El desafío de cuidar la salud más allá del tumor

NewsITe
Los avances en el diagnóstico precoz y en los tratamientos oncológicos de última generación permiten que cada vez más personas vivan más y mejor después de un cáncer. Sin embargo, especialistas advierten que la enfermedad y sus terapias dejan con frecuencia un “segundo capítulo” menos visible: secuelas físicas y nutricionales que pueden acompañar al paciente durante meses o años.
En nuestro país, diversas investigaciones estiman que hasta 8 de cada 10 pacientes con cáncer presentan algún grado de malnutrición a lo largo del tratamiento. Fatiga persistente, pérdida de masa muscular, alteraciones digestivas, cambios en el metabolismo, debilidad generalizada y dificultades para mantener una alimentación adecuada son parte de un cuadro que impacta de lleno en la calidad de vida.
Desde la Asociación Civil SOSTÉN insisten en la necesidad de hablar de un #TratamientoCompleto, que abarque no solo el control del tumor, sino también el cuidado nutricional, la rehabilitación física y el acompañamiento emocional. Pacientes que inician la terapia bien nutridos tienen más chances de responder mejor a la quimioterapia o radioterapia, de tolerar las intervenciones y de sostener su autonomía cotidiana. No obstante, se calcula que cerca de la mitad ya llega a la primera consulta oncológica con deficiencias nutricionales.
La pérdida de masa muscular, una secuela silenciosa
El cáncer, a través de procesos inflamatorios sistémicos, y sus tratamientos –como quimioterapia, inmunoterapia, radioterapia o cirugías extensas– pueden provocar náuseas, diarrea, alteraciones del gusto, mucositis y falta de apetito. Todo esto dificulta la alimentación y pone en riesgo el estado nutricional, aun cuando la balanza no marque una gran baja de peso.
Una de las complicaciones más frecuentes es la pérdida de masa muscular. Inclusive personas con peso aparentemente normal pueden esconder un deterioro muscular importante, asociado con mayor riesgo de internaciones, infecciones, caídas, limitaciones para las tareas diarias y pérdida de independencia.
- Fatiga y cansancio extremo, que muchas veces se naturalizan como “parte del tratamiento”.
- Fragilidad física, con pérdida de fuerza y menor tolerancia al esfuerzo.
- Dificultad para alimentarse, ya sea por dolor, falta de apetito o molestias digestivas.
- Impacto emocional, al ver afectadas la rutina, los vínculos y los proyectos personales.
Acompañamiento integral y detección temprana
“Muchas personas atraviesan el tratamiento oncológico lidiando con un desgaste físico muy importante que no siempre se visibiliza. El cansancio extremo, la pérdida de fuerza o las dificultades para alimentarse afectan profundamente la vida cotidiana y pueden limitar la autonomía si no se acompañan de manera adecuada”, explicó la licenciada en Nutrición Agustina Senese, jefa de Cuidados Paliativos del Hospital “Dr. Cosme Argerich” y coordinadora del área de Nutrición de SOSTÉN.
En la misma línea, María Alejandra Iglesias, presidenta de la asociación, remarcó que hablar de tratamiento completo implica incorporar desde el diagnóstico la valoración nutricional, la planificación de actividad física adaptada, la atención psicológica y el armado de redes de apoyo. El objetivo es prevenir o atenuar las secuelas, mejorar la fuerza física y favorecer una mejor evolución clínica y personal.
“El cuidado oncológico va más allá del control de la enfermedad. Es indispensable acompañar la alimentación, la energía física, la movilidad, las emociones y la calidad de vida de cada persona”, subrayó Iglesias.
Desde SOSTÉN señalan que muchas de estas complicaciones se aceptan erróneamente como inevitables, lo que retrasa la consulta. Por eso, instan a pacientes, familias y equipos de salud a poner el foco en la nutrición y en la rehabilitación como pilares del abordaje oncológico, para que superar el cáncer no signifique convivir con secuelas que podrían prevenirse o tratarse a tiempo.

