto. Esto también disminuye los efectos secundarios.
“Una tercera alternativa que cobra cada vez más fuerza en casos muy bien seleccionados es el tratamiento focal. Uno de ellos, disponible en Argentina, es el HIFU o ultrasonido de alta frecuencia, y la crioterapia. Lo fundamental aquí es elegir los pacientes indicados para que se beneficien con esta opción. Lo que hacen estos tratamientos focales es tratar la porción de la glándula en donde asienta el cáncer y no toda la glándula, con el objetivo de minimizar las secuelas en la esfera sexual para el paciente”, agregó el oncólogo clínico del Instituto Alexander Fleming.
Más de 11 mil casos nuevos por año en Argentina
El cáncer de próstata es el tumor más frecuente en hombres en Argentina. Al igual que el cáncer de mama en las mujeres, es una enfermedad hormona-dependiente, ya que necesita testosterona para crecer. Aunque el país no cuenta con un registro estandarizado, se estima que se producen 11.000 casos nuevos todos los años y que la incidencia se mantiene estable según las tendencias globales.
“La detección temprana es de gran importancia porque aumenta las tasas de curación y también permite disminuir las secuelas de los tratamientos. Como sucede con la mayoría de los tumores, cuanto más pequeños y más localizados en el órgano que le da origen se encuentren, más fáciles van a ser de tratar y menos secuelas van a dejar para el paciente”, remarcó Sade.
El especialista también destacó que el cáncer de próstata no da síntomas y que no existen medidas para prevenirlo. “Este tumor sucede habitualmente en la zona periférica de la glándula prostática. Por lo tanto, ni siquiera produce síntomas obstructivos, que son generados por la hiperplasia o agrandamiento benigno de la próstata que sucede en la zona central de la glándula, apretando la uretra. Esto hace que no haya que prestar atención a ningún síntoma y que uno tenga que hacer sus estudios y controles a pesar de no tener ninguna señal que se pueda asociar a este tipo de tumores. Cuando da síntomas, es tarde. Son manifestaciones de que la enfermedad se extendió a órganos vecinos como la vejiga o al recto, a los huesos o a los ganglios”, concluyó.

